El matrimonio ideológico tripartito

Uruguay 

Los candidatos opositores mostraron muchas similitudes en el primer debate de los presidenciables: se empeñaron en criticar los logros del Frente Amplio y reclamaron un Estado no intervencionista y más liberal. Se separaron del todo de las propuestas progresistas de Tabaré Vázquez. Con sus dichos, reafirmaron que entre ellos hay un matrimonio ideológico electoral. 

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Hugo Acevedo- La República (Uruguay) 

El encuentro de los cuatro presidenciables en un foro organizado por las cámaras empresariales en la Rural del Prado corroboró, una vez más, las radicales diferencias entre la izquierda y la derecha.

El coloquio reafirmó la existencia de dos bloques ideológicos: el progresista, integrado únicamente por el Frente Amplio, y el conservador, que aglutina al Partido Colorado, al Partido Nacional y al Partido Independiente.

Obviamente, fueron más las coincidencias que las discrepancias entre los candidatos Pedro Bordaberry, Luis Lacalle Pou y Pablo Mieres, acorde con su reconocido apego militante a un modelo ortodoxo que está en crisis en todo el planeta.

Por más que el formato de la presentación no fue de debate, la circunstancia fue propicia para confirmar las sustantivas diferencias que subyacen entre ambos modelos de país, entre el talante transformador y el restauracionista.

Los tópicos que suscitaron mayores discrepancias fueron los relativos a las relaciones laborales, la reforma del Estado y la política tributaria.

En ese contexto, los tres candidatos de la oposición criticaron ácidamente al oficialismo, proponiendo “soluciones” que significan un claro retroceso hacia tiempos oscuros de nuestro pasado reciente.

Mientras los postulantes derechistas abogaron por un “Estado neutral”, reclamaron mayor flexibilidad, criticaron los avances en materia de libertad sindical y cuestionaron la Ley de Responsabilidad Penal del Empleador, Tabaré Vázquez defendió la participación del Estado como un actor protagónico y comprometido con las reformas consagradas durante la última década.

La neutralidad es un mero eufemismo discursivo y un subterfugio dialéctico. Lo saben bien los trabajadores, quienes fueron despojados de sus derechos durante los últimos gobiernos de la coalición rosada.

“Mientras los postulantes derechistas abogaron por un “Estado neutral”, reclamaron mayor flexibilidad, criticaron los avances en materia de libertad sindical y cuestionaron la Ley de Responsabilidad Penal del Empleador, Tabaré Vázquez defendió la participación del Estado como un actor protagónico”

También lo sabe la ciudadanía uruguaya, que fue víctima de la desregulación que permitió el vaciamiento de bancos y la debacle de nuestra economía en 2002.

Estas posturas constituyen un cabal testimonio de la connivencia de la derecha con los intereses del alto empresariado en contraposición a la posición de Vázquez, de fuerte sintonía con las demandas de los trabajadores, acorde con el talante de su gobierno.

Las políticas tributarias generaron disidencias, con la derecha alineada como siempre con los intereses de la oligarquía y el candidato del FA probando -con números- que la carga fiscal es una de las más bajas de la región, más allá de los retoques propuestos por el oficialismo.

Por supuesto, reafirmó su intención, si es electo, de promover la reimplantación del Impuesto de Enseñanza Primaria a los propietarios de predios rurales con más de 200 hectáreas, medida que es fuertemente resistida por los latifundistas.

Como si se tratara de un pelotón de fusilamiento, los presidenciables de la oposición dispararon sobre el candidato frentista, reconfirmando su reconocida alianza estratégica con los propietarios de los medios de producción y su divorcio de la clase trabajadora.

¿Para eso quieren debatir? Que debatan con los uruguayos sin soslayar sus culpas del pasado y se preocupen -de una buena vez-por los problemas reales de la sociedad.

Más que un “Estado neutral”, lo que promueve la derecha es un Estado neutro y prescindente de sus deberes constitucionales, que -por acción u omisión- permita que el gran capital sea el único articulador del mercado.

Un día después, el presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Rubén Echeverría, cerró filas con la oposición, defendiendo la libertad de mercado, sin acuerdos de precios, pisos, techos ni intervenciones.

Evidentemente, el matrimonio ideológico preelectoral está en luna de miel.

 

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