La víctima ridiculizada

Colombia 

Clara Rojas fue secuestrada por las FARC junto con la candidata presidencial Ingrid Betancourt, y liberada en 2008. Recientemente, la organización armada publicó una carta en la que negaba su condición de víctima y se burlaba de otros cautivos. En esta entrevista, la abogada cuenta cómo se sintió con las descalificaciones y recuerda los seis años con sus captores. 

El Tiempo

Maria Isabel Rueda- El Tiempo (Colombia) 

La representante dice por qué ya no iría a Cuba, aunque inexplicablemente no ha sido invitada.

-Recientemente las Farc, en una carta, la emprendieron contra usted, Ingrid Betancourt y el general Luis Mendieta, ridiculizándolos a todos. ¿Qué tan herida está?

-Me siento afectada fuertemente.

-Las Farc no solo la ridiculizan sino que, aunque la tuvieron secuestrada seis años, dicen que no tiene derecho a presentarse como víctima, lo cual Humberto de la Calle califica enérgicamente como ‘una afirmación denigrante’. ¿Eso no es exactamente lo que se llama revictimización?

-Sí, así es, totalmente. Vengo haciendo un ejercicio del perdón, de superar, de pasar la página. Nunca pensé ser objeto de esta situación, y menos en medio del proceso de paz que he apoyado con toda firmeza.

-Precisamente en el capítulo de víctimas de la agenda de negociación, las Farc salen a enrostrarle que fue tanto lo que ‘Clara Rojas insistió (en acompañar a Ingrid), que terminó quedándose’. Como si usted se hubiera quedado secuestrada a voluntad, por tener un gesto de lealtad con una amiga…

-El gesto que hice de preocuparme por Ingrid no significa que yo voluntariamente hubiera pedido que me secuestraran. Es más, como a la semana, Ingrid me propuso que planeáramos a ver cómo nos íbamos a escapar juntas. Fue muy dramático porque no lo logramos, pero el castigo también fue feroz. Nos encadenaron. Ellos aquí lo niegan. Ese creo que fue el momento en que comenzaron a fracturarse las relaciones.

-La carta de las Farc asegura con todo cinismo que aunque su secuestro y el de Ingrid no transcurrió en ‘hotel de cinco estrellas’, sí en situaciones medianamente cómodas, porque les daban res, cerdo, gallina y pato…

-Hágame el favor. Encadenadas a un árbol, a las dos nos tenían en un camastro, nos tocaba pedir permiso para poder ir al baño, lo más ofensivo que puede haber, y me acuerdo que sentía una angustia enorme porque llovía y llovía y en la selva eso es muy duro porque uno siente que se viene el río y que se va a morir ahogado. Fueron momentos muy dramáticos para las dos. Es más, dejamos de comer, en rebeldía, y entramos ambas en una depresión muy fuerte.

Pues las Farc también se burlan de eso. Dicen que no hubo tal huelga de hambre, que solo aguantaron dos días ‘pero que comían a escondidas de lo que guardaban de reserva’…

-Sí, es horrible que se burlen de esa manera. Nosotras sí dejamos de comer. Pero ellos tenían que mantenernos vivas, y luego de muchos días, casi de un mes, cuando vieron que eso iba en serio, vinieron y nos quitaron las cadenas de los pies y nos aliviaron un poco la situación. Desde ahí no volvimos a pedirles nada, entramos en un mutismo. Después nos separaron.

-Usted encabezaba la Comisión de Paz del Congreso y a raíz de este incidente ha renunciado. ¿Lo reconsideraría, a pesar de esta nueva canallada de las Farc?

-Por ahora no me parece que tenga ningún sentido. La Comisión de Paz debe buscar todos los medios para que este proceso sea ambientado, preparar el referendo popular y obviamente tenemos que estar muy convencidos de que la paz es viable. Soy la primera en pensar que eso es así. Pero si soy objeto directo de estos ataques, ¿cuál es la bandera que voy a alzar? Es más, la gente me va a decir: “Pero Clara ¿usted qué está haciendo? La han denigrado, la están atacando y no le están reconociendo no solo su condición de víctima, sino de persona, de mujer”.

-¿Dónde están todas las feministas que defienden, con toda razón, los derechos de la mujer y el respeto por su condición de madre? Pero, más aún, ¿dónde están las voces de sus compañeras y compañeros de secuestro?

-Sí, han faltado muchas voces que hubiera querido oír. Trato de no ser crítica con los amigos, ni más faltaba, pero obviamente me han hecho falta esas voces, claro.

-Usted fue muy reservada en su libro acerca de las condiciones de su embarazo. El país se lo respetó por ser su vida privada. Pero ahora las Farc vienen a decir, en lugar de pedir perdón, que es en lo que deberían estar, que Clara Rojas, secuestrada, totalmente privada de su libre albedrío, sometida, encadenada, amarrada, maltratada, ‘se entregó a un guerrillero por su libre voluntad’. ¿Ese no es el colmo del irrespeto?

-Sí. Comienzan por negar la circunstancia del secuestro, de mi privación de la libertad, que es por lo que estoy ahí, en esa situación, y por lo cual sucede toda esta historia.

-¿No será que en la burla, las Farc incluyen la indirecta de que usted tuvo la opción de abortar y no lo hizo?

-Eso no tienen ningún derecho de cobrármelo.

-Todos sabemos que a las mujeres de las Farc las obligan a abortar. ¿A usted llegaron a presionarla para eso?

-No. Cuando me di cuenta de que estaba embarazada, ‘Martín Sombra’ solo me dijo: “Vamos a tratar de salvar su vida”, porque yo ya estaba en el quinto mes de embarazo. Me encontraba muy delgada y muy deprimida y le dije: “¿Cómo voy a afrontar esto?”. Él salió diciendo: “Aquí hay hasta mujeres que tienen 50 años y han sido madres”, como dándome fuerza. Pero la persona que salió a describir que toda esa situación fue voluntaria, (supuestamente Diana, compañera sentimental de un jefe guerrillero del Bloque Oriental) lo hizo a ciencia y conciencia. Las versiones publicadas son recogidas de oídas, son las que allá les cuentan a su propia gente, pero obviamente alguien dio la orden de escribir eso.

-Las Farc, desde La Habana medio trataron de rectificar, diciendo que la carta contenía apenas ‘opiniones de una combatiente’ y que no están pretendiendo descalificarla a usted como víctima…

-Ellos aún no han reconocido que yo fui su víctima. ¿Dónde, cuándo y con qué palabras lo han hecho? Simplemente dijeron: “Fue una libre narración de una guerrillera” sobre sus vivencias en la selva conmigo. Lo tomo como una amenaza. Si es alguien de la selva, me sigue persiguiendo y revictimizando. Igual, al momento de dar esta entrevista, todavía mantienen el escrito publicado en la web. ¿Entonces, cuál retractación?

-Ahora que a usted le ha sucedido todo esto, que es como volver a repetir la pesadilla, ¿le parecen claras las reglas de juego que operan en La Habana con respecto a las víctimas?

-No están claras. Hace falta pintar la línea de la cancha de tenis. No tenemos claro cómo es el trato para las víctimas ni en qué momento ni para qué. Ojalá mi caso diera para generar esa discusión y garantizar el mayor ambiente de respeto hacia las personas, porque no se trata de que nos pongan a sufrir más de lo que ya hemos sufrido.

-Estamos en una etapa en la que las víctimas de las Farc deben sentirse resarcidas, porque les están pidiendo excusas con arrepentimiento por los delitos a los que las sometieron. ¿Usted ha sentido alguna de esas cosas?

-No, para nada. Y me preocupa que lo de las víctimas venga siendo a puerta cerrada. Eso es negativo para todo el mundo. Las víctimas no solo so
mos las que lo hemos sido en carne propia, sino indirectamente también nuestras familias y todos los colombianos que sienten dolor de país a causa de todo lo que se ha vivido. De manera que si estos encuentros se estuvieran haciendo con un protocolo abierto para que todo el país se entere de cómo realmente trascurren esos encuentros, y si efectivamente hay una solicitud de perdón, se estaría cumpliendo a cabalidad con el capítulo del resarcimiento a las víctimas.

-Algunas víctimas atestiguan que les pidieron excusas en un pasillo, pero no por los crímenes, sino por las equivocaciones cometidas…

-¿Cómo va a ocurrir eso en un pasillo? Debería haber una declaración formal de arrepentimiento, no solo hacia las víctimas directas y sus familias, sino hacia el país. Y el compromiso sincero de que nada de eso va a volver a ocurrir.

-¿A usted la han invitado a ir a La Habana?

-No, nunca, para nada.

-¿Por qué cree que no?

-No tengo idea. Habría que preguntar.

-¿Le gustaría que la invitaran?

-Fui elegida congresista, y mi función es abrir espacios. Hoy soy libre, veo crecer a mi hijo, pero quedan cientos de personas que todavía tienen a sus hijos secuestrados, o desaparecidos, o saben que están muertos pero no han podido recuperar sus restos. De pronto ellas tienen más preguntas que yo para ir a hacer en La Habana. Allí tendrían un espacio, una última posibilidad de encontrar respuestas que les ayuden a curar su dolor.

-Las Farc aseguran que es una mentira que ellas hayan presionado para impedir que usted vaya a La Habana. El hecho es que no la han invitado, porque de pronto resulta demasiado vistosa, y eso no conviene a ciertos intereses. ¿Si mañana la invitan a La Habana, iría?

-Después del reciente incidente, la sana lógica indica que uno no va a donde solo espera que lo maltraten. Lo último que han hecho conmigo, más que una infamia, que una calumnia, raya en la persecución, en el hostigamiento. Por eso le mandé un trino a ‘Ivan Márquez’ y le dije: “El daño ya está hecho”.

-Una última pregunta. Otra víctima de las Farc que podríamos considerar revictimizada por ellas en la carta es el general Luis Mendieta. Se burlan de él diciendo que era incapaz de marchar en la selva y que por eso “lloraba como mujer lo que no podía hacer como hombre”.

-Mire, estuve secuestrada cerca de él por lo menos tres años y nunca lo vi llorar.

-¿Y qué tendría de malo que el general Mendieta hubiera llorado? ¿Acaso no tiene derecho de hacerlo una persona privada de su libertad, lejos de sus seres queridos, encadenado, maltratado, humillado en su honor militar?

-Desde luego. Es una reacción totalmente humana. También tenía derecho de hacerlo. Pero si le digo que nunca lo vi llorar fue porque no lo vi. No hay derecho de que a estas alturas las Farc lo estén humillando de esa manera. Él estuvo casi 14 años encadenado, enfermo, sin medicinas, en unas situaciones bastante dramáticas, las mismas por las cuales murió el capitán Guevara. De chepa se salvó el general Mendieta. Las Farc rayan en la total inhumanidad. Así no están contribuyendo con la reconciliación. Si están inconformes, que se lo digan al Gobierno. Pero que no la emprendan otra vez con sus víctimas.

 

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