El rol estratégico de GALI

Latinoamérica

El Grupo Andino de Libertades Informativas (GALI), hoy dirigido por el ex director del diario boliviano Página Siete, Raúl Peñaranda, es una organización que en la práctica funciona como plataforma de estrategias injerencistas contra gobiernos antineoliberales de la región. Esgrime supuestas defensas de la Libertad de Expresión y de los Derechos Humanos. Cuenta con financiamiento de las agencias estadounidenses USAID y NED.

Hugo Moldiz Mercado – Telesur (Venezuela)

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Fundación Nacional para la Democracia (NED) –ambas vinculadas al Departamento de Estado de ese país- se encuentran bastante activas en su tarea de socavar política y moralmente a los gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina.

Las redes a través de las que “triangulan” sus planes y financiamientos para la injerencia y la subversión son varias, una de ellas es el Grupo Andino de Libertades Informativas (GALI) que articula a organizaciones en Perú, Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Las actividades de GALI desde fines de la década de los 90 se han intensificado y no por “casualidad”.

Se lo hace en una coyuntura política latinoamericana caracterizada por la irrupción de una tendencia general que se ha puesto a contra-ruta del neoliberalismo como “camino inevitable” y sistema interamericano de dominación y que ha dado nacimiento a mecanismos y foros alternativos de integración y concertación política, en desmedro de la hegemonía estadounidense, como UNASUR, ALBA y la CELAC.

La plataforma desde la que actúa esta estrategia de injerencia y subversión ideológica es algo con lo que nadie podría estar en desacuerdo si no descubre el fondo de sus objetivos: derechos humanos y libertad de expresión.

«Los blancos del ataque, vaya paradoja, son los líderes de los procesos políticos en los cuales, más bien, se están registrando procesos de ampliación de la democracia y la igualación social a niveles nunca antes vistos»

Ahí está muchas veces su relativo éxito, sobre todo en sectores sociales reticentes a una alternativa al capitalismo. El libreto es el mismo, lo que se modifica son sus operadores y los lugares geográfico-políticos de su implementación.

Los blancos del ataque, vaya paradoja, son los líderes de los procesos políticos en los cuales, más bien, se están registrando procesos de ampliación de la democracia y la igualación social a niveles nunca antes vistos.

Pero para estos sectores nada vale la condición de posibilidad de superación de la igualdad y libertad formales hacia la igualdad y libertad sustantivas. Esa es una democracia a la que le tienen miedo.

El combate contra ese tipo de acciones contra-hegemónicas al capital, se da desde todos los frentes: el mediático, el político, el cultural y obviamente el militar cuando se hace necesario.

Para cada uno de esos frentes se tiene instrumentos y redes de ejecución. Una de ellos, que nos interesa ahora, es la denominada Organizaciones No Gubernamentales (ONG) afines a Washington y financiadas directamente por agencias estadounidenses o mediante “terceros” actores. GALI es una de ellas.

«Sin que se haya abandonado la idea de subvertir la revolución ciudadana, a partir de un diagnóstico de la situación de la libertad de expresión en Bolivia, caracterizada por estar ‘bajo acoso permanente’, según reza la oposición y la cercanía de las elecciones generales, GALI nombró al periodista Raúl Peñaranda, de nacionalidad boliviano-chilena, como a su nuevo Director Ejecutivo»

La dirección ejecutiva de esa meta-organización siempre ha recaído en un periodista de un país en el que se considere decisiva su presencia para defender la libertad de expresión, los derechos humanos fundamentales y las garantías constitucionales.

Hasta noviembre de 2013 la responsabilidad estuvo en manos de Cesar Ricaurte, presidente de la Fundación Andina para la Observación y Estudios de Medios (FUNDAMEDIOS) del Ecuador que, en articulación con otras organizaciones, desarrolló una ardua resistencia a todas las iniciativas de la revolución ciudadana y en particular a la Ley de Medios finalmente aprobada por el gobierno de Rafael Correa.

De acuerdo a los cables Wikileaks, César Ricaurte –en ese momento convertido por los medios a los que antes criticaba en una especie de adalid de la libertad de expresión-, figuraba junto a otros periodistas de medios privados (Carlos Jijón, Jorge Ortiz, Alfredo Negrete), como informante de la Embajada de Estados Unidos en Quito.

Sin que se haya abandonado la idea de subvertir la revolución ciudadana, a partir de un diagnóstico de la situación de la libertad de expresión en Bolivia, caracterizada por estar “bajo acoso permanente”, según reza la oposición y la cercanía de las elecciones generales, GALI nombró al periodista Raúl Peñaranda, de nacionalidad boliviano-chilena, como a su nuevo Director Ejecutivo.

La designación del periodista se hizo poco después de que éste renunciara a la dirección del matutino Página Siete de La Paz, como resultado de una supuesta “alianza” entre la Iglesia Católica y el gobierno para atacarlo “vilmente”, según sostiene en su campaña de auto promoción.

«El método también se repite. Al igual que en Ecuador, donde aparece una publicación para sembrar dudas sobre el presidente Correa, como es el caso del ‘Gran hermano’ o la revista ‘Alternativa V’, Peñaranda acaba de publicar en Bolivia el libro ‘Control remoto’, donde sobre la base de fuentes of the record y de la versión de algunos ex funcionarios del gobierno boliviano bastante conocidos por su actual posición opositora»

A pesar de que a Peñaranda le ha tocado el papel de limpiar la cara a la política exterior chilena frente a la demanda boliviana de ejercer su derecho soberano sobre el Pacífico, según da cuenta el historiador chileno Javier García, y no obstante que en su papel de director de Página Siete incurrió en al menos cuatro grandes manipulaciones informativas Caso TIPNIS cuando hizo aparecer un bebé muerto que nunca sucedió, la restitución de la figura del desacato que más bien fue negada por el vicepresidente Álvaro García Linera, la excomulgación de cuatro ministros de Evo Morales que de inmediato fue desmentido por la Iglesia Católica y la oferta boliviana a Chile de gas por mar que nunca dijo el presidente del Estado Plurinacional), Peñaranda ha pasado a cumplir el mismo papel que Ricaurte en Ecuador al decir que en Bolivia hay libertad de expresión bajo acoso.

Pero no solo ejerce ese papel, sino que además ha sido convertido por la oposición en el adalid de la libertad de expresión.

El método también se repite. Al igual que en Ecuador, donde aparece una publicación para sembrar dudas sobre el presidente Correa, como es el caso del “Gran hermano” o la revista “Alternativa V”, Peñaranda acaba de publicar en Bolivia el libro “Control remoto”, donde sobre la base de fuentes of the record y de la versión de algunos ex funcionarios del gobierno boliviano bastante conocidos por su actual posición opositora, se denuncia que el vicepresidente Álvaro García Linera controla cuatro “medios para-estatales” y que la calidad de la democracia está cuestionada.

El desarrollo de la estrategia de subversión ideológica encuentra sentido cuando se aprecia una economía sólida en expansión que difícilmente sería rebatida en el imaginario de la gente. Por tanto, es en el plano de la subjetividad donde los enemigos del proceso de cambio se han propuesto trabajar.

El objetivo del Departamento de Estado de EEUU y de las agencias USAID y NED es lograr, a través de redes como GALI, l
a construcción de matrices de opinión contrarias a los gobiernos de izquierda, ya sea, como se demuestra en Venezuela, para socavar la moral de los conductores de la revolución o para sentar las condiciones de un cambio por métodos no democráticos.

«Es decir, ese papel ideológico-subversivo que se esconde en la defensa de la libertad de expresión y los derechos humanos en países donde más bien lo que sucede es una ampliación de la democracia y de los derechos como resultado de procesos políticos posliberales, es parte de la estrategia del llamado Golpe Suave»

Es decir, ese papel ideológico-subversivo que se esconde en la defensa de la libertad de expresión y los derechos humanos en países donde más bien lo que sucede es una ampliación de la democracia y de los derechos como resultado de procesos políticos posliberales, es parte de la estrategia del llamado Golpe Suave.

Es más, existe bastante coincidencia en estudiosos de la comunicación y la ideología como Ignacio Ramonet y Noam Chomsky que la batalla se libra hoy en el campo de los sentidos y los símbolos, y que la “guerra mediática” contra los procesos de cambio son el preludio de planes de desestabilización mayor.

Los miembros de GALI

Al grupo GALI pertenecen la Asociación Nacional de la Prensa de Bolivia (ANP), Fundamedios de Ecuador y el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) de Perú, Venezuela y Colombia. Un seguimiento a las fuentes de financiamiento de estas organizaciones permite identificar al Departamento de Estado de los Estados Unidos y a las agencias USAID y NED, bastante conocidas por sus trabajos de subversión.

Detrás de nobles causas, como la defensa de las libertades informativas, la promoción del periodismo de investigación y la prestación de servicios a la ciudadanía y al sector público, los gobiernos de izquierda concentran la atención sistemática de estas grupos no gubernamentales.

Por ejemplo, en los informes de monitoreo de 2011 sobre Bolivia, GALI destaca: “aprehenden a un periodista acusado de difundir un video que afecta a la imagen del presidente boliviano”, “Presidente de Bolivia promulga ley de Telecomunicaciones, en medio de denuncias y falta de consenso”, “el Presidente de Bolivia cuestiona a los periodistas y los llama mentirosos”, “Gobierno acusa a director del diario ABC (de Paraguay) de ayudar en la fuga de gobernador opositor y acusado de corrupción”, “El gobierno boliviano aprobó reglamentación de ley Antirracismo que limita la libertad de expresión” y otros titulares por el estilo.

 

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