Votar con conciencia social

Guatemala

En año electoral, el contexto y la oferta política se complican con las alianzas de los populismos de derecha en el Congreso y la presión neoliberal de grupos elitistas. El gran problema del país es la pobreza, pero hoy su combate por la vía política es denostado por quienes afirman que produciendo más riqueza, se solucionará. La sociedad debe diferenciar las propuestas serias del resto. 

 Jaime Barrios Carrillo-Siglo 21 (Guatemala) 

Estamos en año electoral y en un escenario político normal; es decir un país que no fuera Guatemala, los debates políticos se enfocarían en los problemas centrales del país: pobreza, inseguridad, salud deficiente, carencias educativas, etc. Todos los problemas cabrían dentro de la situación de pobreza.

Pero el contexto y la oferta política se complican con las alianzas de los populismos de derecha en el Congreso y con la presión neoliberal de grupos elitistas y poderosos. No hay programas sociales, sino hay componendas y corruptela.

La pobreza no es una cuestión abstracta. Los pobres son reales y son millones. En Costa Rica, por ejemplo, durante las últimas elecciones celebradas el año pasado, el debate giró mucho en torno a la pobreza creciente. Todos los partidos, presentaron planes y programas para combatir la pobreza y la corrupción.

En la Guatemala del siglo pasado, fue considerado comunismo el hablar de la pobreza. Hoy, la derecha extrema reciclada en ideologías neoliberales condena todo lo que sea combatir la pobreza por medio de la política y lo considera populismo.

Defienden el sistema excluyente que conforma las relaciones económicas, sociales y culturales de los guatemaltecos, afirmando que la pobreza no tiene causas. Lo que hace falta es producir más riqueza, afirman.

A los que se oponen a las anteriores ideas, se les endilga el estigma de estatistas (cuando no comunistas, siguiendo una tradición rabiosa de las élites del país). Se les recuerda a los “disidentes” que reclaman justicia social, que el comunismo colapsó en Rusia y que mejor se vayan a Cuba.

“Se trata de una encrucijada donde el movimiento ciudadano y social puede aportar obligando a los partidos a estar a la altura de las circunstancias. Importante diferenciar el discurso populista de las propuestas serias, cuyas metas son la reducción de la pobreza y la democratización del país. Es una responsabilidad social “

En suma: el Estado no debe meterse en cuestiones de economía, ni debe tener políticas sociales y hay que bajar los impuestos al mínimo. Sin embargo, no reconocen lo contrario: que los empresarios no se metan a manejar el Estado.

La pobreza tiene siempre causas. Y el Estado no puede resolverlo todo, pero sí debe ser un motor en la educación general, la salud pública y en la democratización del crédito y el apoyo a la mediana y pequeña empresa.

Desde luego, debe proteger la vida de los ciudadanos y sus propiedades (aunque demasiados guatemaltecos no poseen más que la vida).

La problemática se complica extremadamente a causa de la debilidad de los partidos políticos, ya que la clase política ha demostrado su incapacidad y su histórica corrupción.

También por la manipulación de los populismos de derecha que ofrecen lo que no pueden cumplir, pues lo que pretenden es el uso del poder para enriquecerse.

Se trata de una encrucijada donde el movimiento ciudadano y social puede aportar obligando a los partidos a estar a la altura de las circunstancias. Importante diferenciar el discurso populista de las propuestas serias, cuyas metas son la reducción de la pobreza y la democratización del país.

Es una responsabilidad social, es decir, de todos los guatemaltecos. La encrucijada entre el populismo de derecha y el neoliberalismo de derecha debe ser superada con un voto consciente a las opciones con sustento.

 

Leer el artículo aquí