El Museo Efímero del Olvido

Colombia

Mientras el país espera con ansiedad un acuerdo de paz que ponga fin a un conflicto con 50 años de historia y millones de víctimas, una muestra itinerante busca recuperar la relación entre el pasado y el futuro de una manera diferente. No se trata sólo de una colección de recuerdos, sino de la darle otra dimensión a la memoria y ampliar las diferentes maneras de pensarla.

Interviniendo el olvido, una obra de Juan Cuello - Foto: Archivo

Javir Lafuente – El País (España)

En un momento en el que la memoria se ha vuelto una obsesión para Colombia, ansiosa como anda por poner punto y aparte a un conflicto con la guerrilla de las FARC de más de 50 años y siete millones de víctimas, la apuesta por lo efímero y el olvido, la gran crítica, por otra parte, que siempre ha recibido el país, marca una de las propuestas más interesantes del momento artístico. Enfrentarse a la relación con el pasado, a sabiendas que nunca se podrá recuperar tal como fue, es el eje sobre el que se ha construido un particular Museo Efímero del Olvido.

“La memoria se convirtió en un receptáculo de todo, como si solo fuésemos a pasar a otro estado si empezamos a recoger todo. Tenemos una angustia generalizada. La intención era dar otra dimensión a la memoria, ampliar las formas en que podemos pensarla”, explica una de las comisarias de la muestra, Cristina Lleras, que durante años trabajó al frente de la curaduría del Museo Nacional. “Se trata de una atención entre olvido y recuerdo y no solo una acumulación de testimonios que luego nadie sabe interpretar o qué hacer con ellos. El olvido, pensado como el que necesitas para recordar, puede ser útil”.

El Museo Efímero del Olvido abrió sus puertas el pasado 5 de agosto y desaparecerá, al menos tal y como está concebido, el 5 de septiembre. Hasta entonces, 46 proyectos del Salón Regional de Artistas Zona Centro, que engloba creadores, en su mayoría jóvenes, de los departamentos de Bogotá, Cundinamarca y Boyacá, se muestran en la Universidad Nacional, en Bogotá y en la ciudad de Duitama, en Boyacá. Cada uno de ellos plantea la relación con el pasado y el futuro de una manera diferente, con formatos heterogéneos. Mientras que algunos resultan pedagógicos, con otros se tiene la sensación de que lo mejor transcurrió durante el proceso de la obra.

” En un momento en el que la memoria se ha vuelto una obsesión para Colombia, ansiosa como anda por poner punto y aparte a un conflicto con la guerrilla de las FARC de más de 50 años y siete millones de víctimas, la apuesta por lo efímero y el olvido, la gran crítica, por otra parte, que siempre ha recibido el país, marca una de las propuestas más interesantes del momento artístico “

En realidad, el museo se vuelve un tanto sospechoso porque, ¿dónde se encuentra? Al entrar en el campus de la Universidad Nacional, con su característica forma de búho, ese guiño eterno a la sabiduría que tan bien se percibe desde el aire, uno no es consciente de lo que puede llegar a encontrar. Apenas hay indicaciones para acceder a la muestra, el visitante deberá esforzarse para identificar las obras, distribuidas en distintos edificios del campus.

La ocupación del espacio no es casual. La Universidad Nacional, otrora epicentro contestatario de la capital y, por ende, del país, es una especie de cápsula del tiempo, un paseo, en cierto modo, por la historia reciente de Colombia. Los edificios datan de los años cincuenta, sesenta. Entre ellos destaca el de Ciencias Humanas, de Rogelio Salmona, uno de los grandes exponentes de la arquitectura latinoamericana. En su plazoleta se encuentra Historias de jardín, una obra de la artista Luz Ángela Lizarazo, dibujos en el suelo a partir del diseño de unas rejas, elaborados con alpiste y otras semillas para pájaros, por lo que durante el transcurso de la muestra la obra se irá distorsionando.

Además de instalaciones efímeras, la muestra, estructurada a partir de siete ejes —Promesas del desarrollo, Residuos del futuro, Mitologías de origen, testimonio, Historia como ficción, Traiciones de la memoria, Reescritura del pasado e Instante— incluye reflexiones y alteraciones de la historia, como en Lenin viene, donde Andrés Caycedo, a partir de postales de su abuelo, anuncia la visita del prócer soviético a Bogotá el próximo 25 de diciembre. Los pasquines de Lenin se encuentran en el recibidor de la Biblioteca, junto a la Historia Nacional del Olvido, la instalación con la que el Grupo Nietzsche ha intervenido los libros de historia más buscados en Colombia. “El pasado raramente nos deja satisfechos; estas propuestas nos permiten preguntarnos por el pasado que queremos”, ha escrito Lleras junto a María Soledad García, la otra comisaria de la muestra.

Cuando todo se esfume el 5 de septiembre será imposible hacer una evaluación empírica de la repercusión que ha tenido. Muchas obras habrán desaparecido y resulta imposible un conteo de visitantes al tratarse de un espacio como este. Nada que preocupe a Lleras, la impulsora del proyecto. “Se trata también de un juego, de retar esa idea de que un museo solo puede existir si tienes un edificio gigante y te gastaste millones de dólares, euros o pesos. Se trata de ver los museos desde la otra orilla, la del olvido”.

 

Redacción – Semana (Colombia) 

En una de las paredes principales del edificio Sindu de la Universidad Nacional cuelgan una serie de cuadros en blanco y negro que, al más mínimo roce con cualquier otro material, comienzan a desaparecer. Son imágenes de las noticias más importantes de los últimos meses que el artista caleño Juan Mejía pintó con tinta borrable. No llevan nombre o explicación pero algunos son fáciles de identificar. Entre ellos está la conocida escena en que aparece el periodista norteamericano James Foley arrodillado en la mitad del desierto con Yihadi John detrás, vestido de negro blandiendo un cuchillo. La obra de Mejía se titula Pentimento y busca que el visitante reflexione sobre dos fenómenos: 1) que las noticias son efímeras; 2) que con el tiempo, el contexto en el que surgieron va desapareciendo y terminan convirtiéndose en imágenes sueltas que pueden interpretarse de muchas maneras. 

Pentimento hace parte del XV Salón Regional de Artistas Centro titulado Museo efímero del olvido, que estará abierto al público en varios edificios de la Universidad Nacional a partir del 5 de agosto. La exposición –como su nombre lo indica- gira en torno al concepto del olvido y lo que este conlleva. Reviviendo la cocina rural del municipio de Oicata de Blanca Ocasión, –por ejemplo- utiliza fotografías para recordar lugares y tradiciones que se están perdiendo, mientras que Esta es mi vereda, de Miguel Canal, muestra a través de imágenes carcomidas por hongos que hasta las fotos y las películas tienen fecha de caducidad.

Las curadoras, María Soledad García y Cristina Lleras, querían mostrar un museo distinto que no construye memoria sino que olvida. Por eso, obras como Pentimento e Historias de Jardín de Luz Ángela Lizarazo –un gigantesco dibujo a base de semillas que estará expuesto en la plazoleta del edificio de posgrados de Ciencias Humanas- irán desapareciendo a lo largo de la exposición. Pero la propuesta curatorial no se queda sólo en ese tema.

La sociedad –explican ellas- tiende a asociar la verdad con el recuerdo. Pero varios estudios científicos han demostrado que la relación entre uno y otro no es tan directa como se cree. Las personas suelen recordar un evento de forma distinta y la memoria de este va cambiando con el tiempo. En 2000, el científico austriaco Eric Kander ganó el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos en
el ámbito de la neurobiología que demostraron –entre otras cosas- que la memoria conlleva el olvido. En otras palabras, es físicamente imposible acordarse de absolutamente todo y esto también juega un papel importante en la visión del pasado.

” La exposición es bastante diversa. Hay fotografía, dibujo, video, audio y animación, entre otros, y está diseñada para que cada visitante elija su propio recorrido. En un país en el que hasta ahora está de moda el concepto de memoria, vale la pena ir a este museo del olvido para reflexionar sobre sus implicaciones, sus límites y su relación con la verdad “

Estos fenómenos aparecen de una u otra forma en las obras de la exposición. Domesticando rinocerontes, de Óscar Ayala, echa mano de un pequeño rinoceronte extrañamente pintado en el techo de la Casa Museo del Escribano Real Juan de Vargas, para hablar sobre el patrimonio cultural de Tunja y cómo la comunidad ha ido apropiándoselo. El dibujo de este exótico animal ha suscitado toda clase de historias. Se cree que llegó gracias a un grabado del artista alemán Alberto Durero que comenzó a circular en el siglo XVI, pero no se sabe a ciencia cierta su origen.

Por medio de placas conmemorativas llenas de pomposas palabras que no dicen mucho, Imperfecto pretérito de Juan David Laserna invita al visitante a reflexionar sobre la manera como se recuerdan importantes eventos históricos y sus protagonistas. Las placas no siempre cuentan lo que verdaderamente ocurrió y con el tiempo tienden a perder el impacto que una vez tuvieron en la sociedad. Las de la obra de Laserna pueden perfectamente pasar por originales. La mentira solo se desvela cuando se leen.

Y a propósito de eventos históricos, en Dos más dos es igual a cinco Mónica Páez recuerda un suceso del que ya poco se habla a pesar de que en su momento se describió como “el gran robo del siglo en Colombia”. En octubre de 1994 un grupo ladrones se adentró en las bóvedas del Banco de la República en Valledupar y sacó 24.072 millones de pesos. Por el tamaño del robo el banco tuvo que sacar de circulación los billetes de 2.000, 5.000 y 10.000. Páez hizo un montículo con los antiguos billetes de estas denominaciones que, aunque ya no tienen valor monetario alguno, en el segundo piso de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas se convierten en obra de arte.

La exposición es bastante diversa. Hay fotografía, dibujo, video, audio y animación, entre otros, y está diseñada para que cada visitante elija su propio recorrido. En un país en el que hasta ahora está de moda el concepto de memoria, vale la pena ir a este museo del olvido para reflexionar sobre sus implicaciones, sus límites y su relación con la verdad.

 

María Soledad García y Cristina Lleras – Arcadia (Colombia)

El presente es un imperfecto desconocido. Incompleto, sin forma y sin lugar, la narración del instante y de lo que acaba de suceder, se nos escapa y lo arrastra el olvido. De ahí que podamos decir que la memoria encuentra su garante en la historia, mientras que el presente está atravesado de olvidos.

El olvido carga una potencia sobre nosotros; frente a la exigencia de la memoria, el olvido es una traición. El recuerdo de lo que hemos olvidado, en el instante en que aparece, nos lanza la puñalada. Pero el olvido tiene también otro destino: liberado de la condena de una traición, dibuja un presente y un futuro que aún está por ser construido. Exige con igual fuerza volver a examinar nuestra mirada hacia el pasado, como un acontecimiento clausurado. El olvido desenhebra la trama del pasado y lo vuelve pasado-presente, instante aún maleable y por lo tanto, posible de ser nuevamente nombrado.

El museo efímero del olvido, como proyecto curatorial del Salón Regional de Artistas Zona Centro, busca problematizar la noción de pasado traumático, para la cual el olvido es un problema. En esta propuesta expositiva, el olvido es una potencia del tiempo en el que la historia puede abrirse, deshilvanarse para configurar nuevos relatos. Así, el valor político del olvido, tan actual, es más profundo que la sola contraposición entre recuerdo y olvido. El pasado es un territorio cercado al que no podemos acceder; el recuerdo no es una vía de acceso, y la memoria es menos transmisión que una reconstrucción. Esta mirada estrábica que no pierde el presente ni el pasado, recorre las salas del museo que se abrirá el 5 de agosto en la Universidad Nacional de Colombia y en Culturama, en Duitama, por cinco semanas.

” Un museo que aborda el presente desde sus carencias, que dibuja y propone un escenario de futuro posible de ser aún transformado. Y el futuro, apenas se está dibujando. Así, cada uno de los 46 proyectos que lo conforman, es una mirada particular que genera y proyecta sus propias lecturas hacia el contexto actual del país, alejándose de la literalidad de las memorias del conflicto reciente “

Un museo que aborda el presente desde sus carencias, que dibuja y propone un escenario de futuro posible de ser aún transformado. Y el futuro, apenas se está dibujando. Así, cada uno de los 46 proyectos que lo conforman, es una mirada particular que genera y proyecta sus propias lecturas hacia el contexto actual del país, alejándose de la literalidad de las memorias del conflicto reciente.

Como una apuesta a contrapelo, el museo efímero del olvido se configura a partir de los proyectos. No clasificamos ni catalogamos las relaciones entre unos y otros. No realizamos diagnósticos ni pretendemos estabilizar la práctica artística en colecciones y en narraciones. El museo efímero del olvido es, en su mejor configuración, un territorio heterogéneo. Ese territorio está construido, por un lado, de Promesas de desarrollo, Residuos de futuro, Mitologías de origen. Allí, un número de proyectos insiste en marcar una dicotomía entre el fracaso de la modernidad a través de la ciudad, y una nueva utopía representada en las dinámicas del campo. La ruina parece ser la clave desde dónde leer el tiempo; como vestigio de lo que fue y supervivencia de un resto, atestigua la grandeza y la barbarie sobre la que construimos el presente.

Por otro lado, el pasado es reescrito, alterado, ficcionalizado, dibuja los lindes de nuestra travesía; así, a través de categorías como Historia como ficción, Testimonio, Traiciones de la memoria, Reescritura del pasado e Instante, un grupo de proyectos tensiona y cuestiona nuestra relación con el pasado, el recuerdo y la memoria. No accedemos al pasado a través del recuerdo, sino mediante de la actualización del pasado en el presente. Un buen número de proyectos al interior del museo efímero del olvido pone de manifiesto esas operaciones de manipulación, de edición, de exaltación o su desmonte. El pasado raramente nos deja satisfechos; estas propuestas nos permiten preguntarnos por el pasado que queremos.

 

Proyectos del Museo Efímero del Olvido: www.efimero.org

 

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