El planteo inicial no era no al Alca

Latinoamérica y el Mundo – Brasil

El ministro de Defensa y ex canciller de Brasil, Celso Amorim, estuvo en la Argentina para presentar su libro Breves Narrativas Diplomáticas, donde recopila sus memorias. En una entrevista reveló detalles de la postergación del Alca y la influencia de la política brasileña en el posterior “No” a ese tratado de libre comercio. Destacó la confianza de Lula cuando fue su canciller.

Fernando Calzada - CyC

Nahuel Coca – Caras y Caretas (Argentina)

Celso Amorim fue canciller en el gobierno de Luiz Inácio “Lula” da Silva y también en el período anterior, con Fernando Henrique Cardoso. Actualmente ministro de Defensa de Dilma Rousseff, fue una pieza clave en el fortalecimiento del Mercosur, junto con la Argentina, y en la negativa de que la región adhiera al Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (Alca). En abril estuvo en Buenos Aires para presentar su libro Breves narrativas diplomáticas en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet), donde dialogó con Caras y Caretas.

–¿Cómo fue el proceso con el Alca?

–Antes de Lula, tuve el enorme desafío de alargar los plazos del Alca. Querían hacerlo en cinco años y lo logramos llevar a diez. Yo, en aquel momento, naturalmente, no sabía que no se iba a firmar pero el haber obtenido la postergación a 10 años permitió que, al llegar Lula al poder, el Alca no estuviera firmado y pudiéramos trabajar con nuestros socios de Mercosur. Para dar un ejemplo muy elocuente, había una condición que decía que 45 días después de la toma de posesión del gobierno por parte de Lula, Brasil y los otros países debían hacer su oferta en materia de bienes manufacturados, lo cual era prácticamente imposible porque teníamos que consultar a los empresarios, a los sindicatos, y por lo tanto tomaría un tiempo mayor. Hubo una gran reacción de los medios sobre ese retraso. Exigió de nuestra parte mucha determinación, porque la presión de los medios era que lo hiciéramos, que presentáramos nuestra oferta sin saber lo que íbamos a recibir a cambio en términos de agricultura, por ejemplo, o de anti dumping. Había otros temas, como la propiedad intelectual, compras gubernamentales, servicios, en que las cosas estaban planteadas de una manera muy inconveniente. Yo debo decir que el gobierno de Lula no se plantó de entrada contra el Alca por una cuestión ideológica, habría naturalmente gente del gobierno que sí, pero debo decir que inicialmente nuestros intentos no iban en contra del acuerdo sino en modificar los términos en que había sido planteado. 

–¿Cómo se fue dando el cambio?

–Gradualmente, con ayuda de nuestros socios del Mercosur, y sobre todo de la Argentina. La cuestión es que cuando lo hicimos, la cosa pasó a ser menos interesante para Estados Unidos y para algunos sectores. Después de la reunión de Miami, en 1994, que en sí misma pareció un éxito, las cosas ya no avanzaron. En retrospectiva, no lamento que no haya prosperado el Alca porque creo que era muy desequilibrado estructuralmente. Y seguramente la dinámica hubiera sido muy difícil porque el mundo cambió muchísimo. Hoy tenemos interés en tener intercambio con todas las regiones del mundo. El Alca era la herencia de una época en la que el mundo estaba estructurado de forma distinta, donde EE.UU. se aseguraba un sector de influencia, Europa otro, Rusia otro, pero hoy las cosas cambiaron. Ha sido mejor mantener esta libertad de acción. 

–¿Qué hubiera representado la firma del Alca?

–Por ejemplo, en compras gubernamentales nuestra industria naval se desarrolló de una forma que no hubiéramos podido hacerlo si firmábamos el tratado. Nuestra política en materia de medicamentos genéricos hubiera sido muy afectada también. En materia de propiedad intelectual, el sistema de solución de controversias era malísimo; hubiéramos quedado sujetos a sufrir retaliaciones en algunos de los productos que exportamos. Eso era lo queríamos evitar y lo hicimos. Lo mismo en materia de inversiones: no es que Brasil estuviera en contra de ellas, pero queríamos evitar la disputa entre inversión privada y Estado, y que el inversor extranjero tuviera más derechos que el empresario brasileño. En servicios todo estaba planteado en la condiciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC): las listas con productos de libre intercambio pasaban de ser positivas a ser negativas, por lo tanto todos los términos y productos que no figuraban en esas listas no podían comercializarse, y en un mundo que cambia tan rápido, tecnologías y plataformas como la Internet hubieran tenido muchas trabas para desarrollarse. Era una cuestión de modelo económico, que excedía lo comercial. Nuestro modelo económico quedaba supeditado a una visión de la economía de los países ricos, y del rol que nosotros teníamos en ese modelo. 

–¿Influyó el “No al Alca” en las políticas de defensa que se planteó Brasil para este siglo?

–Indirectamente sí. La política de defensa suele estar exceptuada de los acuerdos comerciales, porque la seguridad  nacional suele estarlo, pero la política de defensa se basa también en aspectos tecnológicos y económicos y ahí sí hubiéramos tenido problemas. De hecho todavía tenemos algunos. Actualmente, que estamos muy preocupados con la defensa cibernética, tenemos el problema de cómo apoyar  a empresas que están empezando a crear nuevos softwares de defensa, porque sólo el poder de compra del Estado puede ayudarlas a crecer. El rol del Pentágono en el desarrollo de la industria del software estadounidense es muy conocido. En nuestros países, para crecer estas empresas también necesitan del Estado, que no está sólo en la defensa sino también en otras empresas públicas. Si hubiéramos firmado el Alca, ahí habríamos tenido problemas con alguna cláusula de compras gubernamental. 

–¿De la experiencia como canciller de Lula, ¿qué fue lo más interesante?

–Lo más interesante ha sido Lula mismo: un tipo con una capacidad de tomar decisiones con rapidez, que además me daba confianza. Para tomar iniciativas usted tiene que estar seguro de que cuenta con la confianza del presidente. La integración latinoamericana y la cooperación con Néstor y Cristina Kirchner han transformado el continente. En este libro – ahora estoy escribiendo otro que se llamará “La declaración de Teherán y otras narrativas” relacionado con las mediaciones de Brasil para un acuerdo entre EE.UU. e Irán en 2010–no hay un capítulo titulado “Argentina” porque no es necesario: está en todos los capítulos. Este buen entendimiento entre Brasil y Argentina ha sido necesario para la integración del continente, porque sin él no hubiera podido ocurrir. En el ámbito de la defensa, tenemos que pensar cada vez más en una doctrina común ya que hay diferencias de posiciones que son transitorias, pero a largo plazo tenemos que defender nuestros recursos naturales, nuestras rutas marítimas…

–Con el Alca no hubieran podido comprar vehículos y tecnología a Francia, Rusia, algo que hoy la región está haciendo.

–¿Dice vehículos militares? Ahí es un poco distinto, ya que no había una prohibición directa. Pero toda la lógica de la economía hubiera ido en otra dirección. Si todas las compras de vehículos civiles hubieran ido en un sentido, hubiera sido natural que la de vehículos militares también, por una cuestión de economía. Para nosotros es importante en términos militares mantener la diversificación de socios. Tenemos un trabajo importante con Francia, con los submarinos de propulsión nuclear. V
amos a desarrollar con Suecia una importante asociación para tener aviones cazas de última generación. También acuerdos importantes con Rusia. Uno de los equipos más desarrollados es un misil aire-aire que estamos haciendo con Sudáfrica. Con Argentina estamos haciendo un avión de carga y de abastecimiento que llamamos KC-390, desarrollado entre Embraer y la fábrica de aviones de Córdoba. 

–¿Y para la defensa del ciberespacio?

–Estamos trabajando, hubo una misión importante cuando el ministro Agustín Rossi estuvo en Brasil la última vez. Tenemos la intención de tener una Escuela Nacional de Defensa Cibernética que estaría abierta a la Argentina, para que vengan a estudiar la materia.

–¿Alcanzaremos la soberanía comunicacional con una fibra óptica sudamericana?

–Esa es una evolución natural. No podemos pensar que vamos a dar saltos inmediatos, pero en la industria hay otros proyectos conjuntos. Por sugerencia argentina, tenemos un avión de entrenamiento básico para América del Sur. También los vehículos no tripulados, los drones, sobre todo para vigilancia sobre el narcotráfico.