La propuesta conservadora

Uruguay 

De cara a las próximas elecciones, los sectores de la derecha proponen desactivar varias políticas implementadas por el Frente Amplio durante sus mandatos. La reforma constitucional para la baja de la edad de imputabilidad y la derogación de la Ley de la Marihuana son algunas de ellas. Un eventual gobierno entre “colorados” y “blancos” propondría una restauración conservadora.

El País

Editorial – Diario La República (Uruguay) 

En esta campaña electoral, los partidos históricos representantes de la derecha están exhibiendo una alarmante orfandad de ideas y de propuestas renovadoras.

La iniciativa más emblemática -la reforma constitucional para habilitar la baja de la edad de imputabilidad- no cuenta con el apoyo de uno de los sectores mayoritarios del Partido Nacional ni con el de algunas personalidades coloradas; también ha recibido el rechazo contundente de otros colectivos de la sociedad civil y a medida que pasa el tiempo cada vez se aleja más la probabilidad de que sea aprobada. Aparte de esta propuesta concreta, apenas se pueden mencionar algunas ideas más o menos vagas; entre ellas, la voluntad de Larrañaga de derogar la ley de la marihuana, la de Amorín de eliminar el IRPF o la de Lacalle Pou de “asentamiento cero”. Por supuesto que nada dicen acerca de cómo llevarán adelante tales propuestas.

Naturalmente, todos sabemos que un eventual gobierno de coalición entre blancos y colorados tratará por todos los medios de desmontar, concienzudamente, la obra de las dos administraciones de izquierda, lo que significaría una trágica restauración conservadora. Pero esa intención se guardan muy bien de hacerla pública porque no es “políticamente correcto” proclamar su ideología antipopular.

“Naturalmente, todos sabemos que un eventual gobierno de coalición entre blancos y colorados tratará por todos los medios de desmontar, concienzudamente, la obra de las dos administraciones de izquierda, lo que significaría una trágica restauración conservadora”

Así las cosas, es perfectamente explicable que no haya una campaña sustentada en propuestas, ideas e iniciativas. Por ello, los candidatos de ambos partidos tradicionales están basando su campaña -cada cual a su manera- en gestos, actitudes o desafíos que nada aportan al debate electoral. El caso más grotesco es el del candidato blanco, que parece centrar su estrategia en los intentos de descalificar al candidato frentista; todo empezó con la pirueta y siguió con guarangadas referidas, monotemáticamente, a la edad del adversario.

Pero el aspirante colorado a la Presidencia de la República -con un estilo radicalmente opuesto- no se queda atrás en la inconsistencia de su discurso. En efecto, no ha tenido mejor idea que proponer la firma de un compromiso contra la corrupción, como si la trayectoria del FA no ofreciera suficientes garantías al respecto. El senador Bordaberry parece haber olvidado que bajo los gobiernos frentistas son contados los casos de corrupción ocurridos, al tiempo que se ha combatido con rigor y eficacia una de las peores corrupciones: la de la Policía, algo que su partido -con años y años en el gobierno- fue incapaz de hacer.

Nos permitimos exhortar a los dos candidatos a elevar el nivel de la discusión.

 

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