Por un orden más justo

Argentina 

El encuentro que tuvo la presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, con el Papa Francisco fue más que una simple reunión. Entre el pontífice y la mandataria nació una sólida alianza política y espiritual que busca conmover a los círculos de poder financieros nacionales e internacionales. Están ambos unidos en una misma causa para alcanzar un orden mundial más justo para todos. 

InfonewsRoberto Caballero- Infonews 

Ni Cristina Kirchner dejó de ser quien era, ni el Papa Francisco abandonó sus hábitos después del encuentro en Santa Marta, pero es justo decir que nada será exactamente igual que antes. La cumbre histórica entre los dos argentinos que llegaron, cada uno en lo suyo, a lo más alto a lo que se puede aspirar en terminos de poder, marca un hito impensable hace dos años. Ayer nació una alianza que anuda a estas dos excepcionales figuras en una pelea común que derrumba definitivamente las operaciones cruzadas por esterilizar su confluencia de objetivos y las posibilidades de trabajar en conjunto por un orden internacional más justo. En Roma, mientras ambos conversaban, un libro se abrió sobre la mesa. Era la exhortación apostólica Evangeli Gaudium, suerte de manual pastoral militante que Jorge Bergoglio escribió para orientar a iglesia católica en su reinvención planetaria. Tiene lo mejor del Concilio Vaticano II, lo mejor del Documento de Puebla y, en su prosa marechaliana, no oculta tampoco lo mejor de los preceptos del constitucionalismo social que insipiró la Constitución de 1949.

Sin embargo, bastó un sólo parágrafo, el 56, para comprender por qué aquello que comenzó como una tibia relación de tanteos mutuos entre la jefa del Estado argentino y el argentino jefe de Estado del Vaticano se tradujo en una sólida alianza política y espiritual llamada a conmover a los círculos de poder financiero nacionales e internacionales. El parágrafo del milagro dice así: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de las mayorías se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas.

La cumbre del P56 en Roma no llega sólo hasta ahí. El mensaje al interior de la Argentina es que CFK cuenta con el Papa y el Papa con CFK.

“Ayer nació una alianza que anuda a estas dos excepcionales figuras en una pelea común que derrumba definitivamente las operaciones cruzadas por esterilizar su confluencia de objetivos y las posibilidades de trabajar en conjunto por un orden internacional más justo”

Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de la economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real.” El parágrafo 56 es el punto de encuentro entre Cristina y el Papa, dos potencias que no sólo se saludaron sino que vistieron de silencio público una estrategia coordinada para utilizar los foros multilaterales y denunciar ante ellos los abusos usurarios del capitalismo financiero especulativo. Cuando Cristina hable esta semana en el pleno de la ONU, primero; y luego en el Consejo de Seguridad, lo hará, seguramente, en acuerdo con Su Santidad. No es que sea la vocera, el Papa no admite voceros, habla por sí mismo, pero es casi un hecho que la presidenta citará ante la asamblea palabras textuales del Evangeli Gaudium con su anuencia.

El recelo de las primeras horas varió y luego de varios almuerzos los dos se sienten tendiendo puentes hacia una fructífera amistad con más cosas en común de lo que el smog de los medios hegemónicos permite ver a sus audiencias cautivas. En las altas cumbres desde donde el Papa y Cristina otean el futuro, ambos ven una oportunidad histórica para poner en agenda la deshumanización del capital sin nombre, sin bandera y sin piedad si trabajan juntos. No les resultó sencillo descubrir que hablan una lengua común. En el terreno de los gestos, lo enmarañado e incierto trocó en sensibilidad compartida por ejercicio de conversación.

El Papa tuvo especial consideración, por ejemplo, en abrazar al diputado Andrés Larroque, de La Cámpora; a la diputada e hija de desaparecidos Victoria Montenegro, de Kolina; a Leonardo Grosso, del Movimiento Evita, que le llevó cartas de madres cuyos hijos fueron asesinados por la manodura y la violencia institucional; a Leandro Santoro, el joven radical de los Irrompibles, rara avis de la UCR. Para todos tuvo palabras de aliento. Ese reconocimiento trae implícito un mensaje. Ya no quedan desconfianzas por suturar. Lo que pasó, pasó. Ahora es el futuro bajo el parágrafo 56.

En Santa Marta, hay fotos de Cristina y el Papa, juntos. Hay poemas a Mugica pegados en las paredes. Hay imágenes de la Virgen Desatanudos. Ahora están también los retratos de los padres de Vicky Montenegro, el Nunca Más que llevó Santoro. Los libros de La Cámpora, los que hablan bien y los que hablan mal de ellos, que alcanzó Wado de Pedro. Un sincretismo que alarma a las momias vaticanas, del mismo modo que el kirchnerismo alborotó la escena política argentina en estos años, como si el Papa hubiera querido ser parte de eso y no pudo, no supo o no lo dejaron, y ahora se toma el desquite a su modo, con su irreverencia naif para algunos pero que en el hondo gris de la curia romana suena a ladrillazo contra cualquier ventana, a cada minuto, en todo momento.

“Cuando Cristina hable esta semana en el pleno de la ONU, primero; y luego en el Consejo de Seguridad, lo hará, seguramente, en acuerdo con Su Santidad. No es que sea la vocera, el Papa no admite voceros, habla por sí mismo, pero es casi un hecho que la presidenta citará ante la asamblea palabras textuales del Evangeli Gaudium”

Cristina fue igual de generosa con Francisco. Le llevó la ley que declara de interés nacional el proyecto papal de las Escuelas del Encuentro, que promueve la discusión sobre un sujeto social al que le dedica idéntica obsesión que el oficialismo: la juventud.

Y lo del Papa, sobre el final, fue inmenso. Le dio la bendición apostólica a Néstor Kirchner, a Florencia Kirchner, a Máximo Kirchner y su familia. Otra vez los gestos. De nuevo el lenguaje insonoro pero efectivo. La presidenta se conmovió con la noticia inesperada. El Papa no lee lo que dicen los diarios que ya sabemos, que satanizan el apellido de la K. Lee su propio diario, uno que le dice que esta familia, con su pro y sus contras, siente cosas parecidas a su idea del mundo y las personas. Y con enemigos similares. La presidenta leía ayer una nota en el Wall Street Journal, el diario de negocios neoyorquino, donde le prepararon el recibimiento a su intervención en la ONU. El artículo, titulado “Los impensados activistas billonarios”, es una oda a Paul Singer, titular del fondo buitre que litiga contra la Argentina, entre otros “inversores globales”, que según la visión del diario de la derecha estadounidense sufren las consecuencias de malvados presidentes como Cristina, Putin o Erdogan, que se pretenden quedar con sus cosas. Es más, reivindica la inestabilidad que personajes como Singer producen en estos países para que caigan los gobiernos y surjan otros “democráticos” en base a su activismo, como “en Egipto”. El sustrato de tan extravagante nota fue motivo de intercambio entre Cristina y el Papa. Ese es el escenario que le tienen preparado a la presidenta en Nueva York.

Por eso, durante la conferencia de prensa, ella dejó asentado que Francisco estaba muy “contento” por la reciente victoria argentina en la ONU en su propuesta de legislar a nivel global sobre estos fondos especulativos. Otro detalle,
EE UU vetó al Vaticano como miembro observador en el Consejo de Seguridad. Cristina recibió del Papa el apoyo para que hable sobre los buitres y sobre la paz en ese ámbito. Lo que se dice, una sociedad política y espiritual que batalla por lo mismo.

La cumbre del P56 en Roma no llega sólo hasta ahí. El mensaje al interior de la Argentina es que CFK cuenta con el Papa y el Papa con CFK. Es probable que el mismo frío parate que recibieron el sindicalismo opositor, el conservador Observatorio Social de la UCA y el ala más reaccionaria del clero local y el empresariado sea escuchado por Joaquín Morales Solá si el Papa decide atenderlo en la audiencia privada que le pidió para fin de mes, días antes de que Francisco reciba a Estela Carlotto, mientras piensa en candidatearla desde el Vaticano como Premio Nobel de la Paz.

Son tiempos interesantes, donde el todo es más que la parte.

 

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