El juego político del presidente

Latinoamérica y el Mundo

Pablo Alvarado es migrante de El Salvador y ahora dirige la Red Nacional de Jornaleros en Estados Unidos. En esta entrevista, analiza la política de deportación de Barack Obama y sus últimas medidas. Para él, lo que realmente busca el presidente es colocarse en una mejor posición y asegurarse el voto latino. Se trata de un juego político del cual los niños migrantes son víctimas. 

infanciahoy.com

Amparo Marroquín P.- Alainet 

Pablo Alvarado es un salvadoreño migrante. Vive en Los Ángeles y desde 2002 es el director nacional de la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras (NDLON, por sus siglas en inglés). Pablo nació en 1967, en el cantón El Níspero, y durante la guerra, en 1990 dejó sus estudios de sociología y se embarcó en el viaje, con la ayuda de un coyote, entró a Estados Unidos sin documentos. Al llegar se encontró con la situación de abusos y de desprotección de los miles de jornaleros que cada día se paraban en las esquinas de los barrios americanos para solicitar trabajos. Con mucha paciencia y compromiso lideró el proceso de organización, la Red se fundó en 2001. Convencido que la experiencia estética permite empoderar a los jornaleros y es capaz de devolverles su dignidad, ayudó también a fundar el grupo músicaLos Jornaleros del Norte, que con sus cumbias, baladas y salsas expresan el sentir y el pensar de uno de los grupos más importantes en la economía estadounidense. En agosto de 2005 la revista Time nombró a Pablo como uno de los 25 hispanos más influyentes en los Estados Unidos.

Pablo viajó a El Salvador durante el mes de agosto como parte de un trabajo de investigación sobre el fenómeno de la deportación que están llevando a cabo la Universidad Centroamericana (UCA) y la NDLON. Su visita fue una oportunidad para conversar sobre la crisis que se produjo por los niños migrantes en Estados Unidos y la situación de la reforma migratoria.

-Pablo ¿Cómo va el trabajo en la NDLON?

-Estamos preparándonos para nuestra Asamblea Nacional, ahorita, vamos a tener una reunión con trescientos trabajadores de todo el país. Va estar bonito, vamos a tener muchas actividades culturales, vamos a hacer una marcha, talleres, plenarias…

-¿Cuál es el análisis que usted hace sobre la crisis de la niñez migrante, como representante del movimiento de inmigración hispana?

-A raíz de que el Congreso falló en pasar a aprobación la Reforma Migratoria el movimiento por los derechos de los inmigrantes se unificó alrededor de las deportaciones. Alcanzamos niveles de unidad que nunca habíamos tenido, en contra del sufrimiento que está causando la política de deportación del presidente Obama. Antes había sido difícil unificar a todo mundo, porque hay organizaciones dentro del movimiento de los derechos de los inmigrantes que son una extensión de los demócratas, y siempre están tratando de mitigar y proteger al presidente. Pero hay realidades que son imposibles de callar. El Congreso no hacía nada y la estrategia del presidente se basó en la idea de que al deportar más gente y ser más agresivo en contra de los inmigrantes, iba a persuadir a los republicanos y recuperar su apoyo. Obviamente eso no le ha funcionado.

Por muchos meses, años ya, el presidente ha dicho que él no tiene autoridad para una reforma administrativa como la que pedimos, sin embargo todos los académicos de leyes más prominentes de todo el país han dicho que él tiene una posibilidad amplia de intervenir, y finalmente el presidente lo ha aceptado. En este momento nos encontrábamos cuando, de repente, los niños comienzan a acumularse en la frontera. Pero esto es importante: este gobierno ha deportado a más de dos millones de personas, manejar a 60,000 niños no es tan complicado, perfectamente lo hubieran podido hacer. Simplemente los dejaron que se acumularan.

En Estados Unidos hay una protección para los niños centroamericanos, para los niños que vienen de países que no son adyacentes a los EE.UU, que no tienen frontera con los EE.UU., es una obligación darles la oportunidad de reunirse con sus familias si las tienen acá. Esto ha estado ocurriendo durante muchos años, es decir, no es la primera vez que niños, aunque ha habido incremento, nos parece que tomaron la decisión de acumularlos.

-¿La pregunta es quién toma la decisión de acumular a los niños?

-Es lo oscuro del tema, no sabemos quién tomó esa decisión, porque dentro de la patrulla fronteriza y dentro de la migración hay grupos de oficiales extremistas que están conectados con el ala de la derecha extrema aquí en los Estados Unidos. Entonces no sabemos, simplemente estamos especulando, pero de todas maneras es una decisión que tomaron, y en Texas. Otra decisión que hicieron fue subir a los niños en el bus y llevarlos a Nogales, Arizona.

-Que es una zona donde hay mucha discriminación hacia los inmigrantes latinos…

-Exactamente, entonces, la pregunta es por qué llevarlos ahí, sabiendo que esto iba a revolver la situación y que iba a levantar a los grupos antiinmigrantes, que es exactamente lo que sucedió, como un libreto pues, entonces qué sucede… toman otra decisión, los albergan en bodegas, y alguien llega y les toma fotos. ¿Quién deja pasar al fotógrafo? ¿Quién decidió publicar todas esas fotos? Cuando esta crisis sucede, todo el movimiento está totalmente apabullado, no sabemos qué hacer porque habíamos estado abogando por la gente que está acá. De repente vienen unos niños… entonces toda la tensión y toda la presión ya no es contra el presidente para que actúe, sino que ahora es cómo vamos a proteger a los niños y qué es lo que se va a hacer con los niños. Luego todos comienzan a darle un manejo mediático al tema. Los republicanos aquí siempre han ganado esta pelea en el tema migratorio a nivel nacional, en términos de los argumentos ellos insisten en preguntar “¿Qué parte de cruzar legal no entiendes?” ese es uno de los mensajes que ellos dicen que la gente cruza la frontera sin documentos y saben que esto es una ilegalidad, por consecuencia deben ser criminalizados, son unos criminales. Este es un mensaje que nosotros no hemos podido superar. Los únicos que han podido sobrepasar este mensaje han sido los jóvenes, los dreamers. Los dreamers han dicho: a nosotros nos trajeron aquí, no es culpa de nosotros, no nos pueden decir eso a nosotros.

Empero con la crisis de los niños, los republicanos resuelven el problema que tenían con respecto a los dreamers. Por primera vez, pueden decir, son niños, no tienen culpa, pero hay que deportarlos.

-¿Y eso implica en términos jurídico administrativo implica un peligro para los dreamers? ¿Qué implicaciones legales tiene esta decisión de deportación de los niños para el resto de los migrantes?

-Bueno, como estamos en un momento de campaña electoral los republicanos van a tratar de usar esto desde esa perspectiva, es decir, ellos van a tratar de quitar el programa que le dieron a los dreamers. Están diciendo que ese programa es el que está motivando a esos niños para que se vengan, entonces hay que eliminarlo, hay que quitar el agua para que el pez no sobreviva. Están abusando de esta situación para negar cualquier derecho que se pueda proveer a la comunidad migrante, así lo están usando los republicanos. Entonces siempre ha habido un peligro para los dreamers, pero si me preguntan a mí yo pienso que los dreamers son los mejores posicionados, son los más privilegiados. Mi opinión es que aunque llegue un presidente republicano no van a quitarles los papeles a estos muchachos. Y esa es la razón por la cual los republicanos se están moviendo en esa dirección. Están apelando a sus bases, a las visiones extremas.

Ahora bien, los demócrat
as, estaban comprometidos en hacer cambios en la implementación de la ley, cambios administrativos profundos, esa ha sido siempre nuestra expectativa. Sin embargo, la presencia de los niños baja esas expectativas y ahora el presidente nos dice “o le doy algo a los niños o hago algo acá en la reforma pero no puedo hacer todo no soy el rey”.

-¿Dirían ustedes que la crisis de los niños le permite a Obama colocarse en una mejor posición para negociar con un grupo de presión que era muy fuerte contra él hace unos meses?

-Exactamente. Y también con los republicanos. Y podría ser que use a los niños como una moneda de cambio. Es una posibilidad también, verdad, entonces realmente es un juego político bien feo el que se está dando alrededor de los niños, las expectativas de las organizaciones hispanas han bajado ahora que la presencia de los niños ha subido, pero para nosotros este es un tema cíclico. Ya el presidente anunció que los niños ya no son un problema, que ya resolvieron la crisis y que la tienen controlada. Sin embargo, sabemos que no es cierto. Aunque el 85% de los niños están siendo reunificados con sus familiares los niños quedan en proceso de deportación, en manos del Departamento de Seguridad Nacional, no se termina la incertidumbre para las familias. Entonces ellos están diciendo que los van a deportar, obviamente cuando un niño dice que tiene temor de regresar entonces le hacen un proceso. Al menos por algún tiempo el niño tendrá la oportunidad de estar con sus familiares, con sus seres queridos.

-Y qué opinión les merece la declaración y el compromiso de los presidentes centroamericanos del triángulo norte han hecho con Obama señalando que van a disminuir la migración, en especial la migración de los niños.

-Parte de las razones por las cuales hicimos nosotros el viaje a El Salvador fue un poco para entender estas circunstancias. Platicamos con muchas familias y con mucha gente deportada, nos decían que el riesgo de quedarse es más grande que los riesgos que enfrentarían en el camino. Yo no sé cómo va a resolver eso el gobierno salvadoreño. Otra cosa que vimos con mucha frecuencia es que cuando le preguntábamos a la gente, a los muchachos, a la gente que está deportada en el aeropuerto… ya los deportaron, y ahora qué va a pasar, la reacción más común era que la gente comenzaba a llorar. Cuando preguntábamos “y ahora qué…”

Y es porque la gente pensaba en la deuda en la que se había metido para pagar el coyote, pensaba en las condiciones de extrema pobreza a las que va a regresar, posiblemente pensaba en sus familiares que están acá, es decir, todo ese montón de sentimientos inundaba a las personas… entonces, ¿cómo no van a tratar de regresar? No es como que las políticas que están implementando los gobiernos de Centro América estén realmente bregando con estas circunstancias. Yo no escuché ningún compromiso claro de todos los gobiernos, de decir nuestro trabajo es acá: garantizar que las familias transnacionales tengan una posibilidad de reunificación, eso no lo escuché. Escuché: “vamos a ser más duros, más represión”, lo que he visto en los periódicos en El Salvador son las fotos de los coyotes que los están apresando. Yo no creo que tengan una visión regional unificada los presidentes centroamericanos. Por ejemplo, Honduras va a hacer lo que los Estados Unidos les diga, ya recibieron a los niños sin gritar, sin decir nada. Al menos El Salvador está exigiendo que los niños tengan un debido proceso.

-Y desde el análisis que ustedes hacen, ¿cuál podría ser la actitud ideal, lo que uno esperaría como una postura ética y de compromiso hacia los migrantes por parte de nuestros gobiernos?

-Lo mejor que puede pasar para todos, para los países centroamericanos y para el gobierno de Estados Unidos es que los padres que están acá en Estados Unidos no estén solos sin sus hijos, sin sus hijas. Tener familias quebrantadas así no es bueno para nadie. Para El Salvador es igual si ambos gobiernos trabajaran por el bienestar de las personas más vulnerables, en vez de estar hablando de seguridad nacional, de todas esas cosas que hablan y que son innecesarias. La otra cosa que yo no veo que haya una ruta, un mapa que por lo menos facilite el diálogo para hablar de las muchas causas por las que se migra. Porque lo que yo veo en El Salvador es lo mismo que aquí en los Estados Unidos, mucha gente deportada y mucha indiferencia ante las deportaciones. A El Salvador están llegando casi 120 personas al día, casi mil en una semana. Por lo menos debería haber un proceso de diálogo entre los gobiernos, a mediano y a largo plazo para revisar lo que se puede hacer, y no nada más reaccionar a esta situación; el estudio de la UCA sugiere que el estigma de que la gente deportada es criminal, y el estigma se prolonga cuando hay un pelotón de policías recibiendo a la gente. Son cosas que tienen que ir cambiando.

-En esto que mencionaba me interesa profundizar en cómo evalúan y ven el papel que el coyote juega en el proceso migratorio. Los medios de comunicación han construido esta imagen donde el coyote es lo peor, pero también algunas investigaciones académicas documentadas a partir de entrevistas han señalado que esto es así, es decir, que la mayor cantidad de abusos a los derechos humanos de los migrantes la hacen los coyotes. ¿Cómo lo ven ustedes?

-Yo vengo de una aldea chiquita de ahí de El Salvador y en los últimos tres meses ha habido diez personas que han salido de esa aldea nada más y han venido a Estados Unidos, y están en el centro de detención. Diez personas, incluyendo un menor de edad están detenidos en la frontera, todos traían un coyote. A mí me trajo un coyote. Y sí, el coyote era grosero… pero me trajo, es decir, sabía su negocio. Hoy es imposible traer a alguien sin tener que bregar de alguna u otra forma con las redes transnacionales del crimen, es imposible. Yo veo que los coyotes todavía existen, estos diez venían con coyote, todos. Yo no los voy a demonizar porque a mí me trajo uno y si no hubiera sido por él, no llego. Ahora si me preguntan a mí si le encargaría mi hijo o mi hija a uno de ellos yo no. Es otra cosa, yo no me atrevería a hacer eso. Nosotros preguntábamos a la gente deportada y ellos nos decían que los coyotes ahorita les dan tres intentos. Y que a veces el paquete por el que están cobrando siete mil dólares también puede ofrecer que si son dos personas, es por diez mil y también tres intentos. Hasta en esto debe haber una intervención. No hay ni siquiera un panfleto que explique de forma popular cómo funciona la industria del coyote, para que la gente sepa. Ni eso hay, lo que sí ha sido parte de nuestro viaje era saber por qué los niños están viniendo y lo que sí pudimos encontrar es que es cierto, que los coyotes están yendo a las vecindades y hay un esfuerzo de reclutamiento.

-¿El coyote está haciendo mercadeo y ofreciendo su servicio para los menores?

-Sí, y les ha dicho a la gente que a los niños los dejan salir, que no hay problema. Pero eso también es un secreto a voces. No requiere mucha ciencia entender esto. No es el común denominador, no es lo más común, lo más generalizado como causa para migrar es la reunificación, la extrema pobreza y la violencia. Entonces, de los diez migrantes que vienen de mi cantón por ejemplo hay cuatro que tienen temor, que sí su vida está en peligro, para los demás es que aquí está su papá o su mamá. Simplemente no hay nada de trabajo en el cantón y la gente tiene que salir. Esto es lo que estamos viendo.

-Y cuál es la agenda ahorita del movimiento en favor de los derechos de los migrantes. ¿Qué se viene ahorita en este momento que cada vez es más electoral?

-Bueno, estamos navegando un mar de intereses, en nuestro movimiento hay organizaciones cuyo trabajo es proteger la administración Obama, garantizar que el vot
o latino sea un voto demócrata, no solo para las elecciones que vienen sino para las futuras generaciones. El voto latino fluctúa. Bush sacó un 44% de voto latino, esas consideraciones se están llevando a cabo. Dentro del movimiento tenemos ese debate, pero ahorita tenemos un solo objetivo: el presidente y qué tan lejos va a ir con la reforma administrativa. Estamos tratando de crear la presión máxima para que El Presidente otorgue un alivio administrativo que abarque el mayor número de gente posible. Nuestra función es hacer merecedores a los que en el discurso no merecen ser beneficiarios de la reforma. Nuestra función es que el gobierno entienda que la persona que va pasando la frontera en este momento tiene los mismos derechos que quienes llevamos treinta años en EE.UU.

De las victorias agridulces que hemos obtenido en nuestro movimiento ha sido disminuir el número de deportaciones al interior del país. Por todo el activismo. Lo que ha sucedido es que el presidente ha reenfocado todos sus recursos en la frontera, entonces el 70% de las personas deportadas ahorita son capturadas en la frontera, en 2009-2010 era al revés. Y el problema es que los que están cruzando la frontera son una realidad mucho más abstracta para muchos. ¿Cómo defender al que no se conoce, al que nunca se ha visto y que viene caminando en este momento por el desierto? Nosotros creemos que la persona que ahorita va caminando es igualmente digna que la que ha estado aquí treinta años. Esto es nuestro trabajo.

 

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