El Papa y los movimientos sociales

Latinoamérica y el Mundo 

En la reunión que mantuvo el Papa Francisco con los representantes de movimientos sociales surgieron dos iniciativas: la conformación de un espacio de diálogo permanente con el Vaticano a partir de una plataforma básica que asume que Tierra, Techo y Trabajo son derechos sagrados, y el impulso a la articulación internacional autónoma de los movimientos sociales.

Osvaldo León- Miradas al Sur (Argentina) 

“Estoy contento de estar entre ustedes, además les digo una confidencia, es la primera vez que bajo acá, nunca había venido… Estamos en este salón, que es el salón del Sínodo viejo… y ‘sínodo’ quiere decir precisamente ¡caminar juntos’: que éste sea un símbolo del proceso que ustedes han iniciado y que están llevando adelante”. Estas palabras del Papa Francisco a la delegación de más de cien dirigentes sociales de todos los continentes presente en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares –EMMP– (desarrollado en Roma, en el Vaticano, del 27 al 29 octubre pasado), condensan con precisión el clima que se mantuvo durante todo el evento.

“Los movimientos populares expresan la necesidad urgente de revitalizar nuestras democracias, tantas veces secuestradas por innumerables factores. Es imposible imaginar un futuro para la sociedad sin la participación protagónica de las grandes mayorías y ese protagonismo excede los procedimientos lógicos de la democracia formal”, acotó el Papa para remarcar la importancia de la movilización social.

De los diálogos sostenidos en este inédito encuentro –silenciado por los poderes mediáticos, pero también mirado con suspicacia desde la lógica instrumental–, surgieron dos iniciativas centrales: la conformación de un espacio de diálogo permanente con el Vaticano a partir de una plataforma básica que asume que “Tierra, Techo y Trabajo son derechos sagrados”, en consonancia con la lucha por la paz y la preservación de la naturaleza, y el impulso a la articulación internacional autónoma de los movimientos sociales.

“Si bien la iniciativa fue auspiciada por entidades del Vaticano, en coordinación con diversos movimientos populares del mundo, el encuentro no fue confesional sino un punto de encuentro para mirar la realidad que oprime al conjunto de la humanidad y analizar sus causas sistémicas y, sobre esa base, identificar el denominador común de convergencia que permita actuar conjuntamente para superar tal realidad “

Si bien la iniciativa fue auspiciada por entidades del Vaticano, en coordinación con diversos movimientos populares del mundo, el encuentro no fue confesional sino un punto de encuentro para mirar la realidad que oprime al conjunto de la humanidad y analizar sus causas sistémicas y, sobre esa base, identificar el denominador común de convergencia que permita actuar conjuntamente para superar tal realidad de opresión y exclusión imperante. Por cierto, cabe destacar la participación e intervención de numerosos obispos a lo largo del encuentro.

Bajo estos parámetros, teniendo como punto de referencia el pensamiento social del papa Francisco, a partir de su exhortación apostólica “La Alegría del Evangelio”, difundida el 26 de noviembre de 2013, donde se aborda la necesidad de recuperar pautas éticas en la vida personal y colectiva, se inscribe la propuesta de conformar un espacio de diálogo permanente con el Vaticano, pero también con un llamado a todas las iglesias y a todos los credos comprometidos con tales planteamientos.

Premisas del diálogo. Como señala la Declaración final: “Se compartieron las cifras horrorosas de la desigualdad y la concentración de la riqueza en manos de un puñado de megamillonarios. Los panelistas y oradores coincidieron en que debe buscarse en la naturaleza inequitativa y depredatoria del sistema capitalista, que pone el lucro por encima del ser humano, la raíz de los males sociales y ambientales. El enorme poder de las empresas trasnacionales que pretenden devorar y privatizarlo todo –mercancías, servicios, pensamiento– son primer violín de esta sinfonía de la destrucción”.

Y en esta línea, acota el documento: “Durante el trabajo en talleres se concluyó que el acceso pleno, estable, seguro e integral a la tierra, el trabajo y la vivienda constituyen derechos humanos inalienables, inherentes a las personas y su dignidad, que deben ser garantizados y respetados. La vivienda y el barrio como un espacio inviolable por Estados y corporaciones, la tierra como un bien común que debe ser compartido entre todos los que la trabajan evitando su acaparamiento y el trabajo digno como eje estructurador de un proyecto de vida fueron algunos de los reclamos compartidos. También abordamos el problema de la violencia y la guerra, una guerra total o, como dice Francisco, una tercera guerra mundial en cuotas. Sin perder de vista el carácter global de estos problemas, se trató con particular intensidad la situación en Medio Oriente, principalmente la agresión contra el pueblo palestino y kurdo. Además pudimos conocer los datos más recientes sobre contaminación y cambio climático, las predicciones sobre futuros desastres naturales y las pruebas científicas de que el consumismo insaciable y la práctica de un industrialismo irresponsable que promueve el poder económico explica la catástrofe ecológica en ciernes”.

“Otro pronunciamiento que da cuenta de este encuentro es el Mensaje de los Movimientos Populares que se refiere al diálogo en el Vaticano, precisando que: ‘Igual que como Francisco hace suyas nuestras preocupaciones, nosotros hacemos suyas sus palabras porque expresan precisamente nuestras aspiraciones y nuestros esfuerzos de ser los actores de esa transformación’ ” 

En la evaluación final del encuentro realizado en el Vaticano, se puso particular énfasis en que todos los temas abordados están interrelacionados y que son problemas sistémicos; que en los intercambios primó una cultura de diálogo con un sentido de pluralidad que permitió “escucharnos, entendernos, respetarnos y asumir responsabilidad”, haciendo posible trascender las diferencias sin negarlas, al centrar la mira en una meta común.

Y respecto a la propuesta de un espacio permanente de diálogo, el cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, entidad gravitante en la organización de este evento, preciso que tal espacio no es propiciado para que alguien busque protagonismo, sino por el reconocimiento de que las organizaciones sociales son las verdaderas protagonistas del cambio y, por lo mismo, que “simplemente nos consideren como aliados, pues no pretendemos reemplazar lo que ustedes quieran hacer.  Ser sus aliados significa que aceptamos un diálogo y relación con ustedes”.

Palabras de Francisco. Otro pronunciamiento que da cuenta de este encuentro es el Mensaje de los Movimientos Populares que se refiere al diálogo en el Vaticano, precisando que: “Igual que como Francisco hace suyas nuestras preocupaciones, nosotros hacemos suyas sus palabras porque expresan precisamente nuestras aspiraciones y nuestros esfuerzos de ser los actores de esa transformación”. Y estos son los señalamientos principales recogidos en tal documento: “Me preocupa la erradicación de tantos hermanos campesinos que sufren el desarraigo, y no por guerras o desastres naturales. El acaparamiento de tierras, la deforestación, la apropiación del agua y los agrotóxicos son algunos de los males que arrancan al hombre de su tierra natal. La otra dimensión del proceso, ya global, es el hambre. El hambre es criminal, la alimentación es un derecho inalienable. La reforma agraria es, además de una necesidad política, una obligación moral”.

Y continuó: “Debe haber una casa para cada familia. Hoy hay muchas famili
as sin vivienda, o bien porque nunca la han tenido o bien porque la han perdido por diferentes motivos. Hay ciudades que ofrecen innumerables placeres y bienestar para una minoría feliz, pero se les niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños, y se los llama, elegantemente, ‘personas en situación de calle’. Ustedes busquen siempre, por ahí me equivoco en alguno, pero en general, detrás de un eufemismo hay un delito”.

“No existe peor pobreza material que la que no permite ganarse el pan y priva de la dignidad del trabajo. El desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables. Son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima del hombre. Hoy, al fenómeno de la explotación y de la opresión se le suma una nueva dimensión, un matiz gráfico y duro de la injusticia social; los que no se pueden integrar, los excluidos, son desechos, ‘sobrantes’. Esta es la cultura del descarte”.

” En la cita de Roma confluyeron actores de las tres “T” de luchas sociales: tierra, techo y trabajo (específicamente los excluidos de las relaciones formales). Un encuentro también inédito, que abrió brechas para pensar y conjugar voluntades para avanzar en una confluencia de movimientos populares en términos autónomos y de pluralidad” 

“El cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y la deforestación ya están mostrando sus efectos devastadores en los grandes cataclismos que vemos, y los que más sufren son ustedes, los humildes, los que viven cerca de las costas en viviendas precarias o que son tan vulnerables económicamente que frente a un desastre natural lo pierden todo. La creación no es una propiedad, de la cual podemos disponer a nuestro gusto; ni mucho menos, es una propiedad sólo de algunos, de pocos”.

“Este sistema ya no se aguanta. Tenemos que cambiarlo, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos”.

Tal mensaje también expresa: “Nos ha animado enormemente, además, la presencia del compañero Evo Morales. Todos juntos hemos logrado un momento histórico en la denuncia del desorden de este mundo y la afirmación del protagonismo de los pobres no resignados que luchan, protestan y están comprometidos a seguir buscando cambios profundos para beneficio de todas y todos”.

Y a lo dicho habría que añadir las palabras finales del Papa: “Queridos hermanas y hermanos: sigan con su lucha, nos hacen bien a todos.  Es como una bendición de humanidad”.

Articulación mundial de movimientos sociales. En la cita de Roma confluyeron actores de las tres “T” de luchas sociales: tierra, techo y trabajo (específicamente los excluidos de las relaciones formales). Un encuentro también inédito, que abrió brechas para pensar y conjugar voluntades para avanzar en una confluencia de movimientos populares en términos autónomos y de pluralidad.

Para decirlo en términos del documento, compromisos que asumimos colectivamente: “Este encuentro ha sido una exitosa experiencia que evidencia una vez más la necesidad de mantenernos organizados y articulados para avanzar en la unidad de los trabajadores en todo el mundo. Seguiremos reuniendo a los más amplios y distintos sectores organizados alrededor de las luchas por la tierra y la soberanía alimentaria, por la vivienda y los derechos humanos en las ciudades, por los derechos de todos los trabajadores y trabajadoras, por el fin de las guerras genocidas y por el derecho a la soberanía de los pueblos, por los derechos de la naturaleza y del medio ambiente”. 

Por ahora nos queda decir que participamos en un acontecimiento inédito donde se acordó: ¡Ningún trabajador sin derechos! ¡Ninguna familia sin viviendas! ¡Ningún campesino sin tierra! ¡Ningún pueblo sin territorio! Sólo el tiempo dirá si se convierte en histórico.

 

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