En Río de Janeiro, hasta el Cristo Redentor se puso el tapabocas

El mayor símbolo turístico de Brasil lució una máscara proyectada en su rostro como parte de la campaña sobre la importancia de su uso durante la pandemia de coronavirus. Mientras tanto, el presidente Jair Bolsonaro desafió las medidas de aislamiento social y volvió a encabezar una marcha contra el Congreso y la Corte Suprema.

El Cristo Redentor fue cerrado al público a mediados de marzo, pero desde entonces su imponente figura estilo Art Decó ha servido para exhibir mensajes de solidaridad destinados al personal sanitario y al resto de países golpeados por la covid-19.

Esta vez, el monumento situado en la cima del cerro de Corcovado apareció con una máscara que tapó su boca y nariz, un gesto con el que recomendó su uso a fin de frenar los contagios de coronavirus. Sobre su cuerpo de piedra proyectaron un corazón rojo cubierto igualmente con una máscara y debajo aparecía escrita la leyenda»La máscara salva».

El estado de Río de Janeiro, el tercero más populoso de Brasil, con unos 17 millones de habitantes, es uno de los más golpeados del país con 1.019 muertes y 11.139 casos confirmados de coronavirus, según el balance del Ministerio de Salud divulgado este domingo. El país ya registra 7.025 fallecidos y 101.147 contagios desde el pasado 26 de febrero, cuando se notificó el primer caso de coronavirus en el país.

Las autoridades de algunas ciudades, entre ellas Río de Janeiro y Sao Paulo, ya han decreto el uso obligatorio de máscaras en los establecimientos comerciales esenciales, como supermercados y farmacias, y en la red de transporte público.

Bolsonaro sigue con su agenda contra la Corte y el Congreso

Mientras el Cristo Redentor instaba al uso de tapabocas y la cifra de muertes por coronavirus en Brasil superaba las 7 mil, el presidente Jair Bolsonaro volvió a participar de una manifestación de simpatizantes frente al palacio presidencial del Planalto, en Brasilia.

Acompañado esta vez por su hija Laura, de nueve años, el mandatario se acercó a los manifestantes, alzó a un niño y ayudó a sus seguidores a extender una enorme bandera brasileña, sin respetar la distancia entre personas y por momentos sin el tapabocas puesto.

El acto fue parte de la escalada del bolsonarismo contra el Congreso y la Corte Suprema, además de otra expresión de rechazo a las medidas de aislamiento dictadas en varios estados contra el coronavirus. Bolsonaro afirmó allí haber llegado «al límite» y dijo que las Fuerzas Armadas y «el pueblo» están de su lado.

Algunos fotógrafos y periodistas que cubrían el acto fueron agredidos verbal y físicamente por manifestantes hasta que consiguieron expulsarlos del lugar.

«Le ruego a Dios que no tengamos problemas esta semana porque llegamos al límite. No hay más conversación, de aquí para adelante, no solo exigiremos, haremos cumplir la Constitución y será cumplida a cualquier precio», expresó Bolsonaro.

Esta es la segunda vez que el jefe de Estado participa en un acto calificado de antidemocrático por la oposición y las organizaciones de derechos humanos. El pasado 19 de abril, Bolsonaro acudió otra manifestación similar en la que se pidió una intervención militar y la vuelta del llamado Acto Institucional 5 (AI-5), lo que generó el rechazo generalizado de todo el arco político.

El AI-5 fue un paquete de medidas aplicado en 1968 durante la dictadura militar (1964-1985) y mediante el cual se aumentó la represión, se proscribió a varios partidos políticos y se cesó a decenas de parlamentarios opuestos al régimen.

Las manifestaciones también rechazan las medidas de aislamiento social impuestas en la mayor parte de Brasil para contener la pandemia de coronavirus. Bolsonaro volvió a asegurar que los brasileños «quieren trabajar».