El mundo del cooperativismo en Cuba

El modelo cooperativista del país es un ejercicio que crece, en algunos casos velozmente y en otros con dificultades y lentitud. Los que han logrado avanzar manifiestan que la voluntad es fundamental para salir adelante y que aunque trabajan más ganan mejor y la población está contenta. Las políticas de precios están presentes en las cooperativas que no sólo desean obtener un beneficio comercial sino que buscan que el cliente quede satisfecho.

Joel Major – Cubahora (Cuba)

El cooperativismo resulta una fórmula de éxito probada en diferentes latitudes. La provincia Artemisa, sobresaliente por la diversidad de transformaciones novedosas que aplica, acoge desde julio de 2013 una amplia gama de cooperativas no agropecuarias y emprende su desarrollo.

Tres propósitos animan esta fórmula prominente en la actualización del modelo económico cubano: incrementar los ingresos de los asociados, aportar beneficios al Estado y mejorar la calidad del servicio y la satisfacción de los clientes. Por supuesto, cuánto empeño pongan los asociados garantiza si lo logran o no.

“Entre las que más expectativas despiertan entre la población destacan las dedicadas a gestionar y comercializar productos agropecuarios, las cuales pretenden minimizar la participación de intermediarios y, en consecuencia, disminuir los precios. Pero su funcionamiento desigual deviene también en dividendos dispares”

Raúl Rodríguez Cartaya, jefe del Consejo de Administración Provincial, reveló que en la joven Artemisa funcionan 18 de las 99 Cooperativas No Agropecuarias (CNA) constituidas en el país: una de transporte, otra de reciclaje de desechos y dos de gastronomía, en la propia ciudad capital; una de ornitología, en Candelaria; una de construcción, en Mariel y 12 agromercados distribuidos en los 11 municipios.

Además, está aprobada la fundación de un nuevo grupo de 50: la mayor parte (49) dedicadas a la gastronomía y una a la construcción, en San Antonio de los Baños, agregó. De modo que la cantidad ascenderá a 68.

Sin lugar a dudas, entre las que más expectativas despiertan entre la población destacan las dedicadas a gestionar y comercializar productos agropecuarios, las cuales pretenden minimizar la participación de intermediarios y, en consecuencia, disminuir los precios. Pero su funcionamiento desigual deviene también en dividendos dispares.

Sin gestión no es posible

Mientras en La Avenida (municipio Artemisa) los productos permanecen inmutables, con precios para nada asequibles y escasa concurrencia, La Victoria atrae a jubiladas, amas de casa y población en general de Bahía Honda, ávidas de llevar a casa tomates, arroz y otros alimentos.

“Los campesinos quieren venderte al precio de la tarima —asegura Leonardo González, presidente de la cooperativa artemiseña La Avenida—, tras acudir a productores de Alquízar. Pedían 1.50 por la libra de boniato, un peso por la de plátano burro, 3.80 por la de malanga y dos por la de yuca. Un productor de Artemisa tenía la mazorca de maíz a 1.50″.

“Y Acopio tiene precios muy altos también. Encima, alquilar transporte para ir al mercado mayorista El Trigal (en La Habana) cuesta de 400 a 800 pesos, en dependencia de si lo pagara entre dos o fuera solo”.

“No resulta justo gravar los alimentos con un margen comercial abusivo”

González se quejó de lo poco que le vende la Unidad Básica 204, perteneciente a la Empresa Provincial Mayorista de Productos alimenticios y otros bienes de consumo, en evidente desconocimiento de la necesidad de rubricar contrato con esa entidad e ir a gestionar los productos. Odelín González, la jefa comercial, confirmó que ellos apenas tocaron su puerta una vez y solo a finales de febrero tuvieron listo el contrato.

Entretanto, Emma Quintana, directora de la UEB Comercializadora de Productos Agropecuarios (a la cual todavía suelen llamar Acopio), agregó que La Avenida tampoco tuvo contrato con ellos sino hasta mediados de marzo. “Las CNA iniciaron en julio de 2013, y fue el 26 de febrero que ellos vinieron a buscar la proforma”.

Quintana compartió con Cubahora la lista de precios, y quedó muy claro: si La Avenida les comprara la malanga (a 3.50 la libra), el boniato (a 0.76) o la calabaza (a 1.15), no tendría que vender la libra de malanga a cinco pesos ni la calabaza a tres, porque no resulta justo gravar los alimentos con un margen comercial abusivo. Gestión, esa es la clave para estas cooperativas.

Que el cliente regrese 

En Bahía Honda, en cambio, procuran proteger a la población de menos ingresos. Osmel Aroche, ex director municipal de Acopio y presidente de la CNA Agromercado La Victoria, advierte que buscan ganancias a partir de vender grandes volúmenes de productos, no a costa de ampliar el margen comercial (15-18 por ciento). “Nuestra política de precios refleja que trabajamos para la base de la pirámide. Mientras menor sea el precio, más veces regresa el cliente”.

Mirta Rodríguez ha seguido de largo pese a encontrar varios carretilleros con productos agropecuarios en el camino. “Venden el tomate a seis pesos la libra. No todo el mundo lo puede pagar. Por eso vengo aquí, donde lo tienen a 3.50”. María Bacallao coincide. “Uno va a donde más barato esté; aquí los precios son más asequibles”. Y Marcelina Gómez añade: “el trato es mejor, y me despachan la cantidad exacta”.

“Nuestra política de precios refleja que trabajamos para la base de la pirámide. Mientras menor sea el precio, más veces regresa el cliente”

Siete socios fundaron la cooperativa. Hoy la cifra asciende a 25. Todos comparten la idea de que este ha de ser un mercado seguro para los productores del territorio. A ellos les compran cuanto sean capaces de sacarle a la tierra y a los animales por encima de la cantidad contratada con el Estado.

Pero no basta para satisfacer la demanda, por lo cual intercambian excedentes de aguacate, plátanos y piña (que habitualmente se perdían en el campo) por arroz, frijoles, cebolla y ajo, entre otros. Se trasladan hasta Alquízar o Artemisa y municipios de la vecina provincia Pinar del Río, como Sandino, Mantua, Guane y San Juan.

En la CCS Antero Regalado, en Güira de Melena, consiguen un precio razonable para la malanga, con tal de venderla a dos pesos a sus clientes del territorio. En la CCS Orlando Nodarse, de San Luis, hallaron el tomate que luego pudieron ofertar a 2.50. Y en la CCS José Martí, en la propia Bahía Honda, encontraron a boniato a 0.40 centavos.

La victoria será mejor 

El presidente de La Victoria enfatiza que no existen límites para comprar el total de las producciones a sus proveedores. La fruta de mayor calidad la ofertan en la tarima, en tanto el resto va a parar a su propia minindustria, para convertirla en jugos o compotas.

De esa manera solucionaron el problema de la merma. Con las viandas y granos hicieron otro tanto: unas las emplearon en propuestas gastronómicas y con los otros fabrican pienso criollo. También construyen un centro de elaboración, para encurtidos y cárnicos en toda su variedad.

Además, pronto emprenderán gastronomía con comida y cabaret. “Los ingresos provenientes de esa actividad permitirían continuar disminuyendo los precios de los productos agropecuarios”.

El Banco confía en esta cooperativa, pues a los tres meses liquidó el préstamo inicial, y les concedieron otros dos créditos —uno para inversiones—, los cuales amortiza con puntualidad.

“Trabajamos mucho, pero ganamos más que antes y la población está contenta”

En 2013 sus ventas rebasaron un millón 713 000 pesos, de modo que distribuyeron 10 000 a cada socio. Pero este será un año mejor: e
n enero y febrero ya superaron el millón.

Solo les preocupa no disponer de un medio de transporte, lo cual encarece los precios a la población. “Tenemos el apoyo inmenso de la Base Municipal, pero su disponibilidad técnica resulta insuficiente para enfrentar las necesidades del territorio, y las tarifas son muy altas (40 pesos la hora de estadía). En los dos primeros meses erogamos más de 43 000 pesos por ese concepto. La solución radica en que nos arrienden un camión”.

Por lo demás, todo marcha. Leodanis Alfonso, el placero, cobró 3 200 pesos en febrero. “Trabajamos mucho, pero ganamos más que antes y la población está contenta”.

Al modelo de gestión cooperativo todavía le queda mucho camino por delante. Unos avanzan más aprisa, otros despacio con paso firme, y algunos tropiezan más de la cuenta; no obstante, los de la vanguardia han probado que también en esta fórmula el ingrediente esencial es la voluntad.

 

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