El impacto del Golpe en Turquía

Latinoamérica y El Mundo
Cambio

El fracaso del levantamiento militar contra el presidente Recep Tayyip Erdogan es crucial para los gobiernos democráticos de Latinoamérica. Las semejanzas con los procesos de Honduras y Paraguay demuestran que es vital que continúe la defensa férrea de la democracia en Turquía para evitar que ese modelo golpista se tome de referencia y se replique en los países locales.

Editorial- Cambio (Bolivia) 

El 15 de julio de 2016 quedará registrado en el almanaque de la historia de Turquía y el mundo,  como el momento en que se intentó erradicar el proceso democrático de uno de los países más relevantes y estratégicos  del orbe. Turquía nació como país en 1923. Años después de la culminación de la Primera Guerra Mundial y el reparto por las grandes potencias occidentales del viejo imperio otomano.

Los protagonistas en esa Primera Guerra Mundial fueron por una parte las llamadas Potencias Centrales: Alemania, Austria-Hungría, el Imperio Otomano (este último entró al conflicto en noviembre de 1914) y Bulgaria (octubre de 1915). En tanto que en el bloque de los Aliados figuraban: Rusia zarista (quien se retiró en diciembre de 1917), Francia, Gran Bretaña, Italia (ingresó en mayo de 1915), Rumanía (agosto de 1916) y los Estados Unidos (abril de 1917).  

Vladímir Ilich Uliánov, Lenin, definía aquel momento (23 de agosto de 1915, Sotsial-Demokrat, núm. 44) como un cuadro en el que se hacía presente como elemento central la emergencia del capital monopolista como un hecho internacional. Es decir, era una guerra en la cual el mundo era repartido entre “un puñado de grandes potencias”, cuya prosperidad era en base al saqueo y opresión de las naciones. Así, concluida la Primera Guerra Mundial, puede caracterizarse como el primer gran enfrentamiento militar del siglo XX entre las principales potencias que hasta ese momento dominaban el Viejo Mundo y que culmina en el año de 1918.  Terminando aquel conflicto que generó aproximadamente más de 10 millones de muertos en Europa, numerosas víctimas y la destrucción de bienes, junto con ello también emergió la actual República de Turquía como un nuevo Estado. Uno de los líderes principales que participó en este suceso fue Mustafa Kemal Atatürk. Su imagen se proyecta en la construcción de una nuevo Estado y sociedad durante la tercera y cuarta década del siglo XX.

El capitán del Estado Mayor Mustafa Kemal y sus compañeros de armas, tenían entre sus propósitos hacer una reflexión política sobre los problemas de su país y alentar una serie de libertades en la sociedad otomana de su tiempo. Si se quiere, este proceso fue muy semejante al que vivió el subteniente de la aviación venezolana Hugo Rafael Chávez Frías o como lo fue Omar Torrijos en Panamá.

” La semejanza política de Turquía con los países latinoamericanos y de manera específica con el golpe de Estado de Honduras (2009) y el de Paraguay (2010) es relevante. Los primeros alientos golpistas se dieron en la televisión privada cuando los militares golpistas tomaron Dogan Media (el más grande grupo mediático privado) “

Hoy a la distancia de aquellos años, la actual Turquía y en especial de sus relaciones con distintos países latinoamericanos, vive momentos cruciales tras el intento del golpe de Estado, el cual en la nación turca que no ocurría desde hace 36 años. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, tras salir de su país de forma emergente ante el golpe de Estado y no ser asilado en Alemania (por la prepotencia eurocentrista), fue recibido en Irán. Su retorno a Estambul, se debe a la gran movilización popular contra los golpistas. Golpe de Estado del 15 de julio -se afirma-, fue alentado por el  exaliado del mandatario turco, Fetula Gulen (un musulmán moderado de corte liberal), radicado hoy en Pensilvania, EEUU, y por un determinado grupo de generales turcos que formaban “parte del Estado Mayor de Ejército, que tomó control del país, declaró ley marcial y toque de queda” (http://www.telesurtv.net/news/Comunicado-de-militares-turcos-El-Gobierno…).

La semejanza política de Turquía con los países latinoamericanos y de manera específica con el golpe de Estado de Honduras (2009) y el de Paraguay (2010) es relevante. Los primeros alientos golpistas se dieron en la televisión privada cuando los militares golpistas tomaron Dogan Media (el más grande grupo mediático privado). Así como la toma de los puentes que unen Estambul (en su lado oriental y occidental) atravesando por el estrecho del Bósforo, que fueron ocupados  por su valor  estratégico por los golpistas. La diferencia es que en Turquía el presidente llamó a la movilización popular y el pueblo turco respondió. Así, el movimiento popular logró aislar a los militares alzados y generó una insurrección popular en defensa de la democracia. Los celulares y todas las redes sociales se activaron por todo el país y el mundo, que fue un resorte de movilización y frenó la manipulación mediática. Así, la movilización popular recuperó los canales de televisión privados y estatales en manos de los alzados. Hasta la madrugada del 16 de julio había más de treinta muertos entre Estambul y Ankara (la capital del país).

Para los gobiernos democráticos de América Latina, es crucial la derrota del golpismo turco, ya que esas semejanzas con nuestros países latinoamericanos es vital para la misma defensa de la democracia y para frenar el modelo golpista en los países periféricos. De esa manera, en Turquía, si bien por un lado se fortalece la presencia del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), partido de Erdoğan y de su primer ministro Ahmet Davutoglu, también la oposición representada principalmente por el Partido Republicano del Pueblo (CHP) y por el Partido Pro Kurdo (HDP) y el Nacionalista (MHP), les abre un mayor espacio para ampliar la democracia turca y alejarse de las políticas imperialistas y de los radicales musulmanes que buscan la inestabilidad regional. Para Rusia, Irán y Siria también esta situación puede convertirse en un momento más favorable para el acercamiento y la cooperación contra el terrorismo islámico, pero sobre todo para generar a mediano plazo un ambiente más cordial para la pacificación del Asia Menor y de un mejor desarrollo político de los países musulmanes, para los de nuestra América y el mundo periférico. 

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