No a los linchamientos

El Salvador

Es lógico que la criminalidad del país duela, pero no por eso la sociedad debe deshumanizarse. No hay que combatir la violencia con más violencia. La justicia por mano propia debe ser desenmascarada porque es el rostro que adopta el fascismo aquí y ahora. Hay que frenar la ideología reaccionaria, que cuenta con el apoyo de los medios, los grupos criminales y los sectores empresariales. 

Carlos Molina Velásquez- Contrapunto (El Salvador) 

Incluso frente a la violencia más atroz, tenemos el deber de conservar la cabeza fría y los principios claros. Son nuestras razones —no los sentimientos— las que podemos evaluar moral y políticamente. La criminalidad duele y a unos más que a otros, pero eso no justifica el abandono de la razón, la justicia o la dignidad humana. El ojo por ojo y los llamados a la violencia ilegítima deben ser desenmascarados como el rostro que adopta el fascismo aquí y ahora. Y si bien no es raro que la derecha salvadoreña descubra sus entrañas autoritarias en las situaciones de crisis, es preocupante que su ideología reaccionaria vaya cobrando cada vez más adeptos.

Precisamente porque la violencia es terrible, debemos ser refinados en nuestros análisis, sin dejarnos confundir por quienes proponen salidas simples a problemas complejos. En realidad, dichas «soluciones» no solo son simplistas, sino también interesadamente turbias: están matando policías, los civiles que mueren son gente pobre, no parece haber grandes empresarios siendo extorsionados… ¿No nos dice nada todo esto?

No hace falta mucha ciencia para identificar a quienes se benefician del caos: la derecha política, los grupos criminales y los sectores empresariales que los respaldan. Estos han orquestado y estimulado un ataque que cuenta con el apoyo de los medios de comunicación, que se esmeran en convencernos de que las masacres comenzaron con la llegada del FMLN al gobierno, en el 2009. No importa que dichos medios guarden un vergonzoso silencio sobre el fracaso de las «manos duras» del partido ARENA: en esta guerra de desinformación van ganando.

» La criminalidad duele y a unos más que a otros, pero eso no justifica el abandono de la razón, la justicia o la dignidad humana. El ojo por ojo y los llamados a la violencia ilegítima deben ser desenmascarados como el rostro que adopta el fascismo aquí y ahora «

El Gobierno y el FMLN también son responsables, aun si no obtienen algún beneficio de ello. Sean cuales sean los orígenes de la miseria social que vivimos, deben actuar con justicia y eficacia. No se puede apoyar «manos duras» o acciones propias de sicarios apelando a la debilidad de la PNC o a la corrupción en el sistema judicial. La organización de las comunidades y la educación ciudadana son esenciales para encontrar soluciones realistas, humanas y seguras. También lo es el fomento del diálogo entre los diversos sectores involucrados, las maras incluidas. Cualquier otra cosa va a fracasar, que no nos quepa duda.

Aun así, nada de eso funcionará si el presidente, los ministros y las cúpulas partidarias no establecen una auténtica comunicación con las mayorías populares, y dejan de ver a los salvadoreños como meros votantes y tributarios. En el fondo, no es muy diferente de verlos «como un montón de espaldas que corrían para allá», como escribiera hace años Roque Dalton, algo tan condenable como los gritos que exigen grupos de exterminio o el regreso de la Guardia Nacional.

La violencia puede arrebatarnos la vida, pero también corremos el riesgo de ser empujados a la deshumanización. Roque escribió: «No olvides nunca que los menos fascistas de entre los fascistas también son fascistas». Rabiosa desesperanza fascista originada en el dolor y la impotencia, pero fascista en fin.

 

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