En la piel de Cantinflas

México

Oscar Jaenada fue el elegido para interpretar al mítico Mario Moreno en la película de Sebastián del Amo que recrea la vida de Cantinflas. Ni bien empezó el rodaje, lo criticaron porque para la prensa no debía ser él quien representara al cómico. En una entrevista, el actor que se pondrá en la piel de Moreno asegura que este es uno de los papeles más difíciles de su carrera. 

Diariolasamericas.com

Javier Molina- Gatopardo (México) 

Pronto se estrenará Cantinflas, una cinta que revive los momentos más importantes de la vida y obra del célebre Mario Moreno. La elección del español Óscar Jaenada como protagonista de la película provocó innumerables críticas y una gran polémica. Gatopardo estuvo presente durante el rodaje en la Ciudad de México, al que pocos medios tuvieron acceso, y presenció los momentos más intensos detrás de las cámaras. Luego acompañó a Jaenada en su día a día en Madrid. El actor, que algunos comparan con Bardem, cuenta por qué este es uno de los papeles más difíciles que ha tenido que interpretar.

“Lo más duro fue cuando empezó la polémica y no se había rodado ni una sola toma.”

El chico de lentes oscuros pedalea con ganas por las vías del centro de la Ciudad de México. Atraviesa el parque de la Alameda sorteando los miles de peatones que encuentra a su paso. Cuando llega al Palacio de Bellas Artes frena la bicicleta para contemplar la mole cristalina de la Torre Latinoamericana. El chico es más bien alto, delgado y algo pálido, viste una sudadera negra sin mangas que remarca dos brazos musculosos, tiene rasgos afilados y un flequillo. Un grupo de chicas lo miran con un gesto coqueto. Él se quita los lentes durante un segundo y sonríe. Ninguno de los caminantes podría imaginar que se trata del encargado de revivir a Mario Moreno en la pantalla grande. Se llama Oscar Jaenada, nació en Barcelona hace 39 años y es el protagonista de la nueva película inspirada en la vida del comediante mexicano. Cuando se anunció que interpretaría a Cantinflas se desató una polémica intensa.

Conocí a Óscar al comienzo del rodaje, en junio de 2013, cuando llegué al set situado en la calle Donceles, a dos cuadras de Bellas Artes. El despliegue de medios era impresionante: carros antiguos, carteles, cámaras, focos, pantallas, decenas de actores vestidos de época y —por todos lados— vigilantes que impedían entrar a los extraños. Todo giraba alrededor del protagonista con el objetivo de mantener en secreto cualquier detalle. Reconocí a Óscar poco antes de entrar en la zona acordonada. Las películas que protagonizó, sobre todo Noviembre (2003) y Camarón (2005), me causaron gran impresión hace unos diez años, cuando parte de la prensa española lo llamó “el nuevo Javier Bardem”. 

“¿Tú quién chingados eres?”, me dijo un moreno corpulento que me agarró del brazo. “Viene conmigo”, le respondió Óscar. El vigilante soltó mi brazo inmediatamente y me pidió disculpas. Después de saludar a una docena de curiosos y hacerse fotos con otros tantos, Óscar me llevó a su camerino, quizás para sincerarse o quizás para aislarse de toda la locura que le rodeaba en esos primeros momentos. Me encontré con un chico nerviosísimo, con la mirada perdida y las rodillas en perpetuo movimiento. Nos sentamos uno frente al otro y comenzamos a charlar. Me dijo estar muy tranquilo y muy seguro de que lo iba a lograr. Pero los gestos, los tics, los titubeos en su voz, usualmente grave e imponente, denotaban lo contrario. No podía disimular la presión.

“Mario Moreno fue, sin duda, uno de los grandes mitos del cine de este país. Le apodaron ‘el Chaplin de México’ y fue el símbolo de la identidad moderna mexicana. Mucho más que un cómico, Cantinflas es hoy una figura histórica sacrosanta e intocable, al nivel de Maradona en Argentina o el Che Guevara en Cuba.”

La película se estrenará el próximo 19 de septiembre en México, en medio del pleito familiar sobre la herencia del artista que, tras 19 años de luchas judiciales, fue otorgada a Eduardo Moreno Laparade, el sobrino del actor. Sin embargo, su hijo, Mario Moreno Ivanova, le vendió los derechos de la biografía a la productora Kenio Films y se vinculó directamente al filme como productor asociado. “El fallo judicial no nos afecta”, aclara el director de la película, Sebastián del Amo.

Mario Moreno fue, sin duda, uno de los grandes mitos del cine de este país. Le apodaron “el Chaplin de México” y fue el símbolo de la identidad moderna mexicana. Mucho más que un cómico, Cantinflas es hoy una figura histórica sacrosanta e intocable, al nivel de Maradona en Argentina o el Che Guevara en Cuba.

Un año después, a finales de mayo del presente año, Jaenada rememora sus primeros días de rodaje. Estamos en La Mordida, un lugar paradigmático para los mexicanos que viven en Madrid. Situado en pleno casco histórico, esta cantina fue el escenario en el que Joaquín Sabina escribió la más mexicana de sus canciones: “El bulevar de los sueños rotos”. En sus muros se puede reconocer a los revolucionarios Zapata y Villa, a los omnipresentes Rivera y Kahlo, al Chavo del Ocho, a Pedro Infante, a Negrete, al Subcomandante Marcos, a Luis Miguel y, claro, a Cantinflas.

Esta vez Óscar llega en moto, una vespa negra con la que asegura haber vivido mil y un aventuras. “Recuerdo una noche en la que conduje por todo Madrid con Benicio del Toro a mis espaldas”, cuenta. El Jaenada madrileño exhibe una melena crecida y recogida en una coleta. Viste una gabardina gris con piel de zorro a las espaldas y luce un anillo dorado y gigantesco con forma de tigre. “Tráiganos las dos primeras cervezas, por favor”, le pide al mesero.

“¿Cuál fue el momento más duro del rodaje?”, le pregunto tras el primer trago. Óscar no tiene que pensar la respuesta ni medio segundo: “Lo más duro fue el comienzo, cuando todo el equipo y los extras estaban constantemente pendientes de mí. Cuando había páginas y páginas en la prensa polemizando sobre mi elección como protagonista, aún cuando no se había rodado una toma”.

 

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