Elecciones: el primer debate con Haddad como candidato del PT

Con la participación de Fernando Haddad, ya como sucesor del ex presidente Lula Da Silva en representación del PT, se realizó ayer el debate televisado organizado por la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil. El 7 de octubre, en poco más de dos semanas, los brasileros irán a las urnas para elegir al sucesor de Michel Temer.

Durante los dos primeros bloques del debate, el cuarto de este año, los siete principales candidatos presidenciales volvieron a abordar temas como desempleo, salud y especialmente corrupción.

El foco estuvo puesto principalmente en las políticas económicas y la mayoría de los participantes cuestionaron el modelo de país que propone el ultraderechista Jair Bolsonaro, al frente en la carrera electoral y quien se encuentra ingresado desde hace catorce días tras sufrir una puñalada en un acto de campaña.

Haddad, segundo con un 16 % de las simpatías, aprovechó su primer debate en televisión para defender el legado de su padrino político: “Lula hizo una de las mayores reformas tributarias, que fue colocar al pobre en el presupuesto”.

El exalcalde de Sao Paulo y exministro de Educación defendió el impuesto sobre la herencia y una mayor carga tributaria para los millonarios, pero fue rebatido por el laborista Ciro Gomes, con quien compite en el terreno de la izquierda.

Por otro lado, la ecologista Marina Silva y el exministro de Hacienda Henrique Meirelles cuestionaron algunas medidas propuestas por la persona de confianza de Bolsonaro en el terreno económico, Paulo Guedes, que recientemente defendió la creación de un impuesto semejante a la CPMF (sobre los movimientos financieros).

Alckmin, cuarto con un 9 % de los apoyos, volvió a apostar por las reformas, entre ellas la laboral, y en una mayor apertura del sector bancario en Brasil, “cuyos intereses son de los más caros del mundo, cuatro veces más que la media mundial”.

La ecologista Marina Silva, la tercera candidata más votada en las dos últimas elecciones presidenciales y cuya intención de voto bajó del 8 % al 7 % en una semana, insistió en una reforma tributaria para acabar con las “injusticias”.