Elecciones en Perú: Keiko Fujimori se afianza como segunda y entra en el balotaje

Con el 90 por ciento de los votos escrutados, la polémica candidata peruana Keiko Fujimori escaló del cuarto al segundo lugar y se metió en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú. La candidata del derechista partido Fuerza Popular alcanzó el 13,28% de los sufragios, por detrás del dirigente sindical Pedro Castillo, que acumuló 18,96% de los votos. 

Apenas conocidos los primeros avances que la ubicaban en el balotaje, Fujimori anunció que va a confrontar “al populismo y a la izquierda radical”, en alusión a Castillo, y confió en que serán “muchos los peruanos que se van a sumar” a su propuesta para llegar a la Presidencia porque no quieren ver convertido al país en “Cuba o Venezuela”.

La hija del expresidente preso Alberto Fujimori logró más de un punto de ventaja al tercero en competencia, Hernando de Soto del partido Avanza País, que reúne 11,90 % de votos. 

La candidata de Fuerza Popular también sacó de competencia al postulante ultraderechista Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, que sumó 11,86 % de votos.

Los resultados oficiales definitivos serán recién conocidos en mayo, según el presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

Una candidata que puede ir presa

Keiko Fujimori, de 45 años, se postula por tercera vez a la presidencia -perdió dos balotajes ante Ollanta Humala en 2011 y Pedro Pablo Kuczynski en 2016- pero esta vez está aún más comprometida por las acusaciones de corrupción que pesan en su contra.

La fiscalía la investiga por el escándalo del gigante brasileño de la construcción Odebrecht, que también salpicó a cuatro expresidentes peruanos. En ese marco, fue condenada a prisión preventiva entre 2028 y 2020 por los delitos de lavado de activos y organización criminal, entre otros.

De acuerdo a la denuncia, que alcanza a 40 implicados, Fujimori y la cúpula de su partido recibieron millonarios aportes ilegales de empresas en sus campañas electorales del 2011 y 2016, entre las cuales se encuentra Odebrecht.

Los fiscales quieren llevarla a juicio y ya anunciaron que pedirán una pena de 30 años de prisión contra Keiko por los presuntos delitos de “crimen organizado, lavado de activos, obstrucción a la justicia”.

Pero el juicio oral aún no tiene fecha de inicio, teniendo en cuenta que todos los procesos por el escándalo Lava Jato se retrasaron por la pandemia de la covid-19.

De ganar la presidencia, solo podría ser enjuiciada al finalizar su mandato de cinco años.

El partido creado por Fujimori también se enfrenta a la disolución, de acuerdo a la acusación fiscal, siguiendo la hipótesis de que fue una organización creada especialmente para recibir dinero. 

La hija del exmandatario, condenado a 25 años de cárcel por abusos a los derechos humanos, fue señalada de obstruccionista y vengativa cuando, al ser derrotada por Kuczynski en 2016, su numerosa bancada en el Congreso decidió manejar su propia agenda y rechazó todo tipo de consenso político con el Ejecutivo.

Problemas de familia

El fujimorismo promovió la destitución de Kuczynski por sus vínculos con Odebrecht, a pesar de que el exgobernante indultó a Alberto Fujimori.

Keiko y sus operadores políticos expulsaron a su hermano Kenji y a un grupo de partidarios que negociaron la excarcelación del expresidente con el entonces gobernante. En ese momento, a fines del 2018, Keiko buscaba alejarse de la figura de su padre y ser ella la única presencia de su familia en la dirección del partido.

A pesar de que prometió que no habría ningún Fujimori en los comicios del 2021, la exlegisladora asumió la nueva campaña presidencial dispuesta a retomar el bastión político de su padre en los sectores más conservadores y de derecha del país, y a tono con estos círculos, prometió “mano dura” bajo su eventual gobierno en los campos de la salud, la economía y la seguridad nacional.

Para la pandemia, el modelo Bolsonaro

A tono con otros ultraderechistas, Keiko Fujimori criticó los confinamientos dictados por el gobierno para controlar el avance de la pandemia, que superó los 1,6 millones de contagios y 54.000 fallecidos, y prometió que levantaría las cuarentenas para facilitar la recuperación de la economía y la reactivación de todas las actividades productivas.