El ruido de las hostias

Argentina
Roberto Mero

“Han perjudicado más al país personajes ineptos e inmorales con importantes títulos académicos que los dirigentes humildes”, advirtió la Iglesia usando palabras del papa Francisco, en una dura crítica al régimen macrista que, en complicidad con el Círculo Rojo, sigue avanzando con la ola de despidos y la persecución ideológica contra las organizaciones populares.

Acampe en Plaza de Mayo por la libertad de Milagro Sala - Foto: Carlos Brigo

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Es su estupenda presentación para CN23, la intendenta de La Matanza Verónica Magario logró develar la situación de tragedia y desigualdad impuesta por el régimen macrista. Sin embargo, esa seguridad y precisión se vio congelada por dos declaraciones inexplicables en su discurso confrontativo con el macrismo. La primera fue la aceptación de haber votado el presupuesto provincial a María Eugenia Vidal, para dar gobernabilidad y permitirle ejercer su poder que, por otro lado, Magario debió confesar que la ningunea, no le atiende el teléfono, la deja pedaleando en el aire. La segunda imprecisión cometida por la intendenta matancera fue la de afirmar que «Macri no tiene idea de lo que está provocando», como si se tratase de evaluar la acción de un novio que la dejó plantada, a la bellísima Magario. ¿Exabruptos delicados de quien debe confrontarse al dilema de gobernar casi tres millones de personas en territorio enemigo? ¿Confesión de impotencia y de chantaje que aún no tiene respuesta? Tripulando un portaaviones del FpV en medio de una provincia gobernada por “Frau” Vidal, vecina de la nación sometida a “Herr” Macri, esas tibiezas quizá revelan y explican la situación de desconcierto de los dirigentes territoriales para quienes Macri-Vidal continúan pareciendo lo que no son, candidatos imposibles, pero que niegan inconscientemente lo que son, amos institucionales de un régimen de saqueo. Magario, una de las espadas más lúcidas del kirchnerismo y del peronismo en su conjunto, nos llama a la reflexión sobre la incertidumbre paralizante de los dirigentes de nuestra fuerza embobados aún con el asombro que los pone en un lugar de boy scouts enfrentando con hondas y palitos a las hordas salvajes del macrismo. La preocupación justa y lúcida de Magario alertando sobre la crisis social de los próximas semanas, comparadas con explicaciones inexplicables, expone la desazón que nos atraviesa a todos: la de saber que nuestros dirigentes parecen sufrir el drama de las pilas gastadas que llevaron al conejo de Duracell a no tocar más el tamborcito.

Violencia de contención y exterminio

Imágenes. Enorme portón en hierro forjado, una muchacha que habla a través de las rejas. Un agente de seguridad que constata una lista. «No podés entrar, estás despedida». Imágenes. Huevos y pedazos de hielo lanzados desde un balcón de Recoleta contra los despedidos del ministerio de Cultura. Atacantes bien comidos, la cuarentena larga, mirada de desprecio. Imágenes. Un canita casi educado en Plaza de Mayo que impide a turistas con una remera K visitar los contornos de la Casa Rosada. Imágenes. Una empleada de Metrogas explicando nimiedades y verdura a un cliente que reclama por un aumento vertiginoso en su factura. Imágenes. ¿Sigo? Antes de aplicar con feroz precisión los ataques contra las vidrieras de los comercios judíos el 10 de noviembre 1938 (conocida como la Noche de Cristal) el régimen hitleriano había desarrollado una violencia de contención. Esto es, atacar, humillar y reprimir, sin que se notase demasiado y en el cuadro aparente del orden legal. Palazos aislados contra una manifestación obrera hoy. El corte de barbas a rabinos mañana. Un antifascista acuchillado por quien sabe quién. Hechos aislados, debidamente cometidos en un aparente restablecimiento del «orden», que creó las condiciones posteriores para desatar el exterminio. El régimen macrista sabe que millones de celulares lo están vigilando. Que la mínima imagen puede rebotar en las redes y crear la noticia de un ataque abierto y en línea de las fuerzas de represión. No es el momento: la herramienta de la violencia de contención y de baja intensidad desconcierta al mismo tiempo que humilla, aparece como el acto de un grupo de uniformados, pero encubre el plan colectivo. Es el antiguo «circule, no hay nada que ver» de los canas de antaño, cuya versión siglo XXI es la cara de cemento, la vocecita de educación sorda e hipócrita, la excusa de «yo sólo cumplo órdenes» que tanto se difundió con la mueca de plástico del oficial que le impedía entrar a Martín Sabbatella al Afsca como si se tratase de no dejarlo ingresar a una discoteca. Trazos de violencia disipada que hay que enfrentar sin vacilación. O bien esperar que se transforme en genocidio.

Macri-Clarín y la confusión de complicidades

Que Ojitos Azules es un títere de Magnetto. Que el verdadero Presidente es Durán Barba. Que quien manda es el grupo Clarín y que el régimen de la Rosada es un espantapájaros. La alegre coctelera de enunciados para bautizar la fuente de poder en la Argentina macrista, resucita el mito complotista del «poder en las sombras», del «pacto de los brujos», o aquella barrabasada del General (nadie es perfecto) sobre la “sinarquía internacional”. Alto riesgo el de no acertar con el tipo de enfermedad, si queremos hallarle un remedio. Pifiada feroz que puede llevarnos a creer en lo que quiere el enemigo que creamos: la invencibilidad de su poder omnipresente. Poder que (aceptemos, hay que bancársela) habríamos puesto en caja si el gobierno popular hubiese aplicado la Ley de Medios a rajatabla, el Código Penal por injuria y difamaciones y la Constitución Nacional contra los «enemigos de lesa Patria». Esta confusión de complicidades y acuerdos del Círculo Rojo entre monopolios criminales y el poder político ejecutor es un solo bloque de acción antipopular de destrucción contra la unidad nacional, garantido por una alianza objetiva entre el capitalismo bancario y su versión gerencial del poder y de los medios. Esta hidra mítica de mil cabezas sólo tiene un corazón y una billetera y sus aparentes contradicciones no son sino el acomodamiento de los dientes para devorarnos. Perder el tiempo en sutiles caracterizaciones recuerda aquel debate sobre las complicidades civiles con la dictadura militar. O los vagos enunciados sobre la mano blanda de Videla y la mano dura de Menéndez. Toda disquisición sobre el carácter del régimen como «enemigo de la Patria» o bien un pasajero complot de voraces, podrían llevarnos a perder el tiempo para saber cuántos granos forman un montón, mientras el enemigo prepara nuestro infierno.

Durán Barba y las lecciones del nazi-macrismo

Genética experimental, eructos de borracho y consejos para amas de casa retardadas, las barrabasadas teóricas del gurú ecuatoriano vuelven a poner en claro la esencia del nazi-macrismo y sus engranajes teóricos. La última elucubración del hechicero establece una comparación entre el «homo sovieticus» y el «homo kirchnerista», en un paralelo cuyos postulados podrían definirse así: tanto el ciudadano de la ex-URSS como el “choripanero K” serían el producto de una degeneración genética, producida por la muerte de la «raza de los señores» de la derecha y la multiplicación demográfica de seres inferiores (es decir, nosotros) que pusieron fin al comunismo, y ahora al gobierno popular K. Haciendo malabarismos alocados, Durán Barba explica que «la masa del electorado de Putin son sovoks (NdR: subhombres ) que no tienen interés en la democracia, no aprecian la libertad, buscan la protección paternalista del Estado, se sienten más tr
anquilos con un gobierno autoritario. El experimento soviético no produjo una especie superior al homo sapiens, sino una población postrada que tardará décadas en aprender a vivir en libertad». Los gargajos intelectualoides de Durán Barba no serían sino una anécdota de la demencia si no se tratase del concepto de la política que ejerce Macri contra algo así como 45 millones de habitantes de la Argentina. La «selección natural» de los mejores, blancos, “cacerolos” y “recoleteros”, no está sino en los pródromos de lo que Durán Barba dice entre líneas, planteando la eliminación física de los sovoks (los “choripaneros” K) ampliando la persecución hacia sectores que van mas allá de la ideología. Una apología del crimen de masas o de la limpieza étnica de este tipo le valdría juicio y cárcel a Durán Barba en cualquier país europeo. Bajo el régimen argentino actual sirven de vector justificante para los huevazos y hielazos sobre la cabeza de los despedidos del ministerio de Cultura, el ataque contra Túpac Amaru y Milagro Sala, y todo aquello que sea el «fruto de un proceso de selección natural negativa» (Duran Barba dixit), cometida durante el gobierno soviético de la URSS y recientemente por el de los Kirchner. Valgan estas remarcas para el pelotudaje desorganizado que cree que el «burro» no pasó de leer las aventuras de Mickey Mouse ya que el cerebro no le daba para Mein Kampf. Error. No necesitó leerlo. Para su aplicación lo tiene a Durán Barba.

El sopapo de la Iglesia y el papa Francisco

Sacudiéndose el polvo de un silencio ensordecedor de largas semanas de debate, la Conferencia Episcopal Argentina acaba de emitir un comunicado que suena a sopapo. ¿Cierta apretada del Papa Francisco a quien el régimen macrista no le pasa por la garganta? ¿Concesión a la presión, avanzada, pero minoritaria, de los Curas en la Opción por los Pobres? ¿Anuncio diplomático a Ojitos Azules que las sotanas ya no son aquellas de monseñor Tortolo, dispuestas a bendecir como en el 76 las mesas de tortura? En los hechos, el mensaje de Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina, pone el alerta sobre los principales ejes sobre los que opera el régimen: marginación de las organizaciones populares, racismo, xenofobia, exclusión, represión y miseria. Ruido de hostias que Macri no se esperaba. Y menos aún en momentos en que la consolidación de su golpe de mano para tomar el poder es desbaratada por la movilización irredenta. Monseñor Lozano firma un documento que desarticula el eje de ataque racista y neonazi de Barba-Macri, aplicado con obscenidad contra Milagro Sala. El documento episcopal sitúa a organizaciones como la Túpac Amaru como referentes populares de la paz social, considerándolas como “salvavidas que juntaron los despojos y ayudaron a que el desastre no resultara mayor «. En momentos en que los mastines policiales se afilan los dientes golpeando a los artesanos y manteros, monseñor Lozano recuerda que fue en esas condiciones de miseria de los 90 que «surgieron cooperativas, ferias para la venta de productos de huertas, grupos de artesanos, sistemas de intercambio de bienes. Diversos caminos que buscaban la supervivencia, a la vez que reclamaban reconocimiento y participación social”. No agotaremos el documento que plantea el alerta del Papa a Macri y su combate contra los «choripaneros», al que Francisco ha llamado la «sutil xenofobia». No iremos más allá, otorgando a la Conferencia Episcopal certificado de kirchnerismo. Pero la defensa del modelo social del gobierno popular está planteada con todas las letras: “En este camino, los movimientos populares tienen un rol esencial, no sólo exigiendo y reclamando, sino fundamentalmente creando. Ustedes son poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial”. Ojitos Azules y su gurú ecuatoriano no podrán acallar esta presión que viene de la jerarquía eclesiástica. Sin pelos en la lengua, ni Pater Noster bendiciendo el descuartizamiento de la Patria, como esperaba Macri.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.