El nuevo equipo de Dilma

Brasil 

Dima Rouseff anunció el trío que manejará la política económica. Las designaciones del nuevo ministro de Hacienda, Joaquín Levy; de Nelson Barbosa, en el ministerio de Planificación, y la continuidad de Alexandre Tombini en el Banco Central fue criticada y elogiada por igual. Para Argentina podría significar un giro favorable para potenciar la relación bilateral entre ambos países. 

Joaquim Levy, nuevo ministro de Hacienda. Foto: themalaymailonline

Martin Granovsky- Página 12 (Argentina) 

El nuevo equipo económico anunciado por Dilma Rou-sseff es, para la Argentina, un dato de política interna de primer nivel. Desde que Guillermo Moreno se fue a Roma, las relaciones económicas con Brasil se están arreglando o tolerando sin generar ruido político. El problema de la Argentina con Brasil es el mismo de Brasil consigo mismo y de la Argentina consigo misma: cuándo retomará el crecimiento sostenido y cuándo volverá a aumentar su nivel de consumo.

Dilma anunció tres futuros ministros y la continuidad de Alexandre Tombini al frente del Banco Central. Joaquim Levy reemplazará a Guido Mantega en Hacienda. Nelson Barbosa se hará cargo de Planificación cuando deje el ministerio Miriam Belchior. Y Katia Abreu será ministra de Agricultura.

Desde el anuncio, el jueves, Levy viene siendo presentado como una figura próxima al sector financiero por parte de unos cuantos extraños al Partido de los Trabajadores y por algunos propios. Un editorial del diario Valor de ayer se alegraba de que “su primera y más inmediata misión será realizar el ajuste fiscal, después de años de contabilidad creativa y empeoramiento sensible de los indicadores de las finanzas públicas”.

En una entrevista concedida al blog del Planalto, la Casa Rosada brasileña, Levy dijo que por el pobre rendimiento económico de 2014 el gobierno brasileño debería proponerse un superávit primario del 1,2 por ciento del PBI en 2015 y de un 2 por ciento en los años siguientes. Dijo que para lograr esa cifra tomará “las medidas de disciplina que sean necesarias”. Según Levy, la reducción de la deuda “crea confianza para el crecimiento de la actividad económica y así se generan los recursos que permiten al gobierno continuar con sus políticas públicas, en particular las de inclusión social”.

La novedad del jueves es que Brasil, después de dos trimestres en baja (0,6 negativo en uno y 0,2 negativo en otro), creció durante el tercer trimestre. Poco, un 0,1 por ciento, pero creció. O por lo menos paró de decrecer.

En contra

Aunque la reacción es difícil de medir, el anuncio sobre Levy causó resquemores entre algunos petistas y entre simpatizantes de los gobiernos de Lula y Dilma. La web Carta Maior, que edita Joaquim Palhares, lanzó un manifiesto público cuando la designación de Levy aún era un rumor. Sus críticas incluyen también a Katia Abreu. “La presidenta electa parece tener más en cuenta las fuerzas cuyo representante derrotó que el diálogo con las fuerzas que la eligieron”, dice el documento que firman, entre otros, el economista Luiz Gonzaga Belluzzo, el teólogo Leonardo Boff, el propio Palhares, el líder del Movimiento Sin Tierra Pedro Stédile, el ex secretario de Internacionales del PT Valter Pomar, el sociólogo Emir Sader y el ex vocero de Lula André Singer.

Para los intelectuales firmantes, Levy y Abreu marcan “una regresión en la agenda victoriosa en las urnas” porque “ambos son conocidos por la solución conservadora y excluyente del problema fiscal y por la defensa sistemática de los latifundiarios contra el medio ambiente y los derechos de los trabajadores”.

El viejo periodista Mino Carta, amigo personal de Lula y director de Carta Capital, se preguntó si será cierta su intuición de que Levy le trae el olor de Antonio Palocci. Palocci fue ministro de Hacienda con Lula entre 2003 y 2006 y jefe de la Casa Civil (cargo similar a la Jefatura de Gabinete argentina) en los comienzos de Dilma, de enero a junio de 2011. En el primer período, el secretario del Tesoro Nacional fue Levy.

Escribió Carta que si su intuición fuera un hecho, eso significaría que “el entendimiento entre Lula y Dilma es mucho más profundo de lo que cualquiera imagina”, porque el único puente entre Palocci y Dilma “sólo puede ser el ex presidente, conocido como magnífico intérprete de la Realpolitik”.

Las dos renuncias de Palocci respondieron a acusaciones por irregularidades. La última, en 2011, se debió a sospechas de enriquecimiento ilícito. Como ministro, Palocci fue menos conservador que en su propio discurso. Uno de los que analizaron con más datos su gestión fue, curiosamente, Nelson Barbosa, el ahora nombrado ministro de Planificación. Barbosa recordó en “Diez años de política económica”, un trabajo incluido en el libro Lula e Dilma editado por Boitempo y Flacso-Brasil, que en 2002, cuando Lula ganó las elecciones, la inflación había llegado a un 12,5 por ciento y la deuda líquida del sector público representaba un 60 por ciento del PBI. En lugar de una herencia bendita, según Barbosa, Lula recibiría “un cuadro de descontrol macroeconómico”. Lula comenzó con una política restrictiva para recuperar la estabilidad monetaria y fiscal. El Banco Central elevó la tasa de referencia para las tasas de interés y el gobierno elevó su meta de resultado primario para contener el aumento de la deuda pública. Al principio, el nivel de actividad cayó de un 2,7 por ciento en 2002 a un 1,1 en 2003, el primer año de gobierno de Lula. Pero en 2004 el PBI creció un 5,7 por ciento, en parte por la demanda externa incrementada por el crecimiento chino y en parte por el aumento del consumo interno. Y la inflación cayó a un 7,5 por ciento mientras bajaba también la deuda pública a un 48 por ciento del PBI en 2005. Entretanto el gobierno de Lula desarrolló primero el plan Hambre Cero y luego el más amplio Bolsa Familia.

Terminado el peligro inicial, quedó establecida la base para implantar el PAC, el Programa de Aceleración del Crecimiento, con ejes en la infraestructura y la energía.

La encargada del PAC fue la entonces jefa de la Casa Civil, Dilma Rousseff. El operador del PAC en el Ministerio de Hacienda fue el propio Barbosa, que también ocuparía el viceministerio con Mantega.

A favor

El periodista y economista Luis Nasiff, editor de un blog influyente, incluso rescató el papel de Barbosa cuando, como secretario ejecutivo del Ministerio de Hacienda, montó “la estrategia contracíclica que defendió a Brasil de la crisis mundial”.

“Si no libran disputas de ego, Barbosa y Levy podrían conformar una dupla preciosa”, dijo Levy. “Tienen convicción sobre la importancia de contar con una estructura de tasas de interés de largo plazo y civilizada para completar el ciclo de reestructuración del ahorro privado”, escribió. La ventaja de Barbosa sería que “estructuró los nuevos títulos privados, capaces de permitir el financiamiento de la infraestructura, y tiene óptima interlocución con el sector real de la economía”. Y Levy “es un especialista en la estructura de títulos públicos con buena entrada al mercado”. Síntesis de Nasiff: “Barbosa tiene una visión técnica y política (en el sentido de las restricciones políticas) de la estructura de los gastos públicos, y Levy es un técnico meticuloso en el cálculo de los impactos que las decisiones pueden tener sobre las cuentas públicas”.

La dirigencia del PT no cuestionó las designaciones de Dilma.

En la reunión de la mesa ejecutiva nacional el último viernes, el senador Humberto Costa dijo que la contención de gastos será una etapa y no un fin en sí mismo, como hubiera ocurrido con un gobierno de Aécio Neves.

José Guimarães, diputado nacional y uno de lo
s vicepresidentes del PT, dijo que el staff designado “es el equipo posible para el momento que enfrentamos” y consideró que mientras no se toquen los programas sociales ni la PAC, tudo bem.

De reojo

A ese tablero le prestaron atención, durante su visita a Brasilia, el jueves último, el jefe de Gabinete Jorge Capitanich y el ministro de Economía Axel Kicillof. Los dos se reunieron con el jefe de la Casa Civil Aloizio Mercadante y el asesor internacional del Planalto Marco Aurélio García. El comunicado final dice que habrá encuentros mensuales y que los funcionarios “coincidieron en señalar la importancia de establecer este mecanismo multilateral para agilizar y potenciar la relación bilateral entre Argentina y Brasil”. También “resaltaron que la estrategia conjunta de integración productiva es el mejor camino para que ambos países beneficien a su producción industrial y el comercio”. Entre los sectores analizados figuran el automotriz, el siderúrgico, el naval, el de la aeronavegación, el de la energía y el del comercio.

La Argentina ya fabrica componentes para el KC-390, un avión de transporte militar capaz de competir con el Hércules. La Argentina es socia minoritaria del consorcio que se propone un vuelo de prueba este mismo año y una flota en el aire en el 2016.

La paradoja, o no, es que las ventas a Brasil bajaron, pero también bajaron las compras. Las exportaciones, porque Brasil decrece o no crece. Las importaciones, por la baja del consumo argentino y por la escasez de dólares. En octubre la Argentina importó 1168 millones de dólares, un 36 por ciento menos que en octubre de 2013. Las exportaciones representaron el mismo volumen, o sea que la balanza terminó sin saldos a favor o en contra.

Cada país tiene su propia coyuntura política. Dilma asumirá su segundo mandato el 1º de enero y afronta al menos dos desafíos. Uno, el de volver a crecer en medio de la crisis mundial. Otro, el de gobernar sin diluir el impulso reformista ni perder la fuerza de un PT revitalizado por la campaña y a la vez administrar Brasil sin perder el apoyo parlamentario del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, en realidad una constelación de poderes provinciales. Cristina necesita conservar la mayor cuota de poder posible hasta la entrega del gobierno, el 10 de diciembre de 2015, bajar la inflación y recuperar el crecimiento.

Con problemas propios, pero sin ruido comercial ni diferencias internacionales –los dos países coinciden en la búsqueda de la multipolaridad, para lo cual Su-damérica debe ser un polo–, ni siquiera los misterios del nuevo equipo económico anunciado en Brasil alcanzan a explicar un misterio mayor: por qué las dos presidentas no retoman el diálogo frecuente de alto nivel que desplegaban antes.

 

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