La paz está en peligro

Colombia

Una escalada de violencia pone en riesgo la resolución del conflicto armado. Los atentados se triplicaron desde que las FARC dio por finalizado el cese al fuego unilateral de las FARC. La intensificación del enfrentamiento tiene un efecto político, teniendo en cuenta que se vive un clima preelectoral. Pero además, puede repercutir con fuerza en la percepción de la sociedad hacia la paz.

Juan Manuel Santos junto a las autoridades militares- Foto: AFP

Andrés Bermúdez Llévano- La Silla Vacía (Colombia) 

En apenas tres semanas, desde que las Farc rompieron su cese al fuego unilateral, esta guerrilla derramó 284 mil galones de gasolina en la selva de Putumayo, dejó sin luz a cuatro ciudades (Tumaco, Buenaventura, Florencia y Ocaña) y asesinó a un coronel de la Policía (el primero de su rango desde 2012).

Esos atentados están llevando al país a niveles de violencia similares a los que estábamos en 2011 o comienzos de 2012, cuando el Alto Comisionado para la Paz Sergio Jaramillo y ‘El Médico’ no habían firmado aún el Acuerdo marco que llevaría a instalar el proceso de paz con las Farc en La Habana.

Entre el 22 de mayo y hoy, el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) -que monitorea los niveles de violencia en el país- ha registrado 63 acciones ofensivas intencionales que se le pueden atribuir con alguna certeza a esta guerrilla.

Es decir, el triple de lo que habían sumado en los cinco meses que duró su cese al fuego, que según el director del Cerac Jorge Restrepo había reflejado “el nivel más bajo de violencia desde comienzos de los años ochenta”. (El Cerac contabilizó 20 acciones en todo el período del cese).

Si se tiene en cuenta que esa concentración de atentados de las Farc ha ocurrido en solo tres semanas, estamos de regreso a un nivel como los que eran habituales antes de arrancar el proceso de paz en octubre de 2012 (y que solamente igualaron en tres ocasiones, todas durante 2013, desde que están negociando).

La reciente ofensiva de las Farc incluye 12 atentados contra infraestructura petrolera, 11 contra infraestructura de servicios públicos (sobre todo tumbando torres de energía, aunque también volando una planta de tratamiento de agua en Algeciras) y 3 contra vías.

” Esos atentados están llevando al país a niveles de violencia similares a los que estábamos en 2011 o comienzos de 2012, cuando el Alto Comisionado para la Paz Sergio Jaramillo y ‘El Médico’ no habían firmado aún el Acuerdo marco que llevaría a instalar el proceso de paz con las Farc en La Habana “

Si ese número de atentados se mantuviera en lo que queda de este año, igualaría las cifras del año récord de violencia perpetrada por las Farc (2002). Y si ese ritmo fuese el de todo un año, duplicaría el año con mayor número de acciones ofensivas de esa guerrilla contra infraestructura.   

En total, su ofensiva después de romper el cese unilateral ha dejado un saldo de 8 muertos (siete policías y dos soldados) y 19 heridos (incluyendo 11 civiles, 5 policías y 3 militares). Más de la mitad de esas acciones (37) se concentraron en los departamentos sureños de Cauca, Nariño y Putumayo, donde operan sus columnas móviles.

Esa escalada supuso un salto en los niveles de intensidad del conflicto. La Fundación Paz y Reconciliación -que los monitorea desde hace cuatro años- contabilizó 124 acciones armadas en las últimas tres semanas, una cifra que incluye atentados, emboscadas y hostigamientos de la guerrilla, bombardeos militares o combates entre ambos. Es decir, todas las acciones propias de una guerra.

“Estamos volviendo a niveles similares a 2001, cuando había unas 179 acciones por mes. No hay una ofensiva [de las Farc] en sentido estricto, pero estamos volviendo a los estándares normales de conflicto armado antes de la negociación”, le dijo a La Silla Ariel Ávila, el investigador principal de la Fundación. “Eso significa que el cese unilateral sí estaba funcionando”.

Ese escalamiento de las Farc tras una distensión de cinco meses -ya que el Gobierno también había suspendido sus bombardeos- seguramente contribuirá a aumentar el pesimismo sobre el proceso de paz. Ya está -desde el asesinato de los 11 militares en Buenos Aires (Cauca)- en su punto más alto desde el inicio de las negociaciones.

Aún con la reducción significativa en la violencia que supuso el cese, el número de colombianos que prefieren una salida negociada es el más bajo desde que comenzaron las conversaciones en La Habana (57 por ciento) y el de gente que no cree en ella el más alto también (40 por ciento), según la encuesta Gallup del 29 de abril.

” Esta intensificación del conflicto ocurre en un período preelectoral, en el que los discursos bélicos son más rentables políticamente que los que apuestan a una negociación que por naturaleza requiere paciencia y que, además, está en un momento de definiciones que no son fáciles de asimilar para muchos colombianos “

Planteada esa pregunta en términos de optimismo o pesimismo sobre el proceso de paz, el 69 por ciento dijo sentirse pesimista y solo el 29 por ciento optimista, según la encuesta de Ipsos del 4 de mayo.

Esa misma encuesta de Ipsos reflejaba un aumento en la imagen desfavorable de las Farc, que llegó a un 93 por ciento, su punto más alto desde que arrancaron los diálogos en La Habana.

La pregunta es si esta oleada de atentados terminará por reducir aún más la porción de 17 por ciento más de colombianos que están a favor del proceso de paz. 

“Nosotros hemos visto que a nivel rural, donde sí se siente el conflicto, la gente veía que el cese estaba funcionando y ahora está perdiendo esa confianza”, dice Ariel Ávila.

Sobre todo porque esta intensificación del conflicto ocurre en un período preelectoral, en el que los discursos bélicos son más rentables políticamente que los que apuestan a una negociación que por naturaleza requiere paciencia y que, además, está en un momento de definiciones que no son fáciles de asimilar para muchos colombianos. 

Como dice María Victoria Llorente, la directora de la Fundación Ideas para la Paz que monitorea temas de seguridad, “lo único que quedó del desescalamiento fue el desminado. Hasta la confianza ciudadana se perdió”.

 

María Jimena Duzán- Semana (Colombia)

Si las FARC no asumen la responsabilidad que les cabe en este conflicto y les dan la cara a las víctimas como lo prometieron hace un año en una declaración que ya nadie recuerda, este proceso de paz seguirá languideciendo hasta morirse.

Aclaro: nunca he creído que este conflicto se pueda simplificar tan fácil como lo impone el dogma uribista según el cual las FARC son las únicas responsables de esta guerra. Yo, que he sido víctima del narcotráfico y de sus alianzas con la política, y de la que se fraguó entre el paramilitarismo, militares y dueños de tierras a finales de los ochenta, sé cuán grande es la responsabilidad que les cabe en esta guerra al Establecimiento y a las elites políticas, militares y económicas de este país. Y créanme: no pasa un día sin que sienta el peso de un Establecimiento autista que se niega a asumir su cuota de responsabilidad.

Dicho lo anterior, es lamentable que las FARC, luego de tres años de negociaciones, sigan sin asumir su responsabilidad en esta guerra e insistan a través de sus declaraciones y discursos en no darle la cara a las víctimas con el argumento de que ellos son víctimas y no victimarios. Ese discurso deshumanizador, tan simplista como el del uribismo, queda claro en la carta que Iván Márquez le envió en días pasados al procurador Alejandro Ordóñez, en respuesta a otra que el jefe del Ministerio Público le envió a las FARC advirtiénd
oles que la Comisión de la Verdad no puede ser un camino para la impunidad.

” Dicho lo anterior, es lamentable que las FARC, luego de tres años de negociaciones, sigan sin asumir su responsabilidad en esta guerra e insistan a través de sus declaraciones y discursos en no darle la cara a las víctimas con el argumento de que ellos son víctimas y no victimarios “

Márquez no solo se abalanzó en ristre contra el procurador en esa carta, sino que lo emplaza como representante de ese Estado opresor a que vaya a la Comisión de la Verdad a explicar sus silencios. “Allá queremos oírlo a fin de que le cuente al país por qué sus silencios en momentos en que debió pronunciarse, por qué permitió el escalamiento de la confrontación armada como solución al conflicto interno y por qué no le tendió la mano al pobre, a la víctima del otro lado, al desprotegido defensor de los derechos humanos”, dice la carta firmada por el jefe negociador de las FARC en La Habana.

Para las FARC es evidente que el procurador Ordóñez, en representación del Estado opresor, sí está obligado a explicar sus silencios pero que la guerrilla no está obligada a explicar nada: ni siquiera sus abusos contra la población ni lo que ellos llaman “errores”. En la carta solo hay espacio para hacerle señalamientos al procurador pero no hay ni una frase en la que se diga que ellos también estarían dispuestos a ir a la Comisión de la Verdad a explicar “sus silencios” y sus actos terroristas como el secuestro y posterior masacre de los diputados del Valle que las FARC todavía califican de “error”, cuando en realidad fue uno de los horrores más dantescos de esta guerra.

El procurador Ordóñez nunca ha sido santo de mi devoción. He criticado con vehemencia su decisión de imponer la Biblia sobre las normas y su menosprecio por los derechos de las mujeres y los gais. No comparto el presupuesto sobre el cual ha edificado su oposición al proceso de paz, según el cual es indigno para el Estado legítimo ponerse al mismo nivel de una guerrilla como las FARC y no me veo representada en su investidura cuando justifica su activismo en contra del proceso de paz con el argumento de que lo hace pensando en las víctimas. Sin embargo, no tengo la menor duda de que en materia de verdad nos deben más las FARC que Ordóñez.

Esa guerrilla nos debe la verdad de muchos horrores y sus víctimas siguen a la espera de que les den la cara. Pero si las FARC nos siguen hablando desde ese odioso pedestal moral en el que escriben sus comunicados y sus cartas, este proceso estará condenado al fracaso.

 

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