Elecciones distintas pero similares

Brasil y Uruguay

Este domingo se definirá el futuro de dos países latinoamericanos. Aunque sus efectos sean incomparables, los resultados de los comicios de Brasil y Uruguay impactarán en el rumbo del continente. Ambos tendrán que decidir entre la izquierda o la derecha. No obstante, el voto de los brasileros influirá mucho más en las relaciones económicas y el futuro político de la región. 

Tabaré Vázquez, candidato del Frente Smplio- Foto: La RepúblicaWalter Mriño- Miradas al Sur (Argentina) 

La política, la vida, el destino, como los ríos y arroyos que avanzan entre las piedras, tienen rumbos inesperados, atraviesan paisajes desconocidos, nuevos para los ojos inexpertos del cronista. Atraviesan entonces momentos plácidos, los menos, se arremolinan las aguas ante escollos inesperados. Los políticos orientales miraron primero su propio paisaje, luego quedaron absortos, cautivados por ese fenómeno que venía del norte. Era la geografía, la economía que finalmente se imponía. Brasil, al igual que Uruguay, se dispone a elegir en siete días, en elecciones distintas pero iguales, su destino de los próximos años. Y uno influye sobre el otro, por peso específico, por historia. 

En una semana, dos disputas electorales mostrarán el rumbo que tendrá esta parte del continente. No hay equivalencias, claro. En Brasil 143 millones de personas elegirán a Dilma o Aécio. En Uruguay, 2 millones 700 mil personas decidirán si el Frente Amplio, con Tabaré Vázquez (74 años) como su nave insignia o los partidos “tradicionales”, blancos y colorados, con Lacalle Pou (41) y Pedro Bordaberry (54), al frente, dirigirán ese país. Lo que ocurra en Brasil impactará de lleno en la política local, pero la política, la vida, el destino determinaron que todo se juegue al mismo tiempo. A la misma hora. Por eso, algunos jugadores se definieron con anticipación.

“A virada já comecou”, gritó Pedro Bordaberry en un portuñol berreta: estaba días atrás, en la ciudad de Rivera, ciudad de frontera, ésa que está separada por una calle que en algunos tramos quiere ser un boulevard, de Santa Ana do Livramento.

Acompañado por su candidato a vice, Germán Coutinho, Bordaberry se encontraba en plena gira proselitista cuando se enteró de los resultados en la primera vuelta de Brasil.

Si Neves, que iba tercero en las encuestas fue quien al final pasó a la segunda vuelta porque en Uruguay no puedo ser yo, se preguntó. Se imaginó por unos segundos remontando la cuesta: “Hay una mayoría silenciosa, que no se expresa, esa mayoría uruguaya que está callada hasta los últimos días y recién ahora se empieza a manifestar”. En Brasil, dijo “faltando 20 días, Aécio Neves estaba tercero y las encuestas le daban 15%, el día anterior le daban 22 o 23% y cuando abrieron las urnas, no estaba tercero sino que además iba al balotaje”. “Aécio no le creyó a las encuestas y no se dejó ganar por ellas”, expresó.

“Lo que ocurra en Brasil impactará de lleno en la política local, pero la política, la vida, el destino determinaron que todo se juegue al mismo tiempo. A la misma hora. Por eso, algunos jugadores se definieron con anticipación”

Lacalle Pou no tiene gestión. Es de familia de prosapia política. Hijo de presidente: Alberto Lacalle, mentor del liberalismo noventista, bisnieto a su vez de Luis Alberto de Herrera, nacionalista, figura dominante en los primeros 50 años del siglo 20. Sus asesores le susurraron que debía atacar la “nomenclatura frentista”. La dirigencia que no se renovó, le dijeron. Vea esa foto, casi ancianos, agitando banderas perimidas. Los jóvenes que emigraban de la izquierda en un fenómeno extraño, pero no inédito, en el mundo globalizado. La clase que mejoró su nivel de vida con los gobiernos frentistas. En esa cantera, Lacalle Pou construyó su espacio. Informal, enemigo de la corbata, zapatillas. Marketineramente, le apuntó al Frente, a Tabaré: “Lo desafío a hacer la bandera”. Y posó como un joven gimnasta frente a los fotógrafos. Lo de hacer la bandera, justificó Loly, su mujer con la que tiene tres hijos, la primera fue en nuestra luna de miel. Es una pavada que siempre hace”, dijo. “Es una picardía, un juego”, agregó. Loly, en realidad Lorena Ponce de León, que quiere, cuida a su esposo y le curó el vértigo de las alturas, no de las candidaturas, con flores de Bach…

Según datos oficiales y no cuestionados por nadie, al igual que en años anteriores, en 2013 (último año medido en su totalidad), Brasil fue el primer destino de las exportaciones uruguayas (sin embargo, si se consideran las ventas desde zonas francas, el primer destino de las exportaciones uruguayas en 2013 pasa a ser China).

A la vez Brasil ocupó el segundo lugar como país proveedor de bienes a Uruguay, luego de China. El 19,1% de las exportaciones uruguayas tuvieron como destino Brasil. Durante 2013, el intercambio comercial bilateral registró, descontadas las compras de combustible, un superávit para Uruguay de US$ 87.410.322.

Así, las exportaciones uruguayas destinadas a Brasil totalizaron US$ 1.750.500.456, registrando una leve disminución con respecto a 2012; mientras que las importaciones fueron por US$ 1.663.090.134, presentando un incremento de 5,50% con relación al año anterior. En esos números está la clave de la relación. El primero que subrayó la disparidad que rompe con la presumible igualdad fue el presidente Mujica. “Uruguay es apenas un barrio de San Pablo”, dijo hace un tiempo.

Según una nueva encuesta de la consultora Equipos Mori, el 56% de la población aprueba la gestión del presidente José Mujica, mientras que el 27% la desaprueba y el 17% “ni la aprueba, ni la de­saprueba”. En cuanto a la evolución, la aprobación creció siete puntos en un mes. “Hoy es el líder político con mayor popularidad”, dijo el director de la consultora, Ignacio Zuasnábar. Años atrás, Tabaré Vázquez terminó su gestión con el 78% de aprobación. Números que guarda con veneración porque son su crédito, su patrimonio. 

Sin meterse, pero metiéndose en la campaña, el presidente Mujica afirmó en las últimas horas que creía que el Frente Amplio obtendría la mayoría parlamentaria en la primera ronda. “Sin mayorías en las Cámaras, aseguró con su particular estilo, el gobierno es una sopa boba.”

“Si Neves, que iba tercero en las encuestas fue quien al final pasó a la segunda vuelta porque en Uruguay no puedo ser yo, se preguntó. Se imaginó por unos segundos remontando la cuesta: ‘Hay una mayoría silenciosa, que no se expresa, esa mayoría uruguaya que está callada hasta los últimos días y recién ahora se empieza a manifestar’ ”

La última encuesta sobre los comicios también presentada por Equipos Mori indica que se mantiene estable la intención de votos en el Frente Amplio y el Partido Nacional, y hay un crecimiento del 4% del Partido Colorado. En tanto, el Partido Independiente creció a 4%, mientras el PERI y Unidad Popular se consolidan en 1%. Los votos en blanco o anulados alcanzarían un 2%, y se mantiene en 9% el número de indecisos.

El politólogo Ignacio Zuasnábar explicó que analizando los resultados de este estudio en comparación con el realizado en septiembre, existe “un crecimiento de los partidos que no están en el primer nivel de la competencia, a costa básicamente de una reducción de los indecisos”. En una encuesta anterior, el Frente Amplio tenía 40%, el Partido Nacional 28%, el Partido Colorado 11% y el Partido Independiente 2%.

“Mientras en el último mes los dos principales contendientes permanecen básicamente estables, se registra un crecimiento del resto de las opciones partidarias, particularmente del Partido Colorado, que podría lle
var a una fragmentación electoral mayor a la esperada”, añadió el analista.

Mientras algunos candidatos ensayan el portuñol en una suerte de provincia Cisplatina que no pudo ser por la rebelión de los tenientes artiguistas y otros creen que con cabriolas gimnásticas pueden convencer de su juventud, el Frente sigue su trabajo.

Se pudo escuchar de la boca de sus dirigentes la cautela optimista. Fueron sobrios en sus declaraciones. Aconsejaron no mirar tanto las encuestas y por lo tanto alejar el fantasma de la manipulación de la opinión pública, una de las especialidades de los grandes medios uruguayos y argentinos fundamentalmente.

Fueron aquellos dirigentes los que pusieron el acento en el trabajo departamento por departamento, barrio por barrio. Imaginaron cubrir el mítico Cerro de Montevideo con los colores artiguistas, mientras el negro Rada agitaba los cueros y llamaba al baile. 

Se pusieron al hombro la tarea de trasladar vecinos de un departamento a otro, organizando los viajes en micros, de la misma manera que otros se ocupaban de armar la delicada logística de trasladar miles y miles de uruguayos residentes en la Argentina.

El trabajo con las organizaciones sociales, con los sindicatos, podría acercar al deseo de muchos integrantes de las fuerzas progresistas: alcanzar una amplia mayoría parlamentaria (mínimo de 50 diputados y 15 senadores), para impedir cualquier acuerdo de las derechas que pondría un cepo al posible gobierno de la dupla Tabaré-Sendic, que tiene el compromiso programático de profundizar los cambios.

 

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