“Estimula una violencia fuera de lugar”, los organismos de DD.HH. en alerta por Bolsonaro

En los días previos a la elección del capitán retirado Jair Bolsonaro como nuevo presidente de Brasil hubo al menos 50 ataques de grupos fascistas que reivindicaron el nombre del ultraderechista. Entre esos ataques, fueron asesinados dos simpatizantes del Partido de los Trabajadores. Los organismos de derechos humanos brasileños advirtieron la influencia del discurso del exmilitar como catalizador de esas agresiones y atribuyeron la nueva ola antidemocrática que atraviesa el país a la falta de políticas de Memoria y Verdad en Brasil, como las que se implementaron en Argentina o Uruguay.

“Estamos viviendo una situación única, tal vez la más grave de la historia democrática brasileña. Es una situación en la que, independientemente del resultado en las urnas, Brasil se está dividiendo entre aquellos que acreditan un proceso de fascismo y violencia y aquellos que abogan por un Brasil con ciudadanía”, contó a Latinoamérica Piensa Rogerio Sottilli, exministro de Derechos Humanos de Brasil y director ejecutivo del Instituto Vladimir Herzog- entidad que lleva el nombre de un periodista brutalmente asesinado por la dictadura militar.

La escalada de violencia de grupos antiderechos, que encuentra su correlato en los discursos de Bolsonaro, llamó la atención de las organizaciones de la sociedad civil, no gubernamentales, y colectivos de todo el mundo. “No serán afectados solamente la vida de miles de ciudadanos y ciudadanas activistas y el trabajo de 820 mil organizaciones. Lo será la propia democracia brasileña. Y no hay democracia sin defensa de derechos”, resaltaron en una carta conjunta, firmada por casi tres mil ONG, luego de que Bolsonaro amenazara con dejar sin financiamiento a las entidades de derechos humanos.

Los 50 ataques se produjeron durante el período electoral, según un mapeo del investigador y periodista Haroldo Ceravolo. La gravedad de la situación se volvió de público conocimiento con la brutal muerte del militante negro y maestro de capoeira Moa del Katendê, asesinado con 12 puñaladas en Salvador, tras una discusión sobre los resultados de la primera vuelta presidencial. Katendê había sentado públicamente su posición a favor del candidato del PT Fernando Haddad. Su muerte motivó masivas manifestaciones de los organismos para visibilizar el riesgo de que se sigan legitimando discursos de odio.

Un día antes del balotaje, un albañil de 23 años que estaba en una caravana a favor de Haddad fue asesinado de un tiro, también por presuntos seguidores de Bolsonaro. El auto en el que viajaban Charlione Lessa y Regina Lessa, secretaria nacional de la Mujer Trabajadora del sector de vestuario (parte de la Central Única de Trabajadores (CUT) de Brasil) fue baleado por dos hombres. Según los relatos de Regina, los hombres gritaron el nombre de Bolsonaro.

Mientras tanto, las agresiones discriminatorias contra la comunidad LGTBI, contra los negros y petistas se volvieron una moneda corriente. En Nueva Iguazú, la trans Jullyana Barbosa fue golpeada en un bar por un grupo de hombres, mientras vociferaban insultos homofóbicos. “Espero que Bolsonaro gane para matar esta basura”, aseguró Barbosa que dijeron los agresores. “Están usando a Bolsonaro para atacarnos”, señaló a UOL poco después que tuvieran que hacerle diez puntos en la cabeza para suturar la herida.

“Va a haber muchas muertes de defensores brasileros. Brasil ya está en el segundo lugar de la ONU de asesinatos de defensores. Bolsonaro no tiene diálogo con el Movimiento pero tampoco sé si nosotros queremos tenerlo porque es un dictador, es un fascista que estimula el odio y apoya la militarización del país.”, manifestó a Latinoamérica Piensa Eleonora Pereira, del Movimiento Nacional por los Dereitos Humanos de Brasil.

Los brasileños eligieron como presidente por el 55 por ciento de los votos al candidato que reivindicó la tortura y el gobierno de facto y que no dudó a la hora de atacar a los movimientos sociales, a la comunidad LGTB, a los indígenas, a los negros y a las mujeres.

Para Sottili, este resultado fue posible por la “inacción del Tribunal Electoral y del Ministerio Público Fiscal”, que tendría que haber repudiado la candidatura del exmilitar por sus dichos, ya que estas expresiones siguen teniendo cierta aceptación en la sociedad brasileña. “En Brasil se vivió un proceso de transición de forma muy tolerante a los culpables de crímenes de lesa humanidad, de los crímenes de tortura y de los crímenes políticos que se cometieron”, amplió al ponderar los procesos que se vivieron en Argentina, Uruguay y Alemania.

Una Comisión Nacional de la Verdad (CNV) confirmó en 2014, luego de tres años de trabajo, que durante la dictadura brasileña hubo 434 muertes y desapariciones. Identificó además a 377 miembros de las fuerzas acusados de crímenes contra la humanidad. Pero Brasil, a contramano de otros países latinoamericanos que conocieron regímenes militares durante las décadas de 1970 y 1980, nunca juzgó a los represores por una ley de 1979 que amnistió a policías y militares acusados de violación de los derechos humanos.

Las leyes que propone Bolsonaro

Los movimientos de derechos humanos ya están en alerta frente a las medidas que puede llegar a tomar el exmilitar una vez que asuma y destacan que “el riesgo es total” porque incrementará aún más la criminalización a los luchadores sociales.

En su campaña, el ultraderechista prometió conceder a las Fuerzas Armadas autorización previa para matar, una medida que empeorará el contexto de violencia en Brasil, donde se cometen 63.000 homicidios al año, más del 70 por ciento de ellos con armas de fuego, y donde la policía perpetra aproximadamente 5.000 homicidios al año, según destacó un informe de Amnistía Internacional.

Bolsonaro propuso además reducir la edad de imputabilidad de 18 a 16 años, reducir instrumentos de protección como el Estatuto del Niño, militarizar aún más las favelas y sacar a Brasil de la ONU. “Es notorio como sus propuestas conducen a una idea falsa de democracia racial. Su aprobación puede abrir la segregación económica del país y estimular una violencia fuera de lugar contra la población negra, haciendo que varios conflictos violentos se resurjan”, vaticinó la organización Red Justicia Criminal. Para el movimiento, el apoyo a este tipo de iniciativas reside en el “olvido al pasado”, al que citó como “única justificación para apoyar tal ignorancia”.