El tobogán hacia el largo plazo

Bolivia
Ernersto Sheriff B.

La estabilidad del crecimiento del país ha sido elogiada por analistas internacionales, sobre todo por su merma en la dependencia a la economía extractiva. Gracias a la administración eficiente en el mantenimiento de la solidez estructural y en la adopción de medidas contracícilicas, se creo un fondo de reserva contra las crisis internacionales. Los pasos a seguir.

Ernesto Sheriff B- La Épòca (Bolivia)

La administración de corto plazo de la economía boliviana en el periodo 2006-2015 ha sido, cuando menos, eficiente en el mantenimiento de la estabilidad económica y eficaz en la adopción de medidas contracíclicas en momentos de debilitamiento del sector externo primario exportador (que sigue siendo el pedestal sobre el cual se apoya toda la economía del país).

Manteniendo la línea impuesta por los organismos internacionales a mediados de la década de 1980, con matices, la administración actual ha demostrado que los lineamientos de política macroeconómica de corto plazo fueron diseñados a prueba de cambio de modelo y más bien ha contribuido al establecimiento de directrices más disciplinadas en cuanto a la estabilidad fiscal, cambiaria y monetaria.

Incluso, más allá de los agudos problemas de corrupción, la administración actual ha sabido administrar los flujos de la bonanza externa (una de las más largas de nuestra historia) cuyo resultado se evidencia en bajas tasas de inflación, bajos tipos de interés, superávit fiscal continuo, preferencia por la moneda doméstica y una alta liquidez en el sistema financiero público y privado.

Estos son hechos que no pueden ser ignorados por un lector imparcial.

La paradoja se da entre lo que se quería obtener y lo que se obtuvo.

Se quería, al menos en lo que respecta al autor, una orientación hacia el largo plazo (sin descuidar obviamente el patrimonio popular de la estabilidad económica); una transformación del aparato productivo hacia uno más inclusivo, más justo, más equitativo, generador de empleo sostenible y digno, amigable con el medio ambiente y culturalmente neutro respecto a los saberes y costumbres de los pueblos originarios. Se quería una gestión de corto plazo orientada hacia el largo plazo.

” La administración actual ha sabido administrar los flujos de la bonanza externa (una de las más largas de nuestra historia) cuyo resultado se evidencia en bajas tasas de inflación, bajos tipos de interés, superávit fiscal continuo, preferencia por la moneda doméstica y una alta liquidez en el sistema financiero público y privado “

Se quería abandonar un modelo (mal llamado neoliberal) en el que la gestión se limitaba a cumplir una agenda de corto plazo que veía colmadas sus expectativas con bajas tasas de inflación, bajos déficit fiscales y tasas de crecimiento del PIB positivas. Desconociendo o ignorando el largo plazo al cual se referían en tímidos programas de promoción económica.

Se obtuvo una gestión de corto plazo casi impecable y una gestión de largo plazo tan ineficaz como la que precedió a la actual administración. Hoy, 2016, el largo plazo ha llegado, y nos encuentra con la misma estructura productiva que 30 años atrás, con los mismos problemas (matizados) y con la urgencia de hacer frente a un shock externo de larga duración que ya ha comenzado.

Balance del primer trimestre de 2016

El año 2016 empezó para Bolivia con una desaceleración de la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto estimada por debajo del 4.5 por ciento anual. Las estimaciones no oficiales adelantan que la tasa de crecimiento esperada es todavía expectable en relación a los otros países de la región que vienen mostrando tasas muy bajas de crecimiento o incluso negativas.

La estabilidad del crecimiento boliviano ha sido merecedora de elogios por parte de analistas internacionales puesto que Bolivia es un país asociado con el extractivismo, es decir, con la elevada dependencia de su economía a la explotación de recursos naturales renovables y no renovables.

Las modestas tasas de crecimiento en relación a la magnitud del shock externo positivo registrado entre los años 2006 y 2014 podrían haber generado una serie de reservas tanto en el sistema financiero público como del privado lo que estaría financiando el boom de la construcción que todavía es visible, la expansión del consumo privado, la expansión de la inversión pública e incluso la expansión de la inversión privada.

Las enormes disponibilidades de reservas internacionales y depósitos en el sistema financiero boliviano hacen pensar que se creó un fondo de estabilización de facto que está permitiendo solventar la economía tras 12 meses de caída continua en los precios internacionales de las múltiples materias primas que exporta Bolivia y que representan más del 80% de sus exportaciones y más del 50% de sus ingresos fiscales.

Para asegurarse una tasa superior al 4% anual el gobierno ha diseñado un programa de expansión productiva dando protagonismo a la inversión pública como motor de dicho crecimiento. Asimismo ha efectuado acercamientos con el sector privado nacional y extranjero para impulsar la inversión privada y asegurar por segundo año consecutivo una tasa de crecimiento aceptable.

” Las enormes disponibilidades de reservas internacionales y depósitos en el sistema financiero boliviano hacen pensar que se creó un fondo de estabilización de facto que está permitiendo solventar la economía tras 12 meses de caída continua en los precios internacionales de las múltiples materias primas que exporta Bolivia “

También por segundo año consecutivo las exportaciones han venido cayendo en valor a una tasa anualizada que ya ronda el 40% anual, lo que ilustra de manera autónoma la magnitud del choque externo que el país viene sufriendo. No se espera una recuperación de precios en los productos de exportación para 2016, la mayor parte de los fundamentos de mercado de los productos de exportación bolivianos se han debilitado en los últimos tres meses dando lugar a una recaída en el precio del petróleo y por consiguiente en el precio del gas que exporta a Brasil y Argentina.

Las importaciones vienen acompañando el clima macroeconómico general habiendo aumentado de manera drástica en los últimos cinco años y disminuyendo menos que proporcionalmente al nivel de las exportaciones, lo que condujo a crecientes déficits comerciales que Bolivia viene enfrentando en la coyuntura actual.

Las reservas internacionales netas del Banco Central de Bolivia han venido cayendo de manera sostenida desde principios del 2015 registrando en enero de 2016 una nueva caída acorde al déficit comercial que viene afrontando la economía boliviana; pese a ello, los niveles de reservas internacionales son mayores al 40% del PIB y aseguran prácticamente 18 meses continuos de importaciones aún cuando las exportaciones llegasen a un nivel igual a cero.

Cifras sin confirmar muestran que el déficit fiscal para el año 2015 estará situado muy por encima del -3% del PIB convirtiéndose en el mayor déficit fiscal en lo que va de la gestión gubernamental actual y augurando un fuerte ajuste para los años subsiguientes. La deuda pública total boliviana a enero de 2016 se sitúa en 29% del Producto Interno Bruto, esperándose todavía el desembolso de acuerdos de préstamo con China que será efectuado de manera parcial.

El desempleo abierto en Bolivia estimado para el año 2015 fue de 2.4 por ciento de la población económicamente activa lo que estaría mostrando un nivel de pleno empleo para esta economía. La disponibilidad de datos para contrastar esta cifra es bastante limitada, las encuestas de hogares realizadas hasta la fecha solamente están disponibles para su an
lisis de manera limitada e incompleta obstaculizando una completa evaluación del mercado laboral boliviano y de otras variables sociales.

Consideraciones finales

A pesar de la importancia de tener pleno empleo la productividad del empleo es muy baja lo que determina bajos salarios y una muy alta informalidad y precariedad del empleo. Se reporta que 1.8 millones de bolivianos se encuentran con empleos altamente inestables y precarios que fácilmente podrían quedar expuestos en caso de un agravamiento de la situación macroeconómica. Asimismo existen bolsones de desempleados agrupados especialmente en jóvenes profesionales que tienen enormes problemas para ingresar al mercado laboral. Adicionalmente, la rentabilidad de la educación ha ido disminuyendo, lo que dificultará en un mediano plazo políticas para el aumento de la productividad.

La desaceleración de la actividad económica todavía está lejos de entrar a umbrales de crisis ya que con 4.2 por ciento de crecimiento del PIB de economía todavía estará en mejores condiciones que las que prevalecieron en la década de los años 90, cuando la tasa de crecimiento promedio apenas superaba el 3% anual.

” La desaceleración de la actividad económica todavía está lejos de entrar a umbrales de crisis ya que con 4.2 por ciento de crecimiento del PIB de economía todavía estará en mejores condiciones que las que prevalecieron en la década de los años 90, cuando la tasa de crecimiento promedio apenas superaba el 3% anual “

El debilitamiento de la credibilidad de la gestión actual repercutirá indudablemente en las percepciones que tengan los ciudadanos acerca del tamaño e importancia de la crisis externa; en este momento todavía no se ha devaluado la moneda y no se ha anunciado ninguna medida en torno a ella lo que hace presumir que el gobierno está optando por un escenario clásico de recesión y bajos precios en caso de que se agoten los recursos para acelerar inversión pública, antes que ello procurará un masivo endeudamiento a fin de mantener la actividad económica a niveles satisfactorios hasta que el ciclo externo se revierta; en caso de falla de esta apuesta, la crisis sería del tipo clásico.

En el primer trimestre del 2016 la inversión pública fue estimulada gracias al referéndum que si bien tuvo un resultado adverso al gobierno, promovió, a través de obras entregadas, la actividad económica entre enero y febrero ya que usualmente la ejecución de inversiones públicas son muy lentas en los primeros semestres de cada gestión. Esta variable será determinante este año para asegurar un impacto máximo de lo público sobre la actividad económica general.

Las variables psicosociales que se habían comportado muy bien hasta el año 2015, han ingresado en una fase de inestabilidad: confianza en el mandatario resquebrajada; legitimidad todavía no cuestionada pero sí alterada con el intento de prorrogamiento fracasado con el referéndum; corrupción y mala fe evidentes con casos que aparecen ahora cotidianamente; ilusión monetaria que los agentes económicos sufrieron a causa del boom externo y que ahora se relativiza al calor de la crisis económica y política y memoria de crisis económicas previas y de crisis políticas previas que se había dormido en la última década. Estos aspectos, antes objeto de una mirada más académica que política, hoy son el vínculo entre el corto y largo plazo. Ahora más que nunca es importante no sólo una eficaz administración de lo macroeconómico sino también de lo psicológico.

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