Un mundo de trabajadores explotados

Latinoamérica y El Mundo

La flexibilización laborar se ha impuesto en el mundo, ese es el marco en el que se celebra el Día del Trabajador, con protestas y reclamos que convergen en la precariedad laboral y el desempleo. Es uno de los triunfos más importantes del neoliberalismo. Se ha impuesto, además, una tendencia en la que la actividad laboral se ha invisibilizado con la ayuda de los medios de comunicación masiva.

Chihuahuaexpres

Marcelo Colussi – Argenpress (Argentina)

Todos los trabajadores del mundo, desde una obrera de maquila latinoamericana o un jornalero africano hasta un consultor de Naciones Unidas, graduados universitarios con maestrías y doctorados o personal doméstico semi analfabeto, todos y todas atraviesan hoy el calvario de la precariedad laboral (“flexibilización”, para usar el término de moda). 

Aumento imparable de contratos-basura (contrataciones por períodos limitados, sin beneficios sociales ni amparos legales, arbitrariedad sin límites de parte de las patronales), incremento de empresas de trabajo temporal, abaratamiento del despido, crecimiento de la siniestralidad laboral, sobreexplotación de la mano de obra, reducción real de la inversión en fuerza de trabajo, son algunas de las consecuencias más visibles de la derrota sufrida en el campo popular. El fantasma de la desocupación campea continuamente; la consigna de hoy, distinto a las luchas obreras y campesinas de décadas pasadas, es “conservar el puesto de trabajo”. A tal grado de retroceso hemos llegado, que tener un trabajo, aunque sea en estas infames condiciones precarias, es vivido ya como ganancia. Y por supuesto, ante la precariedad, hay interminables filas de desocupados a la espera de la migaja que sea, dispuestos a aceptar lo que sea, en las condiciones más desventajosas. Así las cosas, no se ve por ningún lado que el trabajo “nos haga libres”. 

“Estas últimas décadas fueron de retroceso para los trabajadores, ello es evidente. Pero la lucha sigue. Nadie dijo que la lucha fuera fácil. Si miramos la historia queda claro que sólo con enormes sacrificios se van cambiando las cosas. Y sin dudas, aunque hoy pareciera que nos acercamos más al mono debido a estos retrocesos sufridos, de nosotros, de nuestras luchas depende recuperar el terreno perdido y seguir avanzando más aún como trabajadores, y como especie en definitiva”

Según datos de Naciones Unidas 1.300 millones de personas en el mundo viven con menos de un dólar diario (950 en Asia, 220 en África, y 110 en América Latina y el Caribe); hay 1.000 millones de analfabetos; 1.200 millones viven sin agua potable. En la sociedad de la información y la comunicación, la mitad de la población mundial está a no menos de una hora de marcha del teléfono más cercano. Hay alrededor de 200 millones de desempleados y ocho de cada diez trabajadores no gozan de protección adecuada y suficiente. Lacras como la esclavitud (¡esclavitud!, en pleno siglo XXI: la Organización Internacional del Trabajo reporta cerca de 30 millones), la explotación infantil o el turismo sexual continúan siendo algo frecuente. El derecho sindical ha pasado a ser rémora del pasado. La situación de las mujeres trabajadoras es peor aún: además de todas las explotaciones mencionadas sufren más aún por su condición de género, siempre expuestas al acoso sexual, con más carga laboral (jornadas fuera y dentro de sus casas), eternamente desvalorizadas (“¿Tu mamá trabaja? No, es ama de casa”… ¿?). Según esos datos, también se revela que el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dólares –que pueden caber en un Boeing 747– supera el ingreso anual combinado de países en los que vive el 45% de la población mundial. Trabajar, pareciera, no libera de mucho. Por eso, ante ese trasfondo patético, resalta como una más que apetecible salida ser deportista profesional, o narcotraficante. Ser mafioso ya no queda tan mal; se gana bien y no se trabaja… Incluso se puede tener fama y gloria, y con suerte… ¡hasta se aparece en las revistas de farándula! ¡O en las listas de Forbes! 

En definitiva: en las condiciones en que el gran capital ha comenzado este nuevo milenio con un triunfo a escala planetaria que lo hace sentir imbatible, el trabajo, en todo caso, más bien nos transforma en monos, nos torna más animales. Y ante ello se ofrece como una salida infinitamente más atractiva para cualquier trabajador el negocio del narcotráfico: se gana mucho más trabajando muchísimo menos. 

Pero la historia no está terminada. Creer eso es tan arrogante como la equiparación de “Hombre” con “Ser Humano”. 

Estas últimas décadas fueron de retroceso para los trabajadores, ello es evidente. Pero la lucha sigue. Nadie dijo que la lucha fuera fácil. Si miramos la historia queda claro que sólo con enormes sacrificios se van cambiando las cosas. Y sin dudas, aunque hoy pareciera que nos acercamos más al mono debido a estos retrocesos sufridos, de nosotros, de nuestras luchas depende recuperar el terreno perdido y seguir avanzando más aún como trabajadores, y como especie en definitiva. Recordemos las palabras de Neruda: “podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”. 

Por tanto, hoy como ayer, y quizá más que nunca: “Trabajadores de todos los países: ¡uníos!”

Emir Sader – El Telégrafo (Ecuador)

Entre sus propuestas de desregulación, el neoliberalismo puso fuerte énfasis en la de flexibilización laboral. Por detrás de esa palabra atrayente –así como la de informalización– lo que esconden es la precarización de las relaciones de trabajo, es el trabajo que se mantiene sin contrato.

Esta fue una de las transformaciones más importantes del neoliberalismo. Junto a ella, promovió la desaparición de las temáticas del mundo del trabajo. El alza del desempleo y del trabajo precarizado son justificados por lo que llaman ‘desempleo tecnológico’, alegando que la tecnología necesita menos mano de obra, produciendo más con menos trabajadores, dados los aumentos de productividad.

Se plantea al trabajador la disyuntiva de seguir empleado, pero bajando la productividad y la competitividad de la empresa y del mismo país, o salir del mercado para mejorar su calificación y retornar después. En verdad no hay el tal desempleo tecnológico.

Cuando hay aumento de productividad, significa que se puede producir la misma mercancía en menos tiempo, pongamos, la mitad del tiempo. No se deduce inmediatamente de ahí que se debe expulsar trabajadores. Hay tres alternativas: o se produce el doble de la misma mercancía y se mantiene a todos los trabajadores empleados. O se produce la misma cantidad de mercancías y se disminuye la jornada de trabajo por la mitad. O entonces –lo que suele ocurrir– se sigue produciendo la misma cantidad de mercancías y se echa a la mitad de los trabajadores.

“El tema del trabajo casi ha desaparecido, incluso en el pensamiento social, donde la sociología del trabajo pasó, en pocas décadas, de las ramas más buscadas a una entre otras. Los mass media invisibilizan la actividad que más ocupa a más gente en el mundo: la actividad laboral. Como si la tecnología hubiera reducido el trabajo a una actividad virtual, sin esfuerzo físico, sin desgaste de energías, sin la superexplotación de jornadas agotadoras e interminables”

No es la tecnología la que echa a los trabajadores, es la lucha de clases la que se apropia del desarrollo tecnológico, que puede servir para disminuir la jornada de trabajo o para aumentar las ganancias de los empresarios.

Cuando se inventó la luz eléctrica, la primera consecuencia no fue la mejora del bienestar en las casas de las personas, sino la introducción de la jornada n
octurna de trabajo. La culpa no la tuvo Thomas Edison, sino la apropiación de ese invento para extender la jornada y la superexplotación de los trabajadores.

Desde que se hizo la crítica del paradigma de la centralidad del trabajo, como visión reduccionista respecto a las otras contradicciones, se ha impuesto una tendencia opuesta: la de hacer del trabajo una actividad menor, sin trascendencia. Exactamente cuando más gente –hoy más que nunca– vive de su trabajo. De actividades heterogéneas, diversificadas, a menudo con el mismo trabajador en varios empleos a la vez. Pero trabajan hombres y mujeres, jóvenes y niños, blancos y negros. Todos, o casi todos, viven de su trabajo.

Sin embargo, el tema del trabajo casi ha desaparecido, incluso en el pensamiento social, donde la sociología del trabajo pasó, en pocas décadas, de las ramas más buscadas a una entre otras. Los mass media invisibilizan la actividad que más ocupa a más gente en el mundo: la actividad laboral. Como si la tecnología hubiera reducido el trabajo a una actividad virtual, sin esfuerzo físico, sin desgaste de energías, sin la superexplotación de jornadas agotadoras e interminables.

Para completar, intentan pasar el primero de mayo como Día del Trabajo y no del trabajador.

 

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