El regreso de los muertos vivos

Latinoamérica
Manuela Mutti

A la par de la victoria de la derecha en las últimas elecciones, aquellos absurdos nefastos personajes que supieron presidir nuestros países se pusieron de acuerdo para salir en público y burlarse de la memoria del pueblo que fundieron. Son los mismos que pregonan el fin de las ideologías y la victoria del empresariado. El giro conservador no puede llegar a Uruguay.

Manuela Mutti- La República (Uruguay) 

“Solo falta Uruguay” fue lo que el expresidente de la República, colorado, Jorge Batlle manifestó el pasado 7 de diciembre, haciendo alusión a los cambios en la correlación de fuerzas dentro del continente a partir de las victorias de la derecha en la elección presidencial argentina y las elecciones legislativas venezolanas. Él, el mismo que comandaba el país en su peor debacle económica de los últimos años. Él, el mismo que ayudó a que sus adinerados amigos no sufrieran las consecuencias del corralito bancario.

Pareciera que, a la par de las victorias de la derecha o -mejor dicho- la derrota de las izquierdas, aquellos absurdos y nefastos personajes que supieron presidir nuestros países se hayan puesto de acuerdo en salir en público y burlarse de la memoria del pueblo que fundieron. Fernando de la Rúa también quiso participar de la coreografía del presidente argentino, Mauricio Macri, y salió a cuestionar la forma en que la presidenta saliente, Cristina Fernández de Kirchner se despedía de la conducción del país. Él, el mismo que tuvo que irse en helicóptero porque no se animó a decirle a su pueblo que había metido la pata, y la mano en la lata.

Más allá del dato, de la bizarra anécdota, esta frase de Jorge Batlle es una clara expresión de la estrategia de la derecha en América Latina. Los mismos que intentan pregonar el fin de las ideologías, son los mismos que anhelan que en nuestro país ocurra un fenómeno similar. Es decir, una victoria de un empresariado aliado a la oligarquía nacional y a las grandes empresas internacionales. Y lo más triste, es que las posibilidades son ciertas.

“Pareciera que, a la par de las victorias de la derecha o -mejor dicho- la derrota de las izquierdas, aquellos absurdos y nefastos personajes que supieron presidir nuestros países se hayan puesto de acuerdo en salir en público y burlarse de la memoria del pueblo que fundieron. Fernando de la Rúa también quiso participar de la coreografía del presidente argentino”

El pasado domingo 6 de diciembre, la oposición política en Venezuela ganó en forma contundente las elecciones parlamentarias, uniendo a todos los sectores que no respondían al oficialismo. Y nosotros creemos que de la nada, a Mieres se le ocurre conformar un espacio socialdemócrata que trascienda al Partido Independiente y Larrañaga se reúne con Bordaberry para idear una alternativa al gobierno que recuperó el aparato productivo, que acabó con la indigencia y redujo la pobreza a mínimos históricos, empoderando al pueblo de verdaderos derechos trabajados y reclamados por la sociedad organizada, que se tradujeron en políticas llevadas a cabo por el Frente Amplio. ¿Coincidencias?

La derecha, con una estrategia regional, clara y definida, pensada a largo plazo y pegando en los momentos justos, hace tambalear los procesos de avances de los gobiernos progresistas que triunfaron en América Latina, hace tambalear las conquistas sociales de los latinoamericanos.

Pero, ¿es solo mérito de la derecha? ¿No hay responsabilidad de la izquierda en todo esto? ¿Cuántas veces escuchamos a compañeros frenteamplistas de mucho “peso”, hablar de la alternancia en el poder como algo bueno? Para estos compañeros ¿retroceder a políticas de 20 años atrás, es progresar? ¿Seguiremos hablando de progresismo como una cuestión de izquierda, cuando hasta el propio Macri se tilda de progresista?

Desde el avance del progresismo en la región, la derecha latinoamericana en complicidad con el imperio, vienen diseñando la forma de reinstalar las políticas neoliberales. Con impeachments, guerras de baja intensidad, golpes blandos, con amagues e intentos de golpe de Estado. El imperio, alejado territorialmente, con su ojo siempre puesto en el continente y con la necesidad de recuperar su “patio trasero”.

Por Uruguay no van a venir, Uruguay va a caer solo en el montón, nadie va a mover un dedo por nosotros si nosotros no somos los primeros en reaccionar, generando las condiciones que nos permitan resistir el derechazo.

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