Etimología y práctica de la "grasa"

Argentina
Roberto Mero

El arresto y encarcelación de Milagro Sala era un hecho esperable en los tiempos de la ejecución del capitalismo del caos impuesto por el régimen de Mauricio Macri. No se trata sólo de criminalizar la protesta social, sino de vaciar de contenido al movimiento popular para ser empleado como mano de obra desesperada contra las fuerzas de la transformación política.

Milagro Sala hablando a los militantes de Túpac Amaru en Jujuy - Foto: Archivo

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Para quienes llegaron al mundo después de los 60 el término “grasa” puede parecer tan preciso como una noche sin luna. Y sin embargo no hay que equivocarse: el término utilizado por Prat Gay nada tiene que ver con su acepción de los años 30 a 60, que denominaba globalmente al pueblo, a los “grasitas” evocados cariñosamente por Eva Perón y que el humorista Landrú utilizó para burlarse de sus personajes “cajetillas” (hoy “conchetos”). La frase de Prat Gay es por lo tanto clara: “Encontramos un Estado lleno de militantes, queremos que al Estado no le sobre la grasa de la militancia. La basura no es nuestra, la dejo el kirchnerismo, no tenemos problemas en empezar a limpiarla”. La militancia es una excrecencia (“grasa”) que debe eliminarse porque es “basura”. Esta concepción de lo que es excedente y detritus no es novedosa. En los archivos del Juicio de Núremberg aparece con claridad en los documentos nazis relativos a la “limpieza” del gueto de Varsovia: “Durante el traslado de los judíos de cierto barrio de la ciudad, se cavaron varios túneles en los que se cogió a toda la basura judía asocial y sin ganas de trabajar durante el barrido del área, siendo tratados de forma especial”. En escritos explicando la forma de limpieza a adoptar, Hans Frank, el Gauleiter de Cracovia, recordó lo que Hitler había escrito en Mein Kampf: “Mi actitud hacia los judíos se basará por tanto sólo en la expectativa de que deben desaparecer. Se les debe eliminar”. No hizo Frank sino poner en marcha la sistematización de la ideología de Alfred Rosenberg, ideólogo del racismo pero, por sobre todo, ingeniero del saqueo, el robo, la explotación esclava de la población judía (ampliada luego a los gitanos y eslavos) y al beneficio colosal que este sistema facilitaba a los grandes capitales alemanes. Prat Gay no se alejó ni una sola coma de este concepto que en absoluto puede ser tomado como un mal chiste de noche de velorio. Es la ideología al desnudo de un régimen como el macrista que, aunque ha llegado tarde para las cámaras de gas, no rechaza en absoluta los fundamentos históricos del crimen.

Encuestas: la trampa de lo efímero

Célebre por su simplicidad, aquella pregunta sobre “qué gusto tiene la sal” hoy podría desencadenar una variable de respuestas improbables en los sondeos que buscan aire publicitario para el régimen macrista. Según la información suministrada por la consultora Dicen, la aprobación al gobierno estaría manteniendo “valores similares a los del resultado del balotaje electoral: “un 52% lo aprueba (un 51,34% lo había votado), mientras un 39% lo desaprueba y un 9% aún no está definido”. La encuesta realizada en CABA y el Conurbano antes del 29 de diciembre, que el macrista podría tomar como alentadora, es en sí misma un espejismo destinado a conformar al frente interno, a promover adhesión macrista allí donde hay pasividad y a alertar a millones de opositores sobre lo erróneo de su descontento. La realidad de la represión, la censura y los despidos, la inflación y la parálisis económica de la recesión no estaría tocando a un 39% de habitantes, apenas rozando a un 9% de desinformados, y complacido a un 52% de votantes de antaño que no ven en nada su economía disminuida. Aún tomando estos parangones como sinceros la “grieta” social está lejos de anunciar paz, amor, “sueños”, “cambios”. La reserva de ahorros clasemediera que espera una reactivación milagrosa no tardará en agotarse a partir de marzo, cuando se estabilice la masa de aumentos de servicios e insumos sobre la cual se establecerá el edificio económico de la tiranía macrista. El mismo auspicio se vivió en los primeros meses de la dictadura de Videla-Martínez de Hoz, con las triquiñuelas de la 125, la “plata dulce” y el enriquecimiento aparente del juego de plazos fijos y un dólar barato. Ninguna de estas variantes tienen lugar hoy: el régimen se funda entonces en un espejismo de “modernización y liberalización económica” que no tiene ninguna base real. La razón es bastante simple: la Argentina de 2016 tiene poco que ver con aquella de 1976 y los mecanismos del saqueo que pretende Macri son incompatibles con la realidad productiva entre este país y aquel que fue. La revolución tecnológica amplificada por el gobierno popular y las cadenas de distribución del ingreso no sólo permitieron el desarrollo de la Argentina sino que también impiden ahora que el régimen avance a paso de carga. Le queda sólo la efímera ilusión de contentar con el pasado la imposibilidad de gobernabilidad presente. Sólo encuestas truchadas y balas y cárcel puede ofrecer como pálida respuesta a los que creyeron que con un voto se les abriría el Túnel del Tiempo de la dependencia.

Milagro Sala y la criminalización del movimiento social

El arresto y encarcelación de Milagro Sala no sólo es un hecho explicable sino también esperable en los tiempos de la ejecución del capitalismo del caos. No se trata aquí de encerrar a los representantes políticos (como bajo Uriburu), ni sindicales (como bajo la Libertadora y el Plan Conintes) ni aquellos que reclaman salidas por fuera del sistema (como la militancia revolucionaria de los 60/70). Se trata de privar de dirigencia a esa nebulosa del movimiento social, cuyo acceso a la dirigencia política se ha transformado en un imposible dentro de “todos” los partidos decisivos para el sistema. Ese movimiento social otrora representado por la Iglesia y el peronismo, abandonado a su suerte bajo el menemato y reinstalado como interlocutor por el kirchnerismo, es también un trofeo codiciado por el propio poder macrista. Ya sea en la lumpenización y en el clientelismo, que tantos frutos dio a Duhalde con las manzaneras, y al macrismo en zonas periféricas y marginales. O bien su inclusión como modelo de fuerza social heterogénea y contradictoria, como lo fue y es la Túpac Amaru. Valga la metáfora: las “cacerolas” quieren ahora adocenar y someter al “piquete” como fuerza de choque probable y mano de obra barata, en el momento en que se decida desencadenar la guerra de “pobres contra pobres”, tan necesaria al capitalismo caótico. En suma, se trata de descabezar al movimiento social de donde pueden venir los batallones de la lucha popular necesaria, pero también las hordas sabiamente organizadas de desesperados, marginados, despolitizados susceptibles de ser cooptados por la mafia. Fue la política seguida por Hitler entre 1927 y 1933, fue la política del gobierno derechista de Israel, promoviendo al Hamás islámico contra los militantes de la OLP y es la política de la ultraderecha francesa en su alianza con el terrorismo islamista y el narcotráfico. Lograr que el movimiento social se vacíe de sus contenidos políticos para ser empleado como mano de obra desesperada y barata contra las fuerzas del cambio social y la defensa de la patria. Macri no criminaliza con el arresto de Milagro Sala la “protesta social”, sino al movimiento de quienes no tienen voz, para transformarlos en ‘chirolitas’ de sus negros designios contra nuestro país.

Macri o la dictadura del pedaleo

“Se puede engañar a todos alguna vez, o engañar a algunos siempre, pero no se puede engañar a todos siempre”. Esta famosa frase atribuida a Abraham Lincoln (aunque probablemente nunca la haya pronunciado) debería tronar en letras d
e bronce en algún lugar del despacho del brujo Durán Barba como recuerdo de lo que vendrá. Y sin embargo, en estas cosas de la comunicación del régimen macrista, todo marcha hacia el contrario. Una férrea cronología de los hechos arriesga transformarse en un collar de dislates, falsos anuncios, bardeo vergonzante. El pedaleo de Macri, su juego de muñecas con Antonia y sus costillas damnificadas no pueden ocultar la aplanadora de eructos y flatulencias institucionales cuyo objetivo es hacerlo durar en el timón, hasta que se estrelle el barco. Aviesos burgueses y terratenientes no lo apoyaron para este escándalo de niño bien sino para ejecutar un ajuste viable, aplicable y durable. La dictadura del pedaleo que Macri ejerce desde el 10 de diciembre no conforma ningún plan preciso, actual y posible de ejercicio del capitalismo salvaje más allá de las olas de despidos y de balas de goma. El vacio ideológico y la ausencia de programa va de par, además, con la utilización babieca de las fuerzas del orden como si fuesen una empresa de patovicas poco adictos a enfrentar el coraje de la lucha popular. Por cierto, desplegar la fuerza constante y militante puede servir para demostrar que frente a este vacío cargado de antipatria se levanta una fuerza popular organizada. Sin embargo, esta dictadura del pedaleo y la antimilitancia, del desprecio y la ocupación del país, debe también enfrentarse con la multiplicación de un debate y una batalla cultural permanente. Macri pretende utilizar el desgaste de las movilizaciones como parte de la paz de los cementerios. Menem fue su maestro en esta técnica de dejar que los jubilados se muriesen cercando el Congreso o amenazando con que “ramal que para, ramal que cierra”, dirigido hacia los ferroviarios díscolos. La dictadura del pedaleo macrista se funda en la desideologización y el vaciamiento de la política. Y para ellos cuenta con el aval de los barones del PJ, aliados objetivos en acabar con el “kirchnerismo maldito”, tal como Augusto Timoteo Vandor pretendió imponer el “peronismo sin Perón”. Cáscara vacía al buen gusto de los paladares refinados de la entrega. Dar la pelea está bien, pero saber de qué se trata es aún mejor. Esta vivo quien combate. Pero sólo es victorioso quien combate en una estrategia organizada.

Apologías y rechazos de la guerra civil

Fuera de las connivencias y tabúes, Juan Carlos Romero López acaba de publicar una nota en Página Popular con un título más que explícito: ¿Acaso busca Macri una guerra civil? Interrogante del millón que el colega no aborda desde las precisiones históricas sino desde la vivencia del día a día ante la ráfaga de anuncios y la ejecución de políticas antinacionales y antipopulares. Varios son los compañeros que postulan la misma pregunta buscando como respuesta los alertas del juez Eugenio Zaffaroni a no entrar en provocaciones frente a la ferocidad de la represión. Mas allá de saludar el valor del aporte de Romero López, valdría la pena tomar el toro por las astas y precisar de antemano que una guerra civil es la confrontación de una parte del pueblo (sostenida por las Fuerzas Armadas) contra otra parte del pueblo (también apoyada por la otra parte de las Fuerzas Armadas). Que esa confrontación civil es la máxima expresión de la ruptura de las instancias políticas y de la creación de dos gobierno s que se proponen la dirección del mismo Estado. Cada una de las fuerzas en pugna debe contar con una población mayoritaria que adhiera a su bando y una cierta continuidad territorial para que el poder se ejerza. Debe al mismo tiempo ser sostenida por una política económica parcial, que ejerza el monopolio de la violencia y las funciones impositivas dictadas por el gobierno partidario (del bando al cual pertenece). No es la realidad en la cual se aplica la política de Macri, cuyos dictados atacan al conjunto de la población argentina y que se ejercen en todo el territorio nacional. No es tampoco la realidad de los mecanismos de aplicación de las políticas de Macri, una política de “clase” (la oligarquía territorial/financiera de Macri) contra los asalariados manuales y tangencialmente la clase media asalariada. Es una política antinacional en su conjunto al servicio de un grupo homogéneo de lo más corrupto del capital bancario ligado al extranjero. El interrogante de Romero López es válido en cuanto a las “intenciones” del régimen macrista, pero no en cuanto al análisis de su disponibilidad de fuerzas. Por empezar, la de las propias Fuerzas Armadas y de seguido con las fuerzas del orden policiales y de Gendarmería. Las primeras carecen de la estructura de los años 60/70, fundándose desde mediados de los 90 en un ejército profesional sin instalación masiva en el territorio. Las “fuerzas del orden”, carecerían del poder de fuego necesario para confrontarse a una insurrección popular constante y masiva en todo el territorio nacional. Para concluir esta primera tentativa de abordar el tema, los objetivos del macrismo son el saqueo, el endeudamiento y el sometimiento del país a la banca internacional. Para guerra civil, aún le falta un trecho.

Raúl Castells y el síndrome del buen salvaje

Como algunos sesentones recordarán, “Toro” era el indio que acompañaba a Llanero Solitario en sus aventuras rocambolescas pero bien educadas, quedándose siempre dos pasitos atrás. Y comiendo último al lado del héroe blanco, pero poniendo primero el pecho para salvarlo de las balas. En su Robinson Crusoe, Daniel Defoe no había inventado otra cosa con el personaje “Viernes”, que le debía la vida al náufrago, pero también el tratamiento de “amito”. Sin hablar de Gungha Din, el personaje máster, aguatero por cuenta del ejército imperial en la India británica sobre Afganistán, dispuesto a morir por los “shaibs” rubios. En esta larga historia de “buenos salvajes” debe ahora recordarse a Raúl Castells y su idea de noviembre 2015 de crear “brigadas de defensa de Vidal y Macri”. O dicho en otros términos, poner a una parte del nebuloso movimiento piquetero a las órdenes y servicio de los “patrones” de otrora. ¿Formará Castells la fuerza de choque para alejar a los tumultuosos hambreados por el plan de Macri? ¿Se enfrentará a los malos salvajes que defienden la liberación de Milagro Sala? Algunos compañeros se asombran en sus respuestas ante el racismo manifiesto de Prat Gay o del mismo Macri anunciando la expulsión de los apellidados “Chispe” por el sólo hecho de ser bolivianos. No nos equivoquemos, lo que aparenta ser racismo macrista no es sino un odio de clase provocado por el hecho que no puede doblegar a la masa inmensa a la que pretende explotar. En este y en otros casos el fundamento del odio es distractivo (negros y choripaneros y desdentados y embarazadas y lujuriosas masas de marginales). De lo que se trata es de una confesión de impotencia por no haber logrado el sometimiento del atávico malón de morochos que pone en peligro la cómoda ilusión de Macri como imitador de Micky Vainilla, el personaje de Peter Capusotto. Puede jugar ese rol de lumpen y de buen salvaje al servicio del patroncito, pero ni siquiera esto le cuaja a “Ojitos Azules”, que ya ni tiene la garantía que un día no le entren al country para hacer buen uso de sus propios placeres, aunque esa sea otra historia.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.