El Mamo, retrato de un asesino

Chile

Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda, ex jefe de la policía secreta de la dictadura militar, murió a los 86 años en un hospital militar. Estaba condenado a más de 500 años de prisión por los crímenes cometidos durante el régimen de Pinochet. Pieza clave en el diseño de la represión y la creación de la Operación Cóndor, dejó un legado de horror y sangre del que nunca se arrepintió.

El Mamo Contreras, ex jefe dela DINA de Pinochet - Foto: Archivo

Paula Campos – Diario U (Chile)

Más de una semana se extendió el estado de extrema gravedad del agente de la DINA Manuel Contreras. A los 86 años y después de dejar de recibir su diálisis, dejó de existir quien ostentara el título del primer director de la policía secreta de la Dictadura.

En su cargo perpetró los crímenes más horrendos del régimen liderado por Augusto Pinochet. El “Mamo” fue una pieza central en el diseño del terror y también en el círculo íntimo del dictador.

El periodista Juan Cristóbal Peña, autor del capítulo dedicado al ex director de la DINA en el libro Los malos, profundiza en las características personales y biográficas del siniestro personaje descrito por Estados Unidos como uno de los tres grandes poderes en Chile durante la Dictadura.

“La maldad de Contreras radica en el poder que tenía. Él se sentía todopoderoso porque todos, menos Augusto Pinochet, debían obedecerle. Eso hizo posible un perfil siniestro”, comentó Peña en entrevista con el programa Semáforo. A la vez, describe episodios de su niñez, como cuando presenció la muerte de su madre -“lo que de cierto modo configuró su personalidad”- lo que unido a los efectos de la temprana pérdida y al maltrato de su madrastra lo hizo vivir lo que Peña llamó la “primera guerra” del torturador, uno de los grandes rencores que lo acompañarán durante toda su vida.

» La maldad de Contreras radica en el poder que tenía. Él se sentía todopoderoso porque todos, menos Augusto Pinochet, debían obedecerle. Eso hizo posible un perfil siniestro «

Contreras también fue pieza clave en la creación e implementación de la denominada “Operación Cóndor”, la coordinación de los organismos de represión e inteligencia de las dictaduras militares del cono sur –Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay- para detener e intercambiar miembros de la oposición a los respectivos regímenes, en la década de los 70. Se constituyó así una banda clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado mediante el secuestro, asesinato y desaparición de dirigentes políticos y luchadores sociales.

Coincidentemente, este 7 de agosto, en Buenos Aires, comenzó la exposición de los fiscales designados por la justicia argentina para llevar el caso. En esta etapa final del juicio, al otro lado de la cordillera, se darán a conocer las conclusiones sobre los hechos investigados y las responsabilidades de los criminales. Manuel Contreras aparece sindicado como uno de los “creadores” de la criminal alianza. En ese rol, mantuvo una estrecha relación con la CIA hasta que se conoció su implicación en el asesinato de Orlando Letelier, cuyo juicio desembocó en la desarticulación de la DINA.

En ese preciso episodio, sucedido a fines de la década de los setenta, otro de los grandes vínculos de Manuel Contreras quedó en evidencia. La relación con Lucía Hiriart fue parte importante de la consolidación del poder del coronel, sobre todo cuando ella demuestra todo su enojo -contra su propio esposo y contra Estados Unidos- por la decisión. “Él intuye o sabe el poder de esta señora en el régimen, es un sustento de poder. Entonces construye afectos con la funcionalidad de asentar un poder que ya es desproporcionado. Además, hay una afinidad ideológica arraigada en el nacionalismo con Lucía Pinochet Hiriart, por lo que llega a esa familia por razones de interés político, ideológico y afectivo (en último término)”, describió Peña.

Los episodios de horror no terminan con la DINA. Por eso, mientras Manuel Contreras vivía sus últimos días, nuevas condenas judiciales se iban sumando al extenso prontuario. Más de quinientos años de presidio por sus acciones de violación reiterada a los Derechos Humanos sumó uno de los más poderosos nombres de la historia de Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet.

» Fue pieza clave en la creación e implementación de la denominada “Operación Cóndor”, la coordinación de los organismos de represión e inteligencia de las dictaduras militares del cono sur –Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay- para detener e intercambiar miembros de la oposición a los respectivos regímenes, en la década de los 70 «

Entre sus delitos se nombran algunos como el asesinato a Osvaldo Letelier, la desaparición del ex gerente general del mineral de Chuquicamata, David Silberman o ser el autor inductor del homicidio frustrado contra Bernardo Leighton y su esposa Anita Fresno. Sin embargo, cientos de otros corresponden a luchadores anónimos que solo por manifestar su oposición fueron tomados prisioneros, torturados y desaparecidos por orden del militar.

Por eso, probablemente el mayor dolor de las familias de las víctimas del régimen es que se murió sin contar toda la verdad y, que hasta el último día, guardó lealtad con Pinochet (salvo pequeños episodios como cuando deslizó el vínculo del narcotráfico con los hijos de su jefe). Esa que se construyó cuando lo defendía de sus enemigos opositores, pero también de los que surgían al interior del propio Ejército.

Su forma de ser le valió el repudio de más de un seguidor de la dictadura. Ejemplo de ello es la última pelea pública entre el columnista Hermónes Pérez de Arce y el presidente de la UDI, Hernán Larraín. “Podría compartir con (Hermógenes) muchas consideraciones referidas al régimen militar o a las causas que lo explican, pero difiero con él en algo central: el rechazo irreductible a las violaciones a los derechos humanos en todo tiempo y lugar (…) Jaime Guzmán recibió reiteradas amenazadas de parte de Manuel Contreras, a quien tanto defiende Pérez de Arce”, dijo el parlamentario defendiendo su posición de que es necesario privar al ex director de la DINA de los atributos de general (r) por su participación en múltiples violaciones a los Derechos Humanos.

Esa participación es la que cientos de artículos de prensa y escritos judiciales sobre el accionar de Contreras son las que describen tenebrosos episodios. En los que queda demostrada la preparación militar y, específicamente, en inteligencia que recibió el “Mamo”. 

Algunos documentos describen que en su formación “destaca tempranamente por sus acercamientos al área de inteligencia del Ejército. En 1962, egresa de la Academia de Guerra y en 1966 se convierte en profesor del área de Inteligencia. El año siguiente viaja a realizar un curso de Post Grado de Oficial de Estado Mayor en el Fort Benning, en Estados Unidos. A su regreso, y con el grado de Mayor, se dedicó a impartir clases de Inteligencia en la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes.

» El mayor dolor de las familias de las víctimas del régimen es que se murió sin contar toda la verdad y, que hasta el último día, guardó lealtad con Pinochet, salvo pequeños episodios como cuando deslizó el vínculo del narcotráfico con los hijos de su jefe «

En 1970, Manuel Contreras es designado como secretario del Estado Mayor de Ejército y en 1971 viaja a Osorno para tomar la dirección del Regimiento de Ingenieros No4 “Arauco”. Poco después de un año, a fines de 1972 asume la dirección de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, a la vez que impartía clases en la Academia de Gue
rra.

Es en este periodo cuando avanza con sus ideas conspirativas y junto a un par de coroneles y algunos capitanes comenzó a recolectar información y a diseñar un aparato de inteligencia capaz de infiltrar y desarticular las organizaciones de ligadas a la Unidad Popular. Contreras contaba en Chile con un grupo de informantes provenientes de partidos de derecha y de grupos como Patria y Libertad, a la vez que mantenía contactos con agentes de la CIA que operaban en Chile en aquel periodo, eran estos últimos quienes lo dotaban de manuales de las policías secretas de variados países, tales como de la KCIA de Corea del Sur, la SAVAK de Irán y del Servicio Nacional de Información de Brasil”, resume en el sitio Memoria viva.

Fue así como desde el mismo 11 de septiembre de 1973, Manuel Contreras tenía todo organizado y en los subterráneos de Tejas Verdes comenzaron a practicarse las más cruentas prácticas de tortura a todo quien se opusiera al Golpe. “Con el andamiaje legal construido, Contreras da inicio al periodo más negro de la historia reciente de Chile. Entre 1974 y 1977 casi la totalidad de muertes, desapariciones y torturas son de responsabilidad exclusiva de la DINA” agrega el portal de Internet.

Con el fin de la DINA comienza a pavimentarse el camino “empresarial” de Contreras, cuando quedó al mando de diversas empresas originadas en su época de director de la Dirección. Sin embargo, en 1995 las condenas comienzan a llegar y con ellas, se empieza a sepultar la imagen omnipotente del brazo derecho del Comandante en Jefe. La primera fue por el caso Letelier que lo sentencia a siete años de prisión por homicidio y uso de pasaportes falsos. En febrero de 2005 ingresa a la Cárcel Cordillera para cumplir una condena por 12 años por el secuestro calificado del militante del MIR Miguel Ángel Sandoval. Desde ahí en adelante, se lo condena por la desaparición del militante socialista Víctor Olea; por secuestro calificado en la desaparición de 23 personas en el recinto de torturas Villa Grimaldi; por la desaparición de Patricio Soto; por el asesinato de Carlos Prats; por la desaparición de un decorador en 1974; por su participación en el caso Llidó; entre otras, las que finalmente suman 529 años de cárcel para el represor.

Tras su muerte quedan más de mil casos ocurridos entre 1973 y 1989 sin resolver. Y si bien cada día la justicia avanza en la condena a los militares perpetradores de delitos de lesa humanidad, en el seno íntimo de las familias de las víctimas y de los sobrevivientes, el brazo armado de Pinochet será un recuerdo de horror y crueldad. “En la Dictadura estaba Pinochet, Manuel Contreras y Dios”, narran documentos que confirman lo que él muchas veces compartió. “En Chile no se movía ninguna hoja sin su consentimiento”.

Carnaval nocturno*

Está saliendo gente a la calle
Padres e hijos agitan banderas chilenas
En las esquinas de la ciudad
Destapan botellas de champagne
Tocan bombos y trompetas
Las familias bailan, sonríen y cantan:
“¡Murió Manuel Contreras!”
El general de Tejas Verdes
El jefe de los centros de tortura
El anticomunista furioso
El cazador de hombres
El que arrojó centenares de cadáveres al mar.
Festejan su muerte con rondas
Algunos llorando de emoción
Mientras su hijo mayor le toma la mano
Le cierra los ojos
Le amarra la mandíbula con un pañal
Le pone algodones en las narices
Y su hermana junta las cortinas
Para no escuchar los insultos y gritos de felicidad.
No tendrá tumba
Nadie le mandará flores
“¡Es carnaval, es carnaval, porque murió el criminal!”

Juan Cristóbal Peña – La Tercera (Chile)

A fines de julio, cuando Manuel Contreras fue internado de urgencia por última vez, el Hospital Militar emitió un parte médico en que definió su estado de salud como “obnubilado”. Aunque obviamente el parte era más completo, propio de un cuadro de múltiples achaques, la palabra es perfecta para definir al personaje. Perfecta y poética. Cuando se habla de alguien obnubilado, el diccionario admite dos cosas: por un lado, un estado de ofuscación; por otro, un encantamiento desmedido, casi un delirio.

Ambas acepciones le caben muy bien a quien fuera jefe de la DINA.

Un año atrás, cuando trabajaba en un perfil sobre Manuel Contreras Sepúlveda, me reuní en varias oportunidades con su hijo, Manuel Contreras Valdebenito. En ese entonces el hijo estaba distanciado del padre, lo que quizás ayudó a que entregara un retrato más crudo y sincero de su padre. Dijo que éste jamás pediría perdón ni reconocería responsabilidad alguna en los crímenes por los que sumó más de quinientos años de condena. Es más, desde la cafetería de un McDonald’s me dijo que su padre nunca había reconocido una falta ni pedido perdón por alguna cosa, por mínima que fuera. Lo graficó de la siguiente forma:

Él puede estar sentado al lado tuyo, derramar por descuido una taza de café encima de ti, y no va a pedir perdón. Él es así, nació y va a morir así.

» Él puede estar sentado al lado tuyo, derramar por descuido una taza de café encima de ti, y no va a pedir perdón. Él es así, nació y va a morir así «

Eso puede ser interpretado de varias formas. Porfía, orgullo, indolencia. Pero apunta a lo mismo. Manuel Contreras Sepúlveda, el Mamo, vivió obnubilado por fantasmas que crecieron de manera peligrosa en su cabeza.

¿Qué hace que un hombre se obnubile de esa forma? ¿Qué hace que emprenda una masacre que se digita desde un escritorio? Desentrañar la mente de un genocida no es tarea fácil. La vida de un hombre no es simple, por común que sea ese hombre. Pero en este caso, que es complejo, hay algunos sucesos que ayudan a proponer una explicación.

De pequeño, con seis o siete años, presenció la muerte de su madre, Aída Sepúlveda Cubillos, que murió por negligencia médica en la casa familiar de Ñuñoa. Fue un primer impacto. El siguiente ocurrió poco después, cuando su padre se casó con la media hermana de su fallecida esposa. Es decir, en adelante el Mamo tuvo de madrastra a su tía materna. Una madre postiza con la que nunca se llevó bien. El Mamo decía que esa mujer jamás le tuvo afecto. Y decía que el problema era personal: a su hermano menor, que tenía la piel clara, lo adoraba.

El Mamo se llamaba Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda, pero no le molestaba que lo llamaran por su apodo, que había sido ocurrencia de su madre. Cuando recién aprendía a hablar, queriendo decir “mamá”, el niño dijo “mamo”, y así quedó para la familia, los amigos y el mundo, a excepción de su madrastra, que le decía Juan Manuel, a secas.

Tal fue el encono con esa mujer que cuando el Mamo se casó por primera vez, no la invitó a la boda. Y cuando ella murió, él no fue al funeral, siquiera para acompañar a su padre.

» ¿Qué hace que un hombre se obnubile de esa forma? ¿Qué hace que emprenda una masacre que se digita desde un escritorio? Desentrañar la mente de un genocida no es tarea fácil «

El Mamo creció obnubilado por rencores familiares. Y, por cierto, por la lógica de la Guerra Fría.

Como muchos otros militares latinoamericanos de su época, fue entrenado en la Escuela de las Américas, donde aprendió métodos de guerra sucia y una doctrina: el principal enemigo estaba dentro de las fronteras y pensaba y actuaba como marxista. De regreso del curso de instrucción en Estados Unidos, en un artículo publicado en el Memorial del Ejército de julio de 1968, escribió: “La guerra de guerrillas se gana matando guerrilleros y conquistando a sangre y fuego sus guaridas, sometiendo a estricta vigilancia a la población, que es la
base de la cual la guerrilla vive y crece”.

En el contexto de la época se va conformando la figura de un criminal político en potencia, como hubo por cientos en la región. Pero el personaje no es uno de esos cientos. Es el primero de la lista, que propone y logra un acuerdo de cooperación internacional para perseguir opositores en el Cono Sur. El único jefe represor que ostentó un poder descomunal, casi absoluto, una vez ocurrido el golpe de Estado de 1973.

No sólo tuvo a cargo un ejército paralelo sin dios ni ley, de impunidad garantizada mientras actuó. El entonces coronel Contreras tenía tal vuelo que mandaba sobre generales, ministros y jueces, algo inédito pero coherente con la lógica del único a quien le rendía cuentas. Pinochet, que recelaba de su propia sombra, necesitaba a un leal que le cuidara las espaldas ante cualquier amenaza interna a su poder sin contrapesos. Por eso el dictador llegó a decir que, en este país, no se movía una hoja sin que él lo supiera. Lo sabía por Contreras, por cierto, que montó un complejo sistema de espionaje al interior del mismo régimen y de la DINA, donde unos se espiaban a otros.

El poder de Contreras quedó reflejado en los informes secretos que el Departamento de Inteligencia de la Defensa de Estados Unidos despachó sobre Chile. En uno de ellos, fechado en mayo de 1974, se dice que “la autoridad del coronel Contreras es casi absoluta -sometida solo a un improbable veto presidencia. El desarrollo de la DINA es un fenómeno particularmente perturbador”.

» No sólo tuvo a cargo un ejército paralelo sin dios ni ley, de impunidad garantizada mientras actuó. El entonces coronel Contreras tenía tal vuelo que mandaba sobre generales, ministros y jueces, algo inédito pero coherente con la lógica del único a quien le rendía cuentas «

Tres meses antes, en otro informe de la misma agencia, se comparaba a la DINA con la Gestapo, la policía política de Hitler, y se decía que en Chile había tres grandes poderes: “Pinochet, Dios y la DINA”.

El Mamo supo acomodarse en esa trinidad. Fue experto en estratega e inteligencia, y el mejor alumno de su generación. Alimentó los temores de Pinochet y se ganó la confianza de sus hijos y sobre todo de su esposa, Lucía Hiriart. “Un amigo de la familia”, lo describió el historiador y ex ministro Gonzalo Vial. Ese amigo era un militar con privilegios, el único a quien la esposa del dictador le toleraba alguna infidelidad. Con los otros era implacable.

El hijo del Mamo me dijo que su padre llegó a tener un poder tan desmedido que para fines de los ochenta, con la democracia en puerta, no era consciente de que lo estaba perdiendo. El poder lo obnubiló, en buenas cuentas. 

Ya en prisión, acumulando condenas desde mediados de los noventa, el Mamo se empeñó en estudiar y defender sus causas judiciales. Nadie sabía más que él, ni su mejor abogado, Juan Carlos Manns, con quien llegó a trenzarse a golpes por no seguir sus dictados. 

En una cárcel de militares, rodeado de militares, él creía seguir siendo el gran jefe.

» Se comparaba a la DINA con la Gestapo, la policía política de Hitler, y se decía que en Chile había tres grandes poderes: “Pinochet, Dios y la DINA «

Cuando lo visité en la cárcel de Punta Peuco, en marzo de 2014, me recibió en su celda. El mismo me abrió la puerta, señalada con el número uno, y me invitó a sentarme al pie de su cama, que era el único lugar donde podía sentarse una visita. En ese pequeño espacio con baño privado, tipo senior suite, el Mamo se instaló en un sillón de un cuerpo. Cruzó las manos y las piernas, y quiso saber a qué venía la visita.

En vez del monstruo despiadado que fue, tenía enfrente un abuelo desvalido, de ojos nublados, en los huesos, que había colgado sobre la pared un collage de fotos en colores de sus nietos. Contreras estaba viejo y enfermo, pero muy lúcido. Me dijo que no podía darme una entrevista, pero tampoco me echó. Entonces conversamos. De las condiciones en que se encontraba, de sus causas judiciales, de los libros que leía en esos días. Uno de ellos era El libro de Urantia, un clásico de la literatura mística, de autor anónimo, que habría sido dictado por seres de otro planeta.

—Es un libro maravilloso —me dijo, sosteniéndolo entre sus manos, y por primera y única vez  dejó asomar una sonrisa. Quise saber más, y se explayó:

—Todos trascendemos al más allá, a uno de los cien anillos que existen en el universo. No hay infierno. Lo único es que algunos (humanos) quedan suspendidos en alguno de estos anillos, esperando evolucionar.

Al menos en esta Tierra, Manuel Contreras Sepúlveda, el Mamo, ha quedado suspendido en el universo del horror.

 

*Patricio Fernández – The Clinic (Chile)

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