El periodismo ciudadano y el mundial

Brasil y Latinoamérica y El Mundo

Este Mundial de Fútbol es el más tecnológico de la historia. El desarrollo de las tecnologías ha propiciado el avance del periodismo ciudadano en las redes sociales, algo que ya se veía con claridad en el campeonato de Sudáfrica, y de medios alternativos que aportan otras visiones políticas, como el caso de Midia Ninja en Brasil.  Lo que no está claro es qué capacidad de llegada tienen.

Télam

Diego Sánchez – Télam (Argentina)

Nacido al calor de las movilizaciones del año pasado en Brasil, Midia Ninja es un medio alternativo y joven que cubre unas protestas callejeras que ni el gobierno ni O Globo saben cómo abordar. En vivo y sin cortes, desde el lugar de los hechos, Ninja es una interesante reflexión sobre el “periodismo ciudadano”, los usos de la tecnología, y el contexto que rodea a Brasil 2014, el Mundial de la era de la política digital, de las primaveras árabes, de Snowden y de las batallas contra los grandes medios de comunicación en América Latina.

Por estos días es común oír que Brasil 2014 es el mundial “más tecnológico de la historia”. La aseveración se basa en el uso, por primera vez, de tecnologías como el Goal-Control -que detecta si una pelota cruzó la línea de gol-, las cámaras HD al interior del balón oficial o las transmisiones 4K. Son todos avances muy interesantes. Pero más allá de la lógica del consumo -la Copa y la tecnología reducidas a un catálogo de aplicaciones y televisores-, lo cierto es que también existen otros usos sociales de la tecnología que, como el propio Mundial, sirven como resumen y descripción de una época.

Hace cuatro años, muchos sumarios periodísticos bautizaron a Sudáfrica 2010 como el “Mundial de las redes sociales”. Tenía su justificación. Twitter ya tenía por entonces cuatro años pero el boom era reciente: su nombre -junto a Facebook o “web 2.0”- se sumaba de a poco a nuestra lengua cotidiana. Todos hablaban de la novedad de un Mundial que se jugaba también en las redes sociales. Sin embargo, más allá de saber qué jugador acababa de abrir su cuenta u otras intrascendencias, sí existía una “novedad”: el público migraba de los “medios tradicionales” a internet; la “noticia” periodística, por primera vez en la historia de la cobertura de los mundiales, se disolvía ante la realidad de una audiencia que se enteraba de todo y antes por un timeline o un muro.

Cuatro años después, más de 500 millones de personas utilizan Twitter y un billón Facebook. El periodismo será digital o no será. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, los abonos de banda ancha móvil en todo el mundo pasaron de 11,5% en 2010 a un 26,7% en 2013 y se estima que alcance el 32% este año. La penetración de telefonía celular saltó de 76,6% a un estimativo de 95,5% mientras que un 10% más de personas utilizan internet. Según Infolatam el uso de la red en América Latina crece a un ritmo del 13% anual, más que cualquier otra región del mundo. Brasil está hoy sexto en el ranking general de penetración TIC en el continente, mientras que la Argentina ocupa el primer lugar. Lo que antes era el “boom” hoy es el paisaje habitual.

En estos cuatro años que pasaron desde Sudáfrica 2010 esas mismas redes sociales encontraron otro uso como plataformas de organización ciudadana, de protesta política y/o de comunicación alternativa. Tienen sus problemas y no es, por cierto, un fenómeno homogéneo, pero hoy la “tecnología” es un territorio muchas veces en tensión con gobiernos y medios de comunicación, ya sea en El Cairo, San Pablo, Londres o Ankara. Con el ancien régime comunicacional en crisis, estos cuatro años se caracterizaron también por poner la cuestión del poder de los medios en un lugar privilegiado de la agenda política, especialmente en América Latina -con resultados y tiempos dispares. Fueron los años del “debate de medios”. Y fueron, también, los años que revelaron a la “tecnología” no como un territorio neutral sino como un espacio de poder gracias a nombres como Julian Assange o Edward Snowden.

«Estos cuatro años se caracterizaron también por poner la cuestión del poder de los medios en un lugar privilegiado de la agenda política, especialmente en América Latina -con resultados y tiempos dispares. Fueron los años del ‘debate de medios’. Y fueron, también, los años que revelaron a la ‘tecnología’ no como un territorio neutral sino como un espacio de poder gracias a nombres como Julian Assange o Edward Snowden»

En ese contexto llega Brasil 2014, una copa que se celebra en un país que parece un concentrado de estos temas. Un país atravesado por protestas ciudadanas al margen de las estructuras políticas tradicionales; un país donde, esas mismas manifestaciones, tensaron aún más el hilo que separa al PT de la gigantesca red O Globo y llevaron a muchos a pensar en una hipotética ley de medios carioca; un país al que las revelaciones de Snowden lo empujaron a sancionar hace semanas un inédito Marco Civil de Internet y liderar el debate global por la gobernanza de la red.

Mundial de la era del “periodismo ciudadano”, del debate de medios, de las “primaveras árabes” y de la tecnología como campo de batalla político, Brasil 2014 es el hogar de proyectos como Midia Ninja, un medio digital formado por jóvenes que emergió en las protestas del año pasado. Ninja -que significa “Narrativas Independientes, Periodismo (Jornalismo, en portugués) y Acción”- se caracteriza por cubrir las protestas en vivo, “sin cortes”, a través de videos, fotos y artículos que cuelgan tanto en su sitio como a través de Facebook y Twitter.

Ninja es un caso paradigmático de lo que se conoce como “periodismo ciudadano”. Atravesado y sostenido por las herramientas digitales, el eje presente en su nombre -periodismo y acción- revela cuál es su objetivo: borrar los límites entre el manifestante y el periodista. Como expresó Ivana Bentes, directora de la Escuela de Comunicación de la Universidad Federal de Río de Janeiro, durante una de las reuniones del colectivo: «NINJA trabaja con la conmoción y el deseo por la participación social, es un tipo de narrativa mucho más interesante que la idea pobre y corporativista del periodismo».

Sin embargo esa característica de Ninja -la de celebrar reuniones, de pensar su actividad en el marco de una reformulación del rol periodístico-, lo distingue también de otras variantes del “periodismo ciudadano” que, al pensarse sólo como la difusión individual y urgente de fotos o noticias por Twitter, muchas veces acaba siendo víctima de la manipulación o la ingenuidad. Esto, por supuesto, no vuelve a Ninja inmune pero le da una instancia de reflexión y autoconciencia. Midia Ninja está en la calle pero no al margen del periodismo ni de la política. A pesar de ciertas críticas, algunos referentes no ocultan su cercanía con el PT en cuestiones como el Marco Civil, una ley clave para el desarrollo de esta clase de proyectos que no existirían sin una internet abierta y democrática.

Menos que un medio comunitario o reducido, Midia Ninja aspira a hablar con un “público general”. Cuánto de su potencia actual servirá efectivamente para motorizar una ley de medios o poner en jaque la hegemonía de las cinco familias que controlan el 90% de la comunicación en Brasil en un año electoral, es algo todavía incierto aunque seguramente difícil. Quizás lo mejor de Ninja hoy sea su producción audiovisual de gran calidad y el hecho de cubrir en directo un escenario que muchos no saben cómo abordar. Mientras el gobierno ruega por un mundial en paz, O Globo oscila entre los réditos publicitarios de la copa y los réditos políticos del descontento. Como apunta el economista Manuel Gonzalo, desde Río,
O Globo desearía que la copa sea un buen negocio pero que no lo capitalice Dilma”. Ninja, en ese sentido, es una manera de acercarse, desde otro lado, al contexto que rodea a esta vigésima Copa Mundial de Fútbol.

 

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