El odio al Partido de los Trabajadores

Brasil 

El odio contra el Partido de los Trabajadores encarna en realidad el desprecio y antipatía que la clase dominante siente contra el pueblo, que gracias al PT se ha empoderado política y socialmente. El camino de las urnas ya no les alcanza para frenarlos ni tampoco las Fuerzas Militares, por eso recurren a los medios dominantes e intentan judicializar la política. 

Muñecos de Dilma y Lula en la última manifestación

 Leronardo Boff- Alainet (Ecuador) 

Hay un hecho espantoso aunque analíticamente explicable: el aumento del odio y de la rabia contra el PT. Este hecho viene a revelar el otro lado de la “cordialidad” del brasilero, propuesta por Sérgio Buarque de Holanda: del mismo corazón que nace la acogida cálida viene también el rechazo más violento. Ambos son “cordiales”: las dos caras pasionales del brasilero.

Ese odio está inducido por los medios de comunicación conservadores y por aquellos que en las elecciones no respetaron el rito democrático: se gana o se pierde. Quien pierde reconoce elegantemente la derrota y quien gana muestra magnanimidad con el derrotado. Pero este comportamiento civilizado no fue el que triunfó. Por el contrario: los derrotados procuran por todos los modos deslegitimar la victoria y garantizar un cambio de política que atienda su proyecto, rechazado por la mayoría de los electores.

Para entenderlo, nada mejor que visitar al destacado historiador José Honório Rodrigues, que en su clásico Conciliação e Reforma no Brasil (1965) dice con palabras que parecen actuales:

«Los liberales en el imperio, derrotados en las urnas y alejados del poder, además de indignados se fueron volviendo intolerantes; construyeron una concepción conspiratoria de la historia que consideraba indispensable la intervención del odio, de la intriga, de la impiedad, del resentimiento, de la intolerancia, de la intransigencia, de la indignación para el éxito inesperado e imprevisto de sus fuerzas minoritarias» (p. 11).

Esos grupos prolongan las viejas elites que desde la Colonia hasta hoy nunca cambiaron su ethos. En las palabras del referido autor: «la mayoría fue siempre alienada, antinacional y no contemporánea; nunca se reconcilió con el pueblo; negó sus derechos, arrasó sus vidas y cuando le vio crecer le negó poco a poco su aprobación, conspiró para colocarlo de nuevo en la periferia, lugar al que sigue creyendo que pertenece» (p.14 y 15). Hoy las élites económicas abominan del pueblo. Sólo lo aceptan fantaseado en el carnaval.

” Ese odio está inducido por los medios de comunicación conservadores y por aquellos que en las elecciones no respetaron el rito democrático: se gana o se pierde. Quien pierde reconoce elegantemente la derrota y quien gana muestra magnanimidad con el derrotado. Pero este comportamiento civilizado no fue el que triunfó “

Lamentablemente no les pasa por la cabeza que «las mayores construcciones son fruto del mestizaje racial, que creaba un tipo adaptado al país, el mestizaje cultural que creaba una síntesis nueva; la tolerancia racial que evitó desencaminar los caminos; la tolerancia religiosa que imposibilitó o dificultó las persecuciones de la Inquisición; la expansión territorial, obra de mamelucos, pues el propio Domingos Jorge Velho, invasor que incorporó el Piaui, no hablaba portugués; la integración psicosocial por el irrespeto a los prejuicios y por la creación del sentimiento de solidaridad nacional; la integridad territorial; la unidad de lengua y finalmente la opulencia y la riqueza de Brasil que son fruto del trabajo del pueblo. ¿Y qué hicieron los líderes coloniales posteriores? No dieron al pueblo ni siquiera los beneficios de la salud y la educación» (p. 31-32).

¿A qué vienen estas citas? Ellas refuerzan un hecho histórico innegable: con el PT, esos que eran considerados carbón en el proceso productivo (Darcy Ribeiro), la ralea social, consiguieron en una penosa trayectoria organizarse como poder social que se transformó en poder político en el PT y conquistar el Estado con sus aparatos. Apearon del poder a las clases dominantes; no se dio simplemente una alternancia de poder sino un cambio de clase social, base para otro tipo de política. Tal saga equivale a una auténtica revolución social.

Eso es intolerable para las clases poderosas que se acostumbraron a hacer del Estado su lugar natural y a apropiarse privadamente de los bienes públicos mediante el famoso patrimonialismo, denunciado por Raymundo Faoro.

Por todos los medios y artimañas quieren también hoy volver a ocupar ese lugar que juzgan de derecho suyo. Seguramente han empezado a darse cuenta de que tal vez nunca más tendrán condiciones históricas para rehacer su proyecto de dominación/conciliación. Otro tipo de historia política dará, finalmente, a Brasil un destino diferente.

“Con el PT, esos que eran considerados carbón en el proceso productivo (Darcy Ribeiro), la ralea social, consiguieron en una penosa trayectoria organizarse como poder social que se transformó en poder político en el PT y conquistar el Estado con sus aparatos. Apearon del poder a las clases dominantes; no se dio simplemente una alternancia de poder sino un cambio de clase social, base para otro tipo de política “

Para ellos, el camino de las urnas se ha vuelto inseguro gracias a al nivel crítico alcanzado por amplios estratos del pueblo que rechazó su proyecto político de alineación neoliberal al proceso de globalización, como socios dependientes y agregados. El camino militar es hoy imposible, dado el cambio del marco. Elucubran con la esdrújula posibilidad de la judicialización de la política, contando con aliados en la Corte Suprema que nutren semejante odio al PT y sienten el mismo desdén por el pueblo.

A través de este expediente, podrían lograr el impeachment de la primera mandataria de la nación. Es un camino conflictivo pues la articulación nacional de los movimientos sociales haría este intento arriesgado y tal vez inviable.

El odio contra el PT es menos contra el PT que contra el pueblo pobre que gracias al PT y a sus políticas sociales de inclusión ha sido sacado del infierno de la pobreza y del hambre y está ocupando los lugares antes reservados a las élites acomodadas. Estas piensan en hacer solo caridad, donar cosas, pero nunca en hacer justicia social.

Me anticipo a los críticos y a los moralistas: ¿pero el PT no se corrompió? Vea el mensalón, vea Petrobrás. No defiendo a corruptos. Reconozco, lamento y rechazo los malos manejos hechos por un puñado de dirigentes. Traicionaron principalmente a más de un millón de afiliados y echaron a perder los ideales de la ética y de la transparencia. Pero en las bases y en los municipios –puedo dar testimonio de ello– se vive otro modo de hacer política, con participación popular, mostrando que un sueño tan generoso, el de un Brasil menos malvado, no se mata así tan fácilmente. Las clases dirigentes, durante 500 años, en palabras fuertes de Capistrano de Abreu, «castraron y recastraron, caparon y recaparon» al pueblo brasilero. ¿Hay mayor corrupción histórica que ésta? Volveremos al tema.

 

Darío Pignotti- Página 12 (Argentina) 

“La marcha contra Dilma es el resultado de la unión de la derecha y la ultraderecha para intentar quebrar el orden institucional en Brasil.” Lo dice el diputado Carlos Zarattini, uno de los referentes del PT en el Congreso, quien reconoce la preocupación del gobierno frente a la “propaganda cargada de odio” que precede a los actos convocados para hoy, dos días después de las concurridas movilizaciones por la continuidad de la mandataria y en defensa de Petrobras.

Zarattini habló con Páginað12 sobre la coyuntura “complicada que enfrenta una presidenta tolerante con las protes
tas y abierta al diálogo, al contrario de lo que hacen la gente del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) y los grandes medios de comunicación exigiendo el juicio político a como sea”.

–¿El domingo puede dar inicio a una onda de protestas como las que afectaron la popularidad presidencial en 2013?

–Creo que esto que está pasando no llegará a ser como lo de 2013, con movilizaciones masivas que desgastaron a Dilma, que posteriormente supo responder a las demandas, se repuso y al final ganó las elecciones de 2014. Me parece que este domingo habrá algunos actos con más o menos público. Será un test para ver el efecto del inmenso despligue de publicidad negativa en las redes sociales y en la gran prensa.

Impeachment

Número dos del bloque oficialista, Zarattini es uno de los diputados bien informados sobre la controvertida relación entre el Palacio del Planalto y un Parlamento “donde tenemos una fuerte influencia de fuerzas conservadoras”, decididas a impedir la gobernabilidad y hasta forzar un juicio político con el pretexto del escándalo de corrupción en Petrobras.

–¿La amenaza de impeachment es un balón de ensayo?

–Por un lado sí, porque no veo que haya condiciones para que el Congreso lo vote en estos momentos. Y al mismo tiempo debemos reconocer que si no paramos esta ofensiva destituyente en algún momento el impeachment podrá volverse una realidad, una realidad que va a golpear al gobierno, y al mismo tiempo podría complicarle la vida al PSDB.

–¿De que modo afectaría al PSDB?

–El PSDB se siente cómodo jugando al golpismo, pero no está en condiciones de gobernar Brasil, porque sufre divisiones internas (guerra entre sus dos principales dirigentes, Aécio Neves y José Serra). Me parece que la gente más pensante del PSDB entiende que si fuerzan el caos podrían darse un tiro en el pie, porque si hubiera un juicio antes de los dos primeros años de gobierno (se cumplirán el 1º de enero de 2017) sería posible convocar a elecciones anticipadas en 2016 cuando nosotros podríamos llevar a Lula, que sigue siendo un candidato capaz de vencer a cualquier dirigente del PSDB.

–¿Cómo explicar el aislamiento político del gobierno?

–Hay que saber ver el contexto. Recordemos que las elecciones dejaron un país prácticamente dividido luego de que Dilma venció con una pequeña diferencia de votos sobre (candidato del PSDB) Aécio Neves. Muchos olvidan que Dilma es la presidenta legítima, así es la democracia, en democracia no hay tercer turno. La ultraderecha y el PSDB creyeron hasta último momento que iban a ganar las elecciones, y ante la frustración de la derrota resolvieron hacer una oposición salvaje, queriendo salirse de las reglas democráticas.

–Dirigentes del PSDB hablan de “desangrar” al gobierno y se distancian del impeachment.

–Es un juego doble para confundir. Esto es característico en (ex presidente) Fernando Henrique Cardoso, que a veces adopta posiciones desestabilizadoras y a veces habla como un moderado. Para mí Cardoso dice cosas provocativas y luego se desdice para tener algunos segundos de televisión, porque teme perder presencia. En 2005, durante el Mensalao (escándalo durante gestión Lula), Cardoso se posicionó como un duro insinuando el juicio político contra Lula y después se distanció diciendo preferir que Lula siga gobernando hasta desangrarse. Lula no se desangró y fue reelecto en 2006. Ahora, el PSDB hace lo mismo: Aécio está detrás de la organización de la marcha contra Dilma, pero declara que no participará.

Interferencias externa

Al finalizar el diálogo telefónico con Página/12, Zarattini, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores que viajará próximamente a Venezuela, comparó el cuadro brasileño con la actualidad en el país caribeño y Argentina.

“A pesar de que no conozco tan profundamente como quisiera lo que está pasando en Venezuela y Argentina, considero que son procesos con algunas aristas similares al que se vive en Brasil. Indudablemente, en Venezuela la situación es más incierta que en mi país, porque hace años que ellos viven en permanente polarización. Y el gobierno del presidente Maduro, al contrario de lo que pasa en Brasil, tiene un sistema de medios que está en condiciones de responder a los ataques de la prensa opositora. En Argentina, la presidenta Cristina está mostrando capacidad e iniciativa política contra quienes le hacen el juego a la desestabilización.”

–¿Hay injerencia externa en la desestabilización regional?

–Siempre hay injerencia externa en estos casos, esto siempre es así en nuestros países. Estamos hablando de un proceso donde hay grandes intereses en juego, estamos hablando, por ejemplo de Petrobras que ya fue espiada por la agencia norteamericana NSA, y esto desató un escándalo (Dilma suspendió visita de Estado a Washington en 2013). Ese caso de la NSA tiene que ser investigado a fondo.

–¿Lo sorprendió la caricatura de Dilma a punto de ser degollada en la portada de O Globo?

–No, para nada. Globo siempre ha sido el principal agente desestabilizador de los gobiernos del PT. Estamos viendo, eso sí, cómo se acentuó la actitud hostil del grupo Globo viendo los artículos en su diario y sus canales de TV, orquestando manipulaciones como las del domingo pasado, cuando emitieron un informe con los cacerolazos anti Dilma, transmitiendo la idea de que fueron masivos y no lo fueron, porque se cincunscribieron a los barrios ricos de varias capitales. Globo hizo lo mismo el año pasado exagerando la protestas antes de la Copa del Mundo, sembrando alarma en los periodistas extranjeros, pero éstos se desengañaron cuando vieron que acá no reinaba el caos.

–¿Los pronunciamientos golpistas del Club Militar traducen la posición de las fuerzas armadas?

–El Club Militar está integrado por varios generales y coroneles retirados antidemocráticos, es gente que sigue reivindicando la dictadura (1964-1985). Dilma ya fue llamada terrorista por esa gente. Ese club no es reflejo de la realidad existente hoy dentro de unas fuerzas armadas donde no vemos señales golpistas. Debemos separar claramente a los retirados de los activos.

–¿Es posible afirmar que no quedan golpistas en actividad?

–Tal vez haya gente en actividad que ve la desestabilización con simpatía, pero esos sectores no son mayoritarios.

 

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