En Paraguay hay soja pero faltan tomates

La expansión de los monocultivos ha generado en Paraguay una merma sustancial en la producción de hortalizas y el país se ve obligado a importar algunas de ellas, como el tomate. Esto implica un incremento de los precios para el consumidor. El gobierno atribuye el déficit de cultivos de verduras al calor, la sequía y la falta de inversión tecnológica de los pequeños productores. Pero, parte del problema de la suba de la temperatura se debe a la deforestación que se ha realizado para ampliar la frontera agrícola-ganadera.

 Paulo López – E»a (Paraguay)

La producción de commodities como la soja ha avanzado en perjuicio de los rubros alimenticios que demanda el mercado interno, en especial los productos frutihortícolas. El caso más emblemático de la actualidad es el del tomate, cuyo costo por kilo supera los 17.000 guaraníes, prácticamente igualando el precio del vacío, que es ofrecido en algunos supermercados a 20.000 guaraníes el kilo.

Respecto a esta tendencia, la investigadora Milena Pereira Fukuoka afirma en su libro “El Estado y la garantía del derecho a la alimentación adecuada en Paraguay” que “en forma concomitante con la expansión de la frontera agroganadera se generó la reducción de la producción de alimentos diversificados para consumo local. La priorización de la producción para la oferta exportable y el debilitamiento y reducción de las unidades productivas familiares campesinas, incidirían en dicha dinámica”.

La autora ofrece un cuadro que grafica este movimiento. En 1978 se habían producido 333.130 toneladas de soja, para 1988, 1.407.360 t; para 1998, 2.855.740 t; para 2008, 6.311.790 t. Siguiendo este patrón, para 2013 se produjeron 10 millones de toneladas de soja, de acuerdo a los datos de la Asociación de Productores de Soja, Oleaginosas y Cereales del Paraguay (APS), en una superficie superior a las 3 millones de hectáreas. 

«De acuerdo a las estadísticas del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), en 2013 solo se produjeron 45.000 toneladas de tomate sobre una demanda total de 165.000 toneladas. El déficit fue suplido con la importación, trayendo como consecuencia altos precios y aumento de la dependencia alimentaria»

En contrapartida, en 1978 se produjeron 56.000 toneladas de tomate, para 1988, 55.801 t; y para 1998, 65.314 t. Si bien se observa que la evolución no es lineal, ya que en 1998 se experimentó un ligero repunte, para 2008 ya ni siquiera hay registros, ya que en dicho año la producción de tomate no aparece entre los primeros 13 rubros que registra la FAO.

De acuerdo a las estadísticas del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), en 2013 solo se produjeron 45.000 toneladas de tomate sobre una demanda total de 165.000 toneladas. El déficit fue suplido con la importación, trayendo como consecuencia altos precios y aumento de la dependencia alimentaria.

Una publicación del diario La Nación del año pasado señalaba que la producción de tomate experimentó una caída del 49%. De acuerdo a los datos, el volumen de cosecha del año 2006 estuvo en torno a las 88.070 toneladas; mientras que en el 2012 fue de 45.255 toneladas. Para 2013 se calculó un modesto incremento del 0,9%, totalizando una producción de 45.707 toneladas.

Sequía y tecnología

El ministro de Agricultura y Ganadería, Jorge Gattini, atribuyó la escasa producción –y el consecuente aumento de los precios– al calor, la sequía y la supuesta falta de inversión en tecnología de parte de los productores.

“Tenemos que producir más. Para eso, los productores deben hacer innovaciones tecnológicas, como sistemas de riego y media sombra en las huertas”, declaró el secretario de Estado a la 970 AM.

Por su parte, la Ing. Agr. Margarita Franco, técnica de la Asociación de Productores Orgánicos (Apro), coincidió en atribuir el fenómeno a los factores climáticos, específicamente a la prolongada sequía, y a la escasa asistencia técnica a los pequeños productores. Precisó que por la falta de infraestructura en la actualidad prácticamente no se producen tomate y lechuga durante el verano.

A su vez, las altas temperaturas están vinculadas a la acelerada deforestación producto del ensanchamiento de la superficie acaparada por el agronegocio.

«En los lugares donde antes se extendían cultivos de hortalizas ahora se observan grandes extensiones de la oleaginosa. “En amplias zonas la soja llega hasta la ventana del pequeño agricultor, cuya producción es desplazada por los rubros intensivos»

Al ser consultada sobre el efecto de la expansión de la superficie de soja, contestó que efectivamente en los lugares donde antes se extendían cultivos de hortalizas ahora se observan grandes extensiones de la oleaginosa. “En amplias zonas la soja llega hasta la ventana del pequeño agricultor, cuya producción es desplazada por los rubros intensivos”, aseveró.

Franco también apuntó al efecto de las fumigaciones masivas, que representan una amenaza a los productos que no están genéticamente modificados para soportar el glifosato. Mencionó que los cultivos transgénicos tratados con estas sustancias están aumentando las dosis por la resistencia de las plagas y que además las pulverizaciones se realizan sin las precauciones debidas, contaminando la producción agrícola y las reservas de agua de los pequeños productores.

 

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