El saqueo de bienes culturales de América Latina: las subastas, el patrimonio robado y el despojo de siempre

Los conquistadores despojaron a América Latina de sus riquezas y tesoros arqueológicos. En tiempos modernos, el saqueo persiste pero con otros protagonistas y un nuevo modus operandi, que tiene en el centro de la escena a las casas de subastas más prestigiosas y sofisticadas de Europa. 

Durante los primeros 100 años de la conquista, Europa se llevó más de 17.000 toneladas de plata y otras 200 toneladas de oro puro. No tiene sentido enfocarse en eso ahora. Ya lo hizo Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”, además de numerosos y prestigiosos historiadores que hicieron bien su trabajo a lo largo de los años.

Hablemos mejor del despojo de bienes culturales que ocurre a plena luz del día, contra el cual los países de América Latina siguen luchando por la vía diplomática sin obtener resultados. Delante de ellos ya no tienen a un conquistador dispuesto a exterminar pueblos enteros con tal de hacerse con su riqueza, sino un mercado ilegal aceitado, donde el mejor postor se queda con todo y el dinero es el que manda. 

Los números hablan por sí solos y son más que alarmantes. Solamente en 2021 se subastaron al menos 520 piezas precolombinas en las principales casas de subastas de Europa y Estados Unidos, como Christies, Sothebys, Drouot y Gerhard Hirsch. Se recaudaron por ellas cerca de 12.100.000 euros en total, algo así como 1.427.800.000 pesos argentinos. Sí, mucha mucha plata a costa de los bienes culturales de la región.

Algunos objetos seguramente se exhibirán en museos en los próximos años y otros solamente servirán para decorar las casas de los ricos que pagaron lo suficiente para tenerlos.

El 2022 recién arranca, pero la casa Millon ya tiene agendada su primera subasta para el 28 de enero, con las piezas precolombinas como principales protagonistas, obviamente. Este es un negocio del que nadie se quiere quedar afuera, haya o no comercio ilegal de por medio. 

Ahora, vamos a ponerles “caras” a estos bienes culturales saqueados, tan importantes para la historia e identidad de los pueblos de América Latina. Entre ellos, vamos a poder encontrar un hacha maya manufacturada entre los años 550 y 950, que alcanzó el equivalente a 15.9 millones de pesos; una imponente estatuilla de Chalchiuhtlicue, diosa azteca del agua y protectora de los nacimientos, adjudicada por 377.000 euros y una máscara de piedra de 1500 años de antigüedad de la ciudad de Teotihuacán, vendida por más de 550.000 euros.

Sin embargo, son muchos más. Los van a poder ver en todo su esplendor porque las casas de subastas son expertas en explotar la belleza del patrimonio robado con hermosas y luminosas fotos. Les dejo la galería para que se indignen un poquito más, por si las cifras no fueron suficientes.

Las batallas perdidas

Colombia, Guatemala, Honduras, Perú y particularmente México hicieron todo lo posible en noviembre de 2021 para evitar que Christies subastara 139 piezas precolombinas en dos remates en París, incluidas grandes estatuillas de las culturas maya y olmeca, pero no lo lograron.

Emitieron una nota conjunta en la que advirtieron que este tipo de operaciones privaban a los objetos “de su esencia cultural, histórica y simbólica, reduciéndolas a simples objetos de decoración de particulares“. También habían alertado que la mayoría de esas piezas llegaron al mercado por medios ilegales, que implican redes clandestinas de distribución y tráfico de la cultura de sus países. 

El mercado negro es especialmente prolífico en esta zona de América Latina. Tiene sentido que los países de la región no puedan acabar con esta práctica por más que refuercen sus leyes, porque siempre hay alguien dispuesto a mirar para otro lado y a pedir pocas explicaciones con tal de quedarse con una bonita pieza precolombina para adornar el living.

Volvamos mejor a la respuesta de Christies al reclamo internacional, que llegó rápido. Fue ambigua pero efectiva: adujo que todos los objetos contaban con un certificado de su presencia legal en el país; y así, el show continuó. Lo mismo ocurrió con las otras tres subastas a su cargo durante 2021 y con las más de cinco que se realizaron en el año en París, Berlín y Nueva York. 

Dos meses antes, los gobiernos de 11 países latinoamericanos habían querido frenar el remate de más de 320 objetos de arte precolombino en Munich. Dijeron lisa y llanamente que la subasta organizada por la casa Gerhard Hirsch representaba un ataque contra sus “derechos fundamentales”, aunque tampoco pudieron frenarla. Algunas de las piezas tenían más de dos mil años de antigüedad y estaban rubricadas en sus países como elementos del patrimonio nacional, pero según la empresa alemana todas habían llegado a sus manos por la vía legal. ¡Hasta tenían un documento para probarlo!

Estos dos fracasos dejan en claro que las legislaciones de los países latinoamericanos para proteger los bienes patrimoniales chocan con la legislación internacional, sobre todo cuando de por medio hay una buena bolsa de billetes.

En el marco jurídico que regula las ventas y subastas de los bienes culturales en Francia, por ejemplo, la restitución de las piezas depende de la voluntad del poseedor privado, lo que limita la capacidad de acción de los países latinoamericanos. Además, tanto en Francia como en Alemania, la venta de bienes culturales a través de subastas está permitida bajo la presunción de que se actúa de buena fe, sin que sea necesaria una gestión previa con el país de origen para verificar que la piezas no sean fruto del comercio ilegal.

¿Entonces no cuentan estos países con alguna herramienta para evitar los remates de su patrimonio? Bueno, existe el Convenio del Instituto Internacional para la Unificación del Derecho Privado (Unidroit) que técnicamente establece las reglas mínimas para la restitución y retorno de objetos culturales robados o ilegalmente exportados y busca que todo objeto sustraído sea devuelto. ¿Cómo? Faculta a los Estados que reclamen la restitución de bienes culturales en base a sus propias leyes y no supeditados a la legislación del país en el que una o varias piezas hayan sido localizadas. ¿Y sirve? Ese es otro tema. Francia integra Unidroit; así y todo, sigue haciendo oídos sordos a los reclamos de los países latinoamericanos. 

México, un caso testigo

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador hizo de la lucha contra el comercio ilegal de piezas arqueológicas una cuestión de Estado. Cada vez que una casa de subastas anunciaba un nuevo remate de piezas precolombinas, allí estaba Alejandra Frausto, secretaria de Cultura, para reclamar su restitución por la vía legal. Llegaron a organizar también una exitosa campaña en las redes sociales bajo el hashtag #MipPatrimonioNoSeVende para evitar la subasta de noviembre de Christies. No les alcanzó.

Pero no todas son pálidas. De acuerdo al organismo, se recuperaron en los últimos tres años 5,746 piezas mexicanas que iban a ser vendidas al mejor postor. La mayoría de ellas, sin embargo, ya estaban en manos de privados y muy pocas subastas se lograron impedir. Sin ir más lejos, la semana pasada México exhibió 18 piezas precolombinas devueltas voluntariamente por donantes privados residentes en Francia para alentar a otros a hacer lo mismo.

Las pequeñas victorias

El Gobierno panameño recuperó cuatro de las siete piezas precolombinas que habían sido rematadas en Alemania, en la gran subasta de Gerhard Hirsch a la que los países latinoamericanos se opusieron. De nuevo, no fue gracias a la solidaridad de las casas de subastas. Un ciudadano de origen canadiense que se estaba por nacionalizar como panameño tuvo un poco de cargo de culpa y las devolvió. 

México, por su parte, celebró en septiembre la recuperación de varios objetos arqueológicos y documentos históricos del siglo XVI que un par de estadounidenses tenían en sus casas. Los esfuerzos diplomáticos mutuos permitieron rescatar una carta de Hernán Cortés y un decreto de la Reina Isabel. Ambos habían sido robados del Archivo Nacional de México y vendidos ilegalmente.

También en 2021 Guatemala recuperó un fragmento de estela real maya, que había sido saqueado casi 60 años antes del yacimiento arqueológico de Piedras Negras. Como suele ocurrir, el objeto había aparecido en un gran remate de París, pero fue su actual propietaria quien la terminó devolviendo.

¿Y las casas de subastas? Bien, gracias, haciendo negocios con el patrimonio histórico de otros.