Las dificultades del Mercosur

Latinoamérica

El Mercado Común del Sur parece permanecer ausente a los procesos que se han dado en la región y en relación a Rusia, China y los BRICS. Esa suerte de ausencia dejaría entrever un bloque carente de dinamismo, más apegado a las individualidades de sus países que a la formulación de políticas conjuntas, situación esa que tuvo su reflejo en la cumbre realizada en Caracas.

Diario Chaco

Leonardo Granato – Centro Cultural de la Cooperación (Argentina)

En el marco de las visitas de los primeros mandatarios de Rusia y China a nuestro país, así como de la participación de los países sudamericanos en la reunión cumbre de los llamados “BRICS” (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el Mercosur, como bloque con metas y objetivos propios y diferenciados del resto de los procesos de integración del continente, parece, simplemente, permanecer “ausente”. Esa suerte de ausencia dejaría entrever un Mercosur falto de dinamismo, más apegado a las individualidades de sus países que a la formulación de políticas conjuntas, situación esa que parece haber encontrado reflejo en la cumbre presidencial, pospuesta cuatro veces, celebrada el 29 de julio en Caracas bajo la Presidencia Pro Témpore de Venezuela.

Ningún proceso de integración que involucra Estados soberanos está exento de problemas y diferencias, sobre todo si partimos de la idea de que las relaciones interestatales son, esencialmente, interacciones de competencia, conflicto y cooperación, según las posiciones diferenciales de poder en el sistema mundial. Dado que el movimiento natural de los Estados es el de cerrarse dentro de sus fronteras con miras a la autopreservación, los procesos de integración regional emergen desafiantes a esta premisa, buscando justificar un fin mayor que es el de estrechar lazos cooperativos en pos de favorecer una mayor prosperidad y bienestar para las poblaciones de los países integrantes. 

De allí que la integración sea fruto de la voluntad política de los dirigentes que persiguen resultados superadores de los que podrían lograrse individualmente, y que compensen los sacrificios del corto plazo generados por el permanente estado de negociación que demanda todo proceso asociativo de este tipo. 

Desde su origen en 1985 con los Acuerdos Alfonsín-Sarney, y formalmente constituido en 1991 con el Tratado de Asunción, el Mercosur refleja estas contradicciones, que a su vez, probablemente se vinculen con lo “accidentado” del surgimiento de todo proceso de integración regional. Desde este punto de vista, resulta posible explicar los vaivenes a los que el bloque se ha encontrado sujeto desde su nacimiento, y que hoy encuentra corolario en un Mercosur ausente. Ausencia esta que no puede ser desvinculada de la agenda pendiente, de aquello que por diferentes factores no ha podido llevarse a cabo y que fundamenta aquellas posturas simplistas que pregonan que, en estas latitudes, la integración es mera retórica política desconectada de la realidad. 

Si bien no podemos dejar de resaltar lo mucho que se ha avanzado en este ámbito desde 2003, en el marco de un renovado interés por las políticas relacionadas con el fortalecimiento de las capacidades nacionales, identificamos, en esencia, dos nudos críticos que explicarían, al menos en parte, y en lo relativo a la agenda interna, la situación de “enfriamiento” por la que parece estar transitando el Mercosur. Por un lado, es posible identificar un serio déficit en el proceso de incorporación de la normativa Mercosur en los ordenamientos jurídicos internos de los Estados miembros a efectos de otorgarle vigencia, y por otro lado, la persistencia de las asimetrías, que demuestra que las desigualdades históricas continúan hoy presentes en la sub-región, y que impide a los países la consecución real de objetivos comunes y de apropiarse de los beneficios de la integración.

“Estos nudos críticos que explicarían, al menos parcialmente, este Mercosur ausente, revelan la falta de una visión compartida de futuro. Por estos días, los países del bloque, abocados a atender sus demandas internas, parecen estar más preocupados en eventuales beneficios comerciales y de inversiones que puedan obtener bilateralmente a través de negociaciones con China o con Rusia, o en el caso de Brasil de consolidarse como potencia emergente”

En referencia al primer nudo crítico, la falta de transparencia en relación con los índices de vigencia y de incorporación de las Decisiones, Resoluciones y Directivas elaborados por la Secretaría del Mercosur (y presentados ante el Grupo de Incorporación de la Normativa Mercosur), resulta por demás llamativo, sobre todo considerando la existencia de un eventual “descompás” entre la voluntad política de los poderes ejecutivos (cristalizada en acuerdos específicos), y el acto ratificatorio de los parlamentos nacionales, que se traduce en el atraso o falta de entrada en vigencia de la normativa mercosureña que depende de su incorporación a los ordenamientos jurídicos internos. Por lo tanto, sería prudente crear instancias nacionales en cada uno de los Estados miembros abocadas a monitorear y controlar, de forma transparente, la aprobación y aplicación de la normativa Mercosur, y de esta forma, intentar revertir este nudo crítico con la apuesta estratégica de una implementación eficaz del proyecto de integración.

En segundo lugar, otro de los problemas presentes hoy en el Mercosur es el de las asimetrías (tanto estructurales como regulatorias) entre los países que lo integran. Si bien desde 2003 la revitalización del proceso de integración mercosureño derivó, entre otros aspectos, en el reconocimiento de la necesidad del tratamiento de las mismas, y en la implementación de una política en ese sentido, los resultados alcanzados parecen ser por demás modestos. Con un claro sentido compensatorio y redistributivo en favor de los países más pobres, en 2007 se puso en marcha el Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur. Si bien debemos destacar que esta herramienta solidaria para la reducción de asimetrías reviste un gran avance desde el punto de vista del modelo de integración, y que hasta el momento ha ejecutado un gran número de los proyectos aprobados, el impacto real de este mecanismo de transferencia de recursos debe ser evaluado en función del presupuesto anual, y en ese orden de ideas, los recursos disponibles actualmente parecen no ser suficientes para implementar un verdadero programa de recuperación y cambio estructural.

Por último, y en relación a lo anterior, si bien se han planteado las bases para poner en marcha una reestructuración productiva en la que todos los países del bloque regional puedan avanzar en la consecución de ventajas productivas dinámicas y de cadenas de valor, las acciones articuladas en este marco parecen, también, haber perdido cierto dinamismo.

En suma, estos nudos críticos que explicarían, al menos parcialmente, este Mercosur ausente, revelan la falta de una visión compartida de futuro. Por estos días, los países del bloque, abocados a atender sus demandas internas, parecen estar más preocupados en eventuales beneficios comerciales y de inversiones que puedan obtener bilateralmente a través de negociaciones con China o con Rusia, o en el caso de Brasil de consolidarse como potencia emergente, que en fortalecer un proceso de integración que, si bien ya adquirió la “mayoría de edad”, muestra aún una gran fragilidad. Los nudos críticos que presentamos, y que forman parte de la agenda interna del bloque, son tan sólo una “muestra” de lo mucho que aún resta por hacer en pos de robustecer un mecanismo que contribuya cabalmente con el desarrollo de nuestros países y el bienestar de sus pueblos.

Es doctor en Economía Política Internacional (UFRJ), abogado y magíster en Derecho de la Integración Económica. Profesor universitario e investigador del CCC.