Etimologías de un sueño compartido

Argentina
Roberto Mero

Existen algunas discusiones sobre si corresponde o no hablar de resistencia estando en democracia, si es el término más apropiado. De lo que se trata es de estar dispuesto a mantenerse firme, a persistir, a oponerse sin perder el puesto, a estar en pie. Vale la etimología para aclarar que el pueblo estará allí, dedos en V y Marcha Peronista en la garganta, haciéndole el aguante a Scioli.

Simpatizantes de Scioli durante una movilización - Foto: Archivo

Roberto Mero*- Latinoamérica Piensa

Veía esta mañana un video mal filmado pero inquietante, turbulento. Una reunión de Resistiendo con Aguante del viernes pasado, donde una verdadera multitud en medio de la noche rimaba como podía la Marcha Peronista siguiendo la voz inolvidable de Hugo del Carril. Veía yo esos dedos en V, creados allá por el 73, cuando la mayoría de esos muchachos ni siquiera estaban en los sueños. Escuchaba esa canción, creada cuando ni siquiera los padres de esas chicas habían nacido. Y me preguntaba por aquellas coincidencias entre los símbolos y la historia de un pueblo que los hacen suyos para siempre. ¡Qué sé yo si había una tabla de peronología en ese encuentro! ¡Vaya a saber cuántos alguna vez entraron en una unidad básica! Pero los dedos en V y la Marcha Peronista estaban ahí, reventando la noche, banderas desplegadas de la Patria ante el enemigo, desafiantes. Leía pocos minutos después algunas disquisiciones sobre si correspondía o no llamarse “resistentes si estamos en democracia”. Observaba algunas agachaditas de ex funcionarios dando explicaciones al enemigo sobre si “resistencia” era un “término apropiado”. ¡Pobres serviles los que toman la sopa levantando el dedito menique para que el patrón crea que son educados! Resistencia viene del verbo latín resistere (mantenerse firme, persistir, oponerse reiteradamente sin perder el puesto, estar en pie). Valga esta etimología para explicar que no nos pondrán de rodillas por más que tiren duro. Y que má allá de las sirenas de los cobardes, el pueblo estará como nunca allí, dedos en V y Marcha Peronista en la garganta, sin pedirle autorización de bautismo a nadie.

Inconvenientes de la alfombra voladora democrática

El cine de Hollywood creó una imagen que nunca dejó de desconcertarme: la del personaje que delante del monstruo, extraterrestre o asesino, se queda paralizando gritando “¡Noooooooooo!”. Tiene los dientes de Drácula en la yugular, el cuchillo le está abriendo la garganta o el marciano le escupe ácido en la cara, pero el pobre tipo solo grita “¡No!”. Estas horas que transcurren, tan llenas de tensión ante el cumplimiento de lo prometido por Macri, puede desconcertarnos del mismo modo. ¿Creíamos que por participar en una elección presidencial la democracia estaría garantizada? ¿Creíamos que por ser educados y buscar no provocar al enemigo de la Patria, este iba a mirarnos con ternura? ¿Nos comimos el cuento aquel de que “el pueblo no se equivoca aún cuando se equivoca”, pasando por alto que ese pueblo sufrió los embates cotidianos de una artillería antidemocrática, sostenida por más de una década? En lugar de preguntarse seriamente si Macri había ganado las elecciones o había truchado las planillas en Córdoba, nos dedicamos a planear entre lágrimas. En vez de comenzar a reflexionar sobre la brutalidad con que iba a desencadenarse la furia de la antipatria, quiza perdimos un tiempo importante en azorarnos porque no podíamos creer lo que decían. El allanamiento del AFSCA quizá sea la piedra de toque, el hondazo certero a ciertas tendencias a la levitación democrática. Es decir, el creer que el enemigo no es el enemigo, que en definitiva el enemigo no va a hacer lo que promete y que lo que promete quizá no sea tan malo. Vanas ilusiones que llevaron a la gente a la parálisis, a la esperanza paralizante y, en todos los casos, al muere. “La Patria es el Otro”, decía un slogan bonito que ya nunca escucharemos en la propaganda del régimen. La voracidad del tigre no tiene ninguna piedad de los suspiros democráticos del cordero.

Bienvenidos a la guerra ideológica

Magnetto apoderándose de los expedientes del AFSCA, Bonadío repitiendo en la obscenidad uno de sus allanamientos ilegales, Sabatella tratando de explicar que hay que cumplir con la ley como si la derrota (y su aceptación mansa) no hubiese existido. Que los criminales vuelvan al lugar de sus fechorías no debe asombrarnos tanto como el creer que no lo harían. Que los enemigos de la Patria actúen con impunidad en sus primeras medidas no puede azorarnos demasiado. Es por esto que trabajaron en los medios, coimearon en la Justicia, durmieron a la clase media en un sueño de elevación moral improbable. Y broche final de la guerra despiadada que desataron: consiguieron convencer a millones de trabajadores y pequeños comerciantes que era posible salir del montón, de la negrada, pisoteando con el voto la voluntad de la liberación. Esa campana de la guerra ideológica, constante, sibilina, tiene ahora su parte concreta en la violencia enmascarada de legalidad democrática. Macri no se empecina en obtener la banda en la Casa Rosada porque sea caprichoso, sino porque debe maquillar su ilegitimidad histórica rodeándose de símbolos monárquicos. Lejos del Congreso, lejos de los grasas, lejos de la representación nacional, que son los diputados y senadores. La violencia que teme recibir en contra suyo, es proporcional a la que ya prepara en bambalinas: la guerra por la conquista de cerebros, el olvido del origen de cada ciudadano. Y el más grande objetivo que su amo Magnetto acaricia: lograr el olvido de la dignidad alcanzado por el segundo gobierno popular de la historia argentina.

El “aguante Scioli” como futura bandera

Con el tiempo se diseñara la memoria de la epopeya popular que hizo posible que Daniel Scioli reconquistase más de 2.500.000 votos allí donde se le auguraba la sepultura del balotaje. O de la entrega. O del suicidio político. Ya llegará (y no tan lejana) la hora de descubrir que esa ola de fervor popular en aquel combate delinea ya un capitulo fundamental de la historia. Y marca una frontera aún incierta, pero firme, en los meses que vendrán. No es el pavor de morir el que garantiza que un soldado pelee: es el saber que aunque su vida este en juego, forma parte de un movimiento general, de un levantamiento de miedos y amor y voluntades que tiran para el mismo lado. Lo inexplicable de los fenómenos sociales que devolvieron al pueblo sus victorias, es que no se planificaron como la tabla del tres. Ese corazón estuvo allí, mas allá de miserabilidades y devaneos, de slogans sin contenido y de contenidos diluidos. Ya no hay tiempo: antes de comenzar el régimen macrista elabora el fin de las conquistas, ahora sostenido, bancado y armado por un aparato que vendió globos y jabones. Y que ahora tratara de obligarnos a tragar bajo aquella dorada “paz y concordia” que tanto agitaron como espejismo del crimen la Libertadora o Videla. Quienes pidieron el apoyo de la gente, quienes dieron el combate poniéndose la campaña al hombro no pueden esperar que estalle el incendio ya que no alcanzaran las mangueras. La oposición a este régimen que empieza no puede tener descanso ni la lenta espera de nuevos líderes. El “aguante Scioli” fue una forma inédita de demostrar que el pueblo estaba aquí, dispuesto a la lucha. En recreo de algunos días ya terminó. Ahora es la hora de ponerse a ganar la reconquista.

Llego la hora de bajarle los cuadros a Macri

Si Hitler no hubiese masacrado millones en sus campos de concentración, no sería Hitler sino un vendedor de birra y salchichas. Si Franco no hubiese entregado España al fascismo italo-alemán, no sería Franco sino un gallego enano y olvidado. Si Videla y Menéndez no hubieran sido los criminales que fuero
n, su nombre sería quizá recordado en familia. Y por hasta ahí nomás. Si Macri no representase la antipatria, el mejor aliado del imperialismo financiero y el gorilismo más abyecto y caduco, Macri no sera Macri, sino un olvidable concheto de aquellos que toman un bloody mary recostados en alguna barra improbable de Punta del Este tratándose de levantar alguna pendex codiciosa. Pero Macri es Macri y quiso llegar a Presidente porque allí lo puso el enemigo de la Patria en su campaña de lavado de cerebro, de guerra de baja intensidad, de sabotaje de la República. Que imponga una política de ajuste salvaje, que se alíe con el hampa internacional o que se haga el imbécil forma parte del necesario personaje que el Imperio necesita para volver a ponernos de rodillas. Macri concentra la liviandad del cajetilla irresponsable con la ferocidad del niño bien resentido. Macri es el producto de una guerra ideológica que se enseñoreo sobre la Argentina y que ahora tratará de probar ante sus amos que no sólo ladra, sino que también muerde. Néstor bajo los cuadros de la infamia porque esos cuadros estaban allí para recordarle a la República que había sido vejada y sometida a pesar de ella. A partir de la trágica mañana del 10 de diciembre cada patriota deberá comenzar a bajar el cuadro de Macri, símbolo de una estafa mayor en banda organizada. Es lo menos que le debemos a Néstor, para empezar.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.