El ninguneo irresponsable

Argentina
Roberto Mero

Si la ley es para todos, todos pueden reclamar su cumplimiento. No se puede proclamar un vencedor hasta que el recuento efectivo de votos no confirme el resultado final, y poco importa cuál es la diferencia. El reconocimiento de un resultado incierto para ‘evitar hechos de violencia’, se confunde con un arrebato al poder que menosprecia la voluntad popular.

Los balcones siguen hablando a lo largo del país - Foto: ArchivoRoberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Si bien el adagio democrático repite que “nadie es el propietario del origen del voto ciudadano”, la contraparte podría resumirse así: “nadie está en condiciones de negociar su destino”. Para ser claros. En su entrevista con Fantino del 26 de noviembre, Daniel Scioli confesó haber tomado la decisión, “personal, responsable y en soledad” de haber aceptado la derrota para evitar (siempre de manera “responsable”) hechos de violencia. “Yo no iba a poner en vilo a la Argentina y generar una situación que podían tener características violentas como vimos en otros lugares.” Luego de asimilar una elección presidencial a un cotejo deportivo, Daniel Scioli volvió a precisar que su decisión de aceptar las “tendencias” que salían de los cómputos fue absolutamente personal: “Yo hubiese podido decir, bueno, vamos a esperar el escrutinio definitivo, vamos a esperar que se abran las urnas, pero me pareció serio, responsable, prudente, apenas tuve claridad que la tendencia definitiva era esa”. Resumiendo un poco Daniel Scioli fue enviado al muere sin un sistema de inteligencia (ni siquiera improvisado) que le aclarase que lo que estaba saliendo en C5N era una barrabasada (+9% para Macri) sin fundamento alguno, ni encuesta ni boca de urna. Y (continua Scioli ante Frantino) “que había que esperar el escrutinio definitivo ya que como vemos la tendencia se reduce.” En síntesis, Scioli no tomó ninguna decisión sino que optó por aceptar un resultado incierto bajo la presión de la barra brava macrista que amenazaba quemar el estadio. En sus declaraciones, el candidato del FpV olvida de paso que ese resultado no le pertenecía y que el endeble corte de la torta dando victoria al que no había triunfado, podría un día cercano confundirse con arrebato. Terrible escenario el de hoy: ilegitimidad de un Presidente que asumirá sin que se pruebe que haya ganado y ninguneo temerosamente irresponsable de quien le acordó el triunfo, menospreciando la voluntad popular. El camino hacia el infierno, queridísimo compañero Scioli, está empedrado de buenas intenciones.

El horrible encanto del fraude

Yo me atajo. No agrego ni punto ni coma. Cito al Diccionario de la Real Academia Española: “1 – Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete. 2 – m. Acto tendiente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros. 3 – Delito que comete el encargado de vigilar la ejecución de contratos públicos, o de algunos privados, confabulándose con la representación de los intereses opuestos”. La franela institucional-jurídica que rebota desde hace una semana tiene ese horrible encanto de barrer la mierda bajo la alfombra: desaparecerá de la vista durante unos días, pero el olor a podrido no tardará en flotar, infectando la pieza. ¿Aceptó el Gobierno haber perdido aún triunfante porque no había con que responder a la barra brava macrista dispuesta a incendiar el país? ¿Daniel Scioli actuó sólo o fue abandonado, en el momento de exigir que se abriesen las urnas para el recuento? ¿Carlos Zannini se jugó la patriada individual de pedir que se cuenten los votos de Córdoba, recibiendo un portazo? El comprensible sálvese quien pueda del domingo 22 de noviembre, bajo el fuego intenso de los medios y la amenaza de un escenario a la tucumana, abre un interrogante insólito y dramático. ¿Quién reconocerá en el extranjero las cacareadas macristas contra Venezuela si no tiene legitimidad en su propio país? ¿Qué peso podrán tener sus decisiones, habida cuenta que nacieron de un acto fraguado? ¿Qué paz social podrá esperarse cuando más temprano que tarde se descubran los mecanismos de la manganeta? Aunque partido en dos, el país debe mantener una cierta gobernabilidad en base al acuerdo que debe pasar por el Congreso, el único poder cuya legitimidad no está en duda. Lo demás será alaraca y transmisión de bandas presidenciales tan válidas y honorables como las banderas orgullosas de una República Bananera.

La misteriosa garantía de la paz nacional 

Que si se va el 9 a la Plaza de Mayo es mejor que ir el 10. Que ir el 10 es una provocación. Que hay que evitar la violencia, los exabruptos, gargajeadas, trompadas. Si como decía el bendito lema “La Patria es el Otro”, resultaría ahora que “Uno” debería cuidarse seriamente del “Otro” y no simplemente por la palabra Patria sino por ese fantasma que recorrió en los últimos meses la Argentina: que las todopoderosas legiones macristas son dueñas de hacer y deshacer en las calles del país, quemar urnas, imponer Presidentes fraudulentos, ganar cuando pierden, amenazar. Han logrado convencer a la mayoría (incluyendo a los tímidos dirigentes de nuestra fuerza) que como en el juicio de Salomón, hay que comerse lo que venga como garantía de una paz nacional que sólo reposaría en nuestra voluntad pacifista, democrática, bien educada. La farsa sin embargo está allí, desenmascarada. Está en los resultados inciertos de las elecciones que hasta para el Washington Post han sido “stolen” (robadas). Está en la ola consecuente de insultos y amenazas de los militantes macristas. Está en aquella tendencia que en nombre de la “no provocación” hizo que la dirigencia judía del Ghetto de Varsovia aceptase entregar a “algunos” y que descubrió la falacia una vez que habían gaseado y quemado a todos. ¿La misteriosa garantía de la paz nacional reposa sólo en la ley de la jungla o bien en la Ley? ¿Los candidatos presidenciales han debido entregarse con las manos en alto ante la prepotencia anunciada? ¿La despedida justa a Cristina no maquilla en su ansiedad sentimental el saber que en el mediodía del 10 de diciembre quedaremos entre las manos de las fieras? Preguntas sin respuestas que la debilidad corre el riesgo de confirmar.

La comodidad del llanto o la urgencia el recuento

Como garúa sospechosa del derrotismo anunciado, varios post y noticias sin fundamento ponen en duda que el resultado electoral está forzando al recuento de votos. No es una movida personal. Es el reclamo para que se cumpla la ley, tal como se hizo en Santa Fe o en Tucumán, dejando aclarado para siempre quien ganó y por cuanto. Sea quien fuere el ganador. Eludir este cumplimiento de la ley, violarlo, argumentar que pondría en peligro la convivencia nacional significaría abrir la puerta a la fuerza bruta. Venga esta de las barras bravas del macrismo en las calles o a la de la patota mediática. Votar es un derecho y un deber y los resultados deben ser transparentes. Aún justificada quizá para evitar el incendio, la maniobra de anteponer la despedida de Cristina a esta aplicación de la ley no hará sino agravar una crisis institucional mayor. Cristina se va de su puesto. Se le acabó el mandato que el pueblo le otorgó. Pero el Pueblo continúa ahora con el derecho de ejercer uno nuevo, aunque sea complicado: el mandato de que sean respetada su voluntad, de que sea esclarecido el comicio del 22 de noviembre y que se acaben las chicanas chantajistas sobre un país “que podría arder si se conociese la verdad”. La verdad se sabrá, fatal, inevitablemente. Ya poco importa si la diferencia es del 0,4% o del 0,89%. En ninguno de los dos casos se puede proclamar vencedor a nadie hasta que el recuento efectivo de votos, urna por urna, mesa por mesa, no confirme el resultado final. Jugar con l
a sentimentalidad del Pueblo o ponerle la pistola del chantaje en la cabeza podrían dar por resultado una crisis inédita que hubiera podido evitarse con coraje cívico.

El síndrome de Lord Jim

En su novela “Lord Jim”, el inglés Joseph Conrad puso en escena a un personaje curioso: el capitán de un barco que, temblando de pavor al ver que se le incendiaba, abandona a todos los pasajeros y escapa para salvar el pellejo. Salvo que no tardara en descubrir que los pasajeros salvarán el barco y que él, Lord Jim, deberá cargar hasta su muerte la marca infame de la cobardía. Valgan las metáforas, aunque sean estas terribles, para comprender que nadie es Superman. Para entender que en caliente y ante sus propios medios, cualquiera de nosotros puede cometer el error de cagarse en las patas, abandonando el barco ante la primera llama. ¿Quién es quién en esta sombría historia que se despliega ante nosotros? ¿Qué pasó en la noche del 22 de noviembre cuando, sin datos verificables, a la grossa, a la desprolija, nuestro espacio se bajó los lienzos como si nos estuviesen apretando contra un viejo murallón? Eso pasó. Eso fue. Era incierto. Macri había anunciado que irían a por todo desde las 18.10. Y fueron por todo. Por la Presidencia también. ¿Dónde está ahora ese despliegue de coraje del pueblo que hizo el aguante, que la remó aunque los capitanes hubiesen abandonado el barco, que llevaron a puerto esta lucecita que quieren apagar bajo las lágrimas de una despedida inevitable? Aquí el Pueblo sigue esperando que las cosas queden claras. Que se sepa que su voluntad no fue negociada, aún bajo el miedo, la prepeada mediática, el aprete televisivo. Si la Ley es para todos, todos pueden también reclamar su cumplimiento. Lord Jim cargó hasta su muerte el recuerdo atroz de su cobardía, mientras los pasajeros de su barco seguían remándola, poniendo el pecho y el corazón mientras su capitán se salvaba bajo el peso atroz del cagazo.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia