El ultimátum del desarme

México

Las autodefensas michoacanas se resisten a desarmarse y ponen, a cambio, varias condiciones. Pero el gobierno de Enrique Peña Nieto, presionado por Estados Unidos, que quiere ver a estas organizaciones comunitarias armadas desmovilizadas, ya puso como plazo el 10 de mayo. Las autodefensas son vistas desde el gobierno como enemigas, aunque hay quienes afirman que son necesarias y que han hecho las investigaciones que permitieron varios éxitos oficiales.

Luis Hernández Navarro – La Jornada (México)

Desarmarse o no desarmarse, he ahí el corazón del pleito actual en Michoacán. Estados Unidos presiona para que las autodefensas sean desmovilizadas, el gobierno federal las emplaza a que dejen las armas y los alzados exigen que, antes de entregar un solo fusil, las autoridades cumplan con una serie de condiciones. Los tres han puesto sus ultimátum sobre la mesa. El 10 de mayo es la hora cero.

 El pulso se libra desde comienzos de año. El 9 de enero, el Departamento de Estado de Estados Unidos advirtió a sus ciudadanos sobre los riesgos de viajar en México debido a amenazas a la integridad y seguridad que representan organizaciones criminales trasnacionales (OCT) en ese país. Ciudadanos estadunidenses han sido blanco de violencia, como secuestro, asalto y robo a manos de OCT en varios estados. Michoacán ardía.

 La respuesta gubernamental no se hizo esperar. Cinco días después del comunicado estadunidense, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, emplazó a los grupos de autodefensa a regresar a sus lugares de origen y reincorporarse a sus actividades cotidianas, en tanto las fuerzas federales, en coordinación con las autoridades estatales, se hacían cargo de la protección y seguridad de los habitantes de la Tierra Caliente.

Los civiles armados no le hicieron mucho caso. El 12 de enero, después de un combate de dos horas, tomaron la comunidad de Nueva Italia, punto neurálgico en la ofensiva contra los caballeros templarios. Uno de los milicianos que participaron en la batalla le reviró al secretario de Gobernación: Que Osorio Chong venga a desarmarnos (…). Nunca va a venir, pero que lo intente ( El Universal, 14/1/14).

La estabilidad en Michoacán es importante para Washington. Desde ese estado mexicano parte uno de los corredores claves para el transporte de mercancías entre el Pacífico y el Golfo de México, el formado por la mancuerna del puerto Lázaro Cárdenas y el ferrocarril Kansas City. Desde allí se ha establecido un comercio privilegiado con China. Dos de cada tres aguacates que se consumen en el país vecino son cultivados en Michoacán y exportados, en su mayoría, por seis grandes empacadoras trasnacionales de capital estadunidense. Los michoacanos son la segunda comunidad de mexicanos más numerosa del otro lado del Bravo; 4 millones radican allí y mandan a su estado más de 2 mil millones de dólares al año.

“Por voz del doctor Mireles, reviraron que no los pueden desarmar. Sin armas cualquier pendejo en bicicleta nos va a matar, dijo el vocero en la comunidad de Nuevo Urecho. Simultáneamente aumentaron sus demandas: libertad de al menos 100 de sus compañeros presos; eliminar o detener a 20 mandos medios templarios; legalizar y otorgar personalidad jurídica a las autodefensas; in­tegrar a la policía estatal a sus miembros y restaurar el estado de derecho en Mi­choacán”

Comenzó entonces una soterrada puja por desmovilizar a las milicias y obligarlas a deponer las armas, que muy pronto provocó fuertes choques. El 14 de febrero, en la comunidad de Antúnez, el Ejército mató a tres civiles que se resistieron a ser desarmados. El gobierno federal se vio obligado a posponer la medida. El punto ha sido motivo de conflictos permanentes y un diluvio de declaraciones de funcionarios públicos, anunciando la inminencia y obligatoriedad de la medida.

El pulso alcanzó en días recientes su punto crítico. El gobierno federal tomó como rehén al líder de La Ruana, Hipólito Mora, al arrestarlo por ser el supuesto responsable de ordenar dos asesinatos; acusó de terrorismo a 17 guardias de Yurécuaro; dividió a los civiles armados, negociando con Juan José Farías, El Abuelo, y buscó desplazar de la vocería del movimiento a José Manuel Mireles. Argumentando el éxito de su estrategia para combatir a los templarios, el comisionado Alfredo Castillo puso el 10 de mayo como fecha límite para la entrega de armas.

Los alzados respondieron marchando el 6 de abril en 15 poblados y organizando una caravana motorizada. Por voz del doctor Mireles, reviraron que no los pueden desarmar. Sin armas cualquier pendejo en bicicleta nos va a matar, dijo el vocero en la comunidad de Nuevo Urecho. Simultáneamente aumentaron sus demandas: libertad de al menos 100 de sus compañeros presos; eliminar o detener a 20 mandos medios templarios; legalizar y otorgar personalidad jurídica a las autodefensas; in­tegrar a la policía estatal a sus miembros y restaurar el estado de derecho en Mi­choacán. Fijaron como plazo para tener so­luciones favorables el mismo Día de las Madres.

El choque violento entre autodefensas y gobierno federal parece cada día más probable. Los tres ultimátum sobre la mesa son la tercera llamada que lo anuncia.

José Gil Olmos – Proceso (México)

Ahora que el gobierno de Enrique Peña Nieto dio la orden de desarmar a los grupos de autodefensa ciudadanos, el líder de ese movimiento, José Manuel Mireles, lanzó una pregunta que cuestiona la base de la estrategia gubernamental de combate al crimen organizado: “¿Quién es el enemigo en Michoacán: las autodefensas o los Caballeros Templarios?”.

Desde hace un año diversos grupos de ciudadanos de la región de Tierra Caliente decidieron tomar las armas para defenderse y expulsar de sus comunidades a los Templarios que desde hacía 12 años les cobraban cuotas por sus negocios, casas, tierras, ganado y comercios, y que a últimas fechas se llevaban a sus esposas e hijas como una especie de impuesto de pernada.

A partir del 24 de febrero de 2013, cientos de hombres, mujeres, adolescentes y hasta niños salieron a las calles, en la zona de Tierra Caliente, e instalaron barricadas y realizaron funciones de vigilancia y seguridad.

Entonces el gobierno de Enrique Peña Nieto envió a 10 mil policías y soldados a la zona a realizar labores de contención y vigilancia en los caminos de esa región michoacana. Las fuerzas armadas federales no hicieron ninguna detención de templarios, hasta que un año después las autodefensas decidieron avanzar hacia otros municipios con el objetivo de liberarlos del yugo de los criminales.

A principios de 2014 Peña Nieto dio un golpe de timón y decidió que ya era tiempo de detener a los líderes del crimen organizado. Para entonces ya había logrado lo que realmente le importaba: la aprobación de las reformas energética, laboral, educativa, y había avanzado en la de ley de telecomunicaciones.

“Ese es el verdadero peligro de las autodefensas, la posibilidad de que la sociedad se organice y tome las armas para defenderse, ante la incapacidad del gobierno y el Estado mexicano de cumplir con una de sus principales razones de ser: la seguridad ciudadana”

Durante meses, las autodefensas hicieron la labor de investigación, persecución y hasta detención de los delincuentes, y liberaron territorios completos.

José Manuel Mireles sostiene que incluso fueron ellos quienes dieron la información precisa y detallada a las fuerzas armadas de dónde estaban los líderes de los Caballeros Templarios, como Enrique Plancarte, Nazario Moreno y Dionisio Loya Plancarte El Tío.

Hoy que las autodefensas mantienen la meta de seguir con la “limpieza” de Michoacán
y exigen que se investigue a toda la administración del gobierno del priista Fausto Vallejo, el comisionado Alfredo Castillo anunció que serán desarmadas sin tomar en cuenta las consecuencias de esa decisión.

Hoy, en lugar de ser consideradas aliadas, las autodefensas son vistas como enemigos del gobierno, como un riesgo a la gobernabilidad, pero no por las armas que portan, sino porque representan una posible salida al control y dominio del crimen organizado en otras zonas del país.

Ese es el verdadero peligro de las autodefensas, la posibilidad de que la sociedad se organice y tome las armas para defenderse, ante la incapacidad del gobierno y el Estado mexicano de cumplir con una de sus principales razones de ser: la seguridad ciudadana.

 

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