Emir Sader: “El consenso social en Brasil sigue vigente”

Por Agustina Arredondo (Caras y Caretas)

Mientras los analistas políticos anuncian la nueva ola fascista en América latina, inaugurada por la asunción del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil, Emir Sader pone un freno y enfatiza que no se debe pensar su victoria electoral “necesariamente en términos de extrema derecha”. Este politólogo y sociólogo, uno de los intelectuales más cercanos a los ex presidentes Lula da Silva y Dilma Rousseff, explica el triunfo de este nostálgico de la dictadura, misógino, homofóbico y racista con tres pilares.

Por un lado, la insoslayable proscripción de Lula que lo recluyó en la prisión de Curitiba y les negó a millones de brasileños la oportunidad de reelegirlo.

Por otro, una novedad en la política latinoamericana que ya se había probado en los Estados Unidos durante las elecciones de 2016: las temidas fake news, que fomentaron un “riesgo moral” consolidado por las iglesias evangélicas. Sin embargo, el factor fundamental que Sader identifica en el ascenso de Bolsonaro es el colapso de la centroderecha moderada liberal, encarnada en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

“Votaron a Bolsonaro porque fue lo que les quedó”, sintetiza en esta entrevista, al explicar que lo fundamental para la elite fue y es –para tener en cuenta ante los próximos comicios regionales– “derrotar a la alternativa popular de la forma que sea”. Los riesgos de un gobierno que se nutre de militares, Chicago Boys y jueces que hacen de la judicialización de la política una forma de vida.

–Era en México donde la derecha priísta tenía lugar, pero ahora allí triunfó la izquierda, con AMLO. Y en Brasil, al que usted definió en algún momento como “el eslabón más débil del neoliberalismo”, asume Bolsonaro. ¿Cómo se puede explicar esto?

–Es un producto directo del gobierno del PT. Las transformaciones que se han implementado han afectado los intereses y conciencia de la derecha, que ha acumulado rencor en contra del PT y de los gobiernos que tienen un compromiso con los trabajadores. No se puede comprender la victoria de Bolsonaro sin pensar en la prisión arbitraria de Lula, porque las encuestas daban que ganaría en primera vuelta. No es un viraje global de la opinión pública hacia la derecha, porque si él hubiese seguido, habría ganado. El consenso social en Brasil sigue vigente.

–Sin embargo, muchos de los votos para Lula fueron capitalizados por Bolsonaro, ¿por qué se dio ese traspaso?

–No hubo tiempo para hacer la transferencia de los votos de Lula hacia Fernando Haddad. En la semana en que se dio el viraje, Haddad por primera vez pasó delante de Bolsonaro, por lo tanto el proceso de transferencia estaba ocurriendo. Antes de esa semana, que terminó con una gran manifestación de las mujeres contra Bolsonaro, vino esa campaña monstruosa en las redes. La foto de un biberón con un órgano sexual masculino, como si Haddad como ministro de Educación los hubiera repartido en las escuelas. Entonces, de verdad hubo una deformación de la opinión pública que fue consolidada por las iglesias evangélicas, pero mientras Lula estaba como alternativa, esos elementos estaban neutralizados absolutamente. Uno que iba a votar por uno terminó votando por el otro porque borró de su cabeza el tema social y pasó a votar por ese riesgo moral, pero no es una conversión de votos normal. Por un lado, la campaña fue muy corta y tuvo que contestar esas cosas y pasar a la defensiva. Por otro lado, el Tribunal Superior Electoral dejó pasar la denuncia de Folha de São Paulo de que eran grandes empresarios con nombre y apellido los que habían financiado las fake news. Hubo una complicidad de judiciarios. En esto quiero llamar la atención de la Argentina en particular, pero también de Bolivia y de Uruguay, de cómo pueden darse esas manipulaciones, sobre todo en la recta final de una campaña electoral.

–¿Hay que prestar más atención a estos nuevos fenómenos, a la influencia que tienen las redes sociales en las decisiones electorales de buena parte de la población?

–Una cosa son las redes, la utilización de robots que se pueden usar para multiplicar su mensaje, pero algo muy distinto son las noticias falsas. Esto empezó muy fuertemente con Donald Trump en contra de Hillary Clinton, que ahora sabemos fue decisivo en la diferencia electoral. Era un mecanismo que se estaba poniendo en práctica, y en Brasil actúan además con la complicidad del judiciario, en el marco de una judicialización de la política. Es una Justicia que es implacable hacia dirigentes de izquierda y absolutamente complaciente con las actividades de la derecha. Entonces, ganó un tipo absolutamente descalificado. Yo osaría decir que el peor de los brasileños fue elegido y el mejor de los brasileños está preso para que no se lo pueda elegir.

–¿Y entonces por qué los brasileños permitieron el ascenso de una figura que sostiene estos discursos reaccionarios y reivindica abiertamente la dictadura? ¿La voz de Bolsonaro se puede rastrear en la sociedad brasileña?

–En una minoría de extrema derecha es posible, pero lo fundamental fue que en Brasil la Social Democracia de Fernando Henrique Cardoso se desplomó. Lo similar a una eventual victoria electoral de la derecha en la Argentina es Mauricio Macri. Lo esencial no es el discurso de la extrema derecha sino derrotar a la alternativa popular de la forma que sea. Si hubiese un candidato de centroderecha con prestigio, apostarían por él. Apostaron por Bolsonaro porque fue lo que les quedó, dado que se rompió el campo de la centroderecha moderada liberal de la Social Democracia. Entonces, lo similar a lo que pasó este año en Brasil no es necesariamente un grupo de extrema derecha, es Macri. No hay que pensar necesariamente en términos de extrema derecha.

–¿La asunción de Bolsonaro generará un efecto rebote en otros países de América latina? ¿Hay algún riesgo de que se refuerce el discurso de los gobiernos que ya construyeron una nueva hegemonía neoliberal, por un lado, pero además que se abra la puerta para nuevas y más reaccionarias fuerzas conservadoras?

–Lo esencial para los neoliberales es derrotar a los gobiernos progresistas. Lo fundamental para ellos es sacarlos del gobierno. La elite brasileña ya demostró que está dispuesta a apelar a la extrema derecha para hacerlo. Si las fuerzas de derecha en la región también tienen que apelar a la extrema derecha, creo que están dispuestas a hacerlo. Si tienen que apelar a sectores liberales para que se unifique toda la oposición, lo van a hacer, como a lo mejor podrían llegar a hacer en Uruguay. En la Argentina, lo esencial es derrotar a Cristina; el personaje fundamental de la historia brasileña es Lula, como lo son Néstor y Cristina. El fenómeno fundamental son sus ansias por impedir que la izquierda vuelva a dirigir los países.

–¿En este contexto, cuál será la suerte de la integración latinoamericana, cuyos espacios, como la Unasur, ya se están viendo debilitados?

–América latina se desintegra. La opción preferencial de alianza con los Estados Unidos de la Argentina y Brasil inviabiliza cualquier proceso de integración. Además, López Obrador está amarrado por el TLC con Canadá, por lo tanto no puede hacer ninguna acción de integración hacia la región. Aunque sea reelegido Evo Morales, él, el Frente Amplio y Nicolás Maduro no serán suficientes para recomponer los espacios de integración.

–Usted dijo recientemente que de todo lo que ha ocurrido en Brasil no hay nada que pueda ser explicado sin referirse a Lula, al hablar de él como el “personaje del año” en 2018. ¿Cree que Bolsonaro será este 2019 el personaje del año? ¿Qué futuro vaticina para su gobierno?

–No lo va a ser. Él ya montó su gobierno, que tiene tres bases clave: los sectores militares, de la política económica, estilo Chicago Boys, y Sérgio Moro, que es la parte judicial del gobierno. De alguna manera, la estructura ya prescinde de él. No va a tener protagonismo porque no tiene personalidad para hacerlo, tiene una sola cara y es la agresividad. No tiene capacidad de cohesión. Sólo puede ser el personaje del año en el sentido negativo de la palabra, como protagonista de una crisis brutal. Su política económica lo llevará a un desgaste rápido, como pasó con Michel Temer y como pasó con Macri. Las suyas serán medidas más radicalizadas, porque tiene gran parte del equipo económico de Temer pero llevará adelante un proceso de privatización más radical y profundizará la crisis social del país.

–Ya que lo mencionaba previamente, ¿cómo funcionará un gabinete compuesto por militares? Las denuncias de los movimientos de derechos humanos, del colectivo LGTBIQ y de la comunidad negra se están haciendo escuchar.

–Él no tiene un equipo político, por eso se fue a apoyar directamente en los militares, retirados en buena parte, pero que claramente representan la ideología militar. Hoy en día ya no tienen más nada de nacionalistas, están adquiriendo una política neoliberal de privatización y desarticulación del Estado. Por otro lado, los sectores más frágiles, por así decirlo, tienen miedo. El ataque contra los LGTBIQ es muy significativo porque la derecha moraliza en defensa de la familia, de los niños, y Bolsonaro los hace ver a ellos como una anomalía. Ya hay hoy en Brasil un efecto de esta amenaza, cuando dice que la educación sexual la tienen que impartir las familias y no la escuela. Se aceleraron los casamientos pendientes LGBTIQ y además se ven poco o nada parejas homosexuales que estén de la mano por la calle. Ya hay preventivamente, y con razón, una actitud de retroceso. Pero como dice la canción famosa en Brasil, toda forma de amor vale la pena, hay que dejar que cada uno viva su amor de la forma que desee.

*Entrevista publicada en Caras y Caretas