El momento de hablar del aborto

Chile

Es el país con mayor cantidad de interrupciones de embarazo de la región. Unos 40.000 abortos clandestinos se realizan al año, pero el tema permanecía silenciado. La presidenta Michelle Bachelet impuso el debate, y la titular del Senado, Isabel Allende, pidió legislar con prontitud. Algunas voces afirman que llegó el momento de abordar este asunto dramático y tabú.

Dinamo

El Dinamo (Chile)

La presidenta del Senado, Isabel Allende, pidió legislar con prontitud acerca de la despenalización del aborto terapéutico en casos de violación, peligro de la vida de la madre o inviabilidad del feto, mediante un comunicado.

Allende recordó que “Chile es uno de los seis países del orbe, que junto a El Salvador, República Dominicana, Nicaragua, Malta y el Vaticano, aún no es una opción, situación que nos deja en el subdesarrollo en temas valóricos”.

“Debemos entonces legislar con prontitud y con altura de miras, donde todos los sectores de la sociedad estén involucrados en este proyecto, que sin duda abre una opción válida y bajo el concepto de libertad, dando la posibilidad a la madre de elegir cuando se dan estos tres casos antes mencionados, respetando sus derechos sexuales y reproductivos”, sostuvo.

La senadora citó una encuesta de la organización MILES, en que se afirma que “el 67% de las chilenas y chilenos está de acuerdo con el aborto terapéutico en caso de violación”.

“Chile posee la mayor cantidad de embarazos interrumpidos de Latinoamérica, y las cifras basadas en registro de arrestos, muertes y egresos hospitalarios por dicha causa, hablan de 40.000 abortos clandestinos al año y una tasa de 50 por cada mil mujeres en edad fértil”

Aseguró que “Chile posee la mayor cantidad de embarazos interrumpidos de Latinoamérica, y las cifras basadas en registro de arrestos, muertes y egresos hospitalarios por dicha causa, hablan de 40.000 abortos clandestinos al año y una tasa de 50 por cada mil mujeres en edad fértil”.

La parlamentaria indicó que “éste es un tema que ha estado presente en nuestro debate legislativo desde la vuelta a la democracia. De hecho, el aborto terapéutico fue legal hasta el término de la dictadura militar, y nunca se levantaron voces de la derecha, ni de ningún credo religioso para oponerse. Sin embargo, antes que comenzara el primer gobierno democrático, este derecho fue derogado por los militares, y hasta hoy, no hemos podido ni siquiera aprobar la idea de legislar”.

“Lo importante es no caricaturizar el debate, sino que alcanzar un acuerdo sensato que el país está esperando. Es un proyecto necesario y urgente. Queremos velar por la salud de las mujeres, y es importante que se entienda que nadie está promoviendo el aborto, sino que queremos que exista la opción en caso de peligro de vida de la madre, inviabilidad del feto y violación, para cualquier mujer que se vea enfrentada a estas tres situaciones dramáticas”, culminó.

Patricio Fernández – Editorial – The Clinic (Chile)

En el fondo de sus almas, un feto inmaculado les resulta más valioso que esas humanidades corrompidas. Así son los católicos recalcitrantes, para quienes el dogma es un instrumento de dominación. Están seguros que poseen una virtud que le falta a las mayorías. En el evangelio se les llama fariseos. Son los que “rasgan vestiduras”, los administradores de la ley y la oficialidad a la que deben su respetabilidad espuria.

Recién ayer, los que ahora se oponen furiosamente a discutir acerca del aborto terapéutico, consideraban inaceptable que existiera una ley de divorcio. Son exactamente el mismo ejército.

Hoy les avergonzaría reconocer esas causas que defendieron y escuchar en público las excentricidades que argumentaron.

Según algunos, esa ley violaba sus creencias, porque les impedía obligarse a estar casados de por vida. “Siendo el divorcio contrario a la ley natural, la indisolubilidad del matrimonio rige para todo ser humano y no solo para los creyentes”, concluían.

La posibilidad de divorciarse, sin embargo, rápidamente se naturalizó, y luchar para volver atrás sería visto a estas alturas como una anacronía inconcebible. Son los mismos que defendían la censura cinematográfica y que, hasta fines de los 90, consideraban inaceptable que un chileno medio pudiera ver La Última Tentación de Cristo. La razón: que ofendía el honor del hijo de Dios. De su Dios, por cierto, el único verdadero y respetable.

«A un lado los devotos de la pureza, de los ángeles y las nubes, y de sus ideas por encima de las personas. Del otro, nosotros, los vulgares, los faltos de imaginación y grandeza, incapaces de ver algo más conmovedor que una mujer que sufre y pide ayuda. Vamos poniendo, pecadores todos, los argumentos sobre la mesa»

Poco antes les había parecido inconveniente que la banda Iron Maiden hiciera un concierto en Chile, por considerarlos satánicos, y se lo prohibieron. Según el obispo Javier Prado “el grupo era atentatorio contra la moral de la juventud”. Los ciudadanos, estimaban, no estaban preparados para decidir por sí mismos qué era bueno y qué malo. Entonces la Iglesia tenía un poder enorme y un prestigio ganado a punta de defender perseguidos durante la dictadura. Con el paso de los años, lo perdió. Nuestro país hoy es la Meca del heavy metal. Ozzy Osborne, que un día se comió la cabeza de una paloma blanca en el escenario, viene a cada rato, y ellos ni se enteran.

Son los mismos que defendían la diferenciación entre hijos legítimos e ilegítimos, sosteniendo que igualarlos era un atentado contra la familia. Les parecía una inmoralidad. Son los mismos que hoy se oponen al matrimonio homosexual. Que no consiguen entender que semejante sacramento la ley se lo permita a esos degenerados. Ya nadie se atrevería a decirlo así, pero aún existen quienes lo sienten.

En el fondo de sus almas, un feto inmaculado les resulta más valioso que esas humanidades corrompidas. Así son los católicos recalcitrantes, para quienes el dogma es un instrumento de dominación. Están seguros que poseen una virtud que le falta a las mayorías. En el evangelio se les llama fariseos. Son los que “rasgan vestiduras”, los administradores de la ley y la oficialidad a la que deben su respetabilidad espuria.

Aunque finjan que no es así, más que la convicción los mueve la militancia: para ellos religión y política se parecen demasiado. Sus comportamientos privados no cuestionan sus discursos públicos, así los contradigan. Lo que importa es mantener las jerarquías y el orden existente.

Estuvieron en contra del condón y de la píldora, y la gran mayoría a favor de la pena de muerte. Maciel fue el líder de los antiabortistas más enconados. Karadima también se llenaba la boca con el tema. Joannon traficó guaguas de ricos para cuidar sus apariencias. Todos ellos las pintaban de santos. ¡Qué casa de putas más grande! Por lo menos, ahora estamos todos en pelotas. Llegó el momento de hablar de igual a igual. Las razones del cardenal al mismo nivel que las de la cabrona. A un lado los devotos de la pureza, de los ángeles y las nubes, y de sus ideas por encima de las personas. Del otro, nosotros, los vulgares, los faltos de imaginación y grandeza, incapaces de ver algo más conmovedor que una mujer que sufre y pide ayuda. Vamos poniendo, pecadores todos, los argumentos sobre la mesa.

 

Leer artículo de Dinamo aquí

Leer artículo de The Clinic aquí