El golpismo de la calculadora

Argentina

Roberto Mero – Aduciendo un confuso proceso de recuento de votos, o bien Macri ganó por una chirola de votos y habrá que combatirlo por sus políticas, o bien no ganó y su puesto se transforma en un Ejecutivo de facto. Cambiemos perdió las elecciones en la mayoría de las provincias urdiendo un plan de fraude y montaje en los medios ganando por arrebato el trofeo codiciado.

 El Pueblo está aquí y quiere saber - Foto: ArchivoRoberto Mero* – Latinoamérica Piensa

La operación realizada al mejor estilo de la propaganda staffel nazi está a punto de caer como calzón de puta. Carlos Zannini pegó fuerte y bien al destartalar por la vía de la exigencia de recuento, lo que algunos encorbatados ya habían aceptado: nuestra derrota en los primeros minutos después de las 18 hs del domingo 22 de noviembre. Los mecanismos aceitados de una operación de prensa bien preparada se están oxidando a una velocidad alucinante, quebrando la pasiva ilusión a la gobernabilidad que algunos sugirieron. El robo manifiesto y la truchada de resultados, los votos fantasmas al macrismo y la inelegante desaparición del FpV en cientos y quizá miles de mesas nos ponen delante de un dilema atroz, pero inevitable: hacer frente a la usurpación del poder por parte del macrismo y poner el pecho al golpismo de la calculadora. O bien entregar el poder a un grupo de facciosos armados de medios y de propaganda, dispuestos a todo para obtener con trampa lo que las urnas no le dieron. La diferencia milimétrica o bien la nimia diferencia de la que hablaba Fernández, sea de nuestro lado o del otro, no puede solucionarse en el resultado incierto: el país está quebrado en dos, que aunque en números parezcan iguales, no son lo mismo. Que el Frente para la Victoria salga triunfador por unos cuantos miles de votos no calma la cuestión final de las divisiones, pero tampoco minimiza su deber de encabezar desde hoy mismo la ola de reclamos que sube de las bases: que el Gobierno dirija y precise los objetivos y la cronología de los próximos días. Y que deje de suplantar con lagrimitas y sentidas despedidas la exigencia popular de no ver robadas sus esperanzas por un cálculo politiquero.

Que Cristina se despierte del sueño embrutecedor

¿Quién le ha puesto el Valium diluido en el vaso? ¿Quién fue el que le mezclo el el Rivotril en el té con leche? A cuatro días de la operación de prensa macrista que arriesga de birlar el resultado de las urnas, los duros números que surgen del recuento demuestran que no hay tiempo de pavadas. El macrismo perdió las elecciones en la mayoría de las Provincias, urdiendo un plan de fraude, de soborno, de infiltración y de montaje en los medios para ganar por arrebato el trofeo codiciado. Pensaron pegarle a un poder cansado, que estaba dispuesto a tirar la toalla, salir del ring, quizá hastiado. La epopeya popular inesperada, inimaginable para Durán Barba y para algunos corbatudos de nuestro espacio, hizo que las cosas fuesen distintas. Que la Resistencia, que el aguante y que la segunda vuelta puramente administrativa, se convirtiesen en una marcha popular e indetenible. Ahí están los resultados: el FpV ha vencido en las urnas allí donde la propaganda staffel nos había dado por vencidos, susurrándonos al oído que nos entregásemos. El Pueblo no lo ha hecho. Carlos Zannini no lo ha hecho. Los veedores del FpV no lo han hecho. Hoy sonará el despertador para millones de argentinos, que descubrieron la farsa de los resultados televisivos, la intentona del golpe por medio de la calculadora. La Presidenta tiene mandato hasta el 10 de diciembre para exigir que los organismos internacionales intervengan, sin ninguna negociación, en este recuento final y decisivo. No hay protocolo que valga, ni manito en el corazón, ni despedidas. Debe haber responsabilidades desde hoy para detener de una vez y por todas las consecuencias de este golpe artero. ¡Dios! ¡Por Dios que alguien despierte a Cristina de este largo sueño embrutecedor de los protocolos!

La pasividad como madre de la guerra civil

Como decía Camus, «nombrar mal las cosas es agregar más dolor al mundo». Los datos del recuento que se está llevando a cabo han desenmascarado la ilegitimidad de la victoria macrista, lograda en pinzas por un truchaje desembozado de las elecciones y, luego, por una operación de prensa que está siendo desenmascarada. Jugaron con los protocolos educaditos de nuestros dirigentes. Aceptémoslo. Jugaron con la desazón de nuestras esperanzas. Aceptémoslo también. Viejos mercachifles de mentiras, publicitarios de jabones, oportunistas y vedettes de los medios nos embocaron durante algunas horas como a bobalicones y carneros. Los números del recuento están revirtiendo la mentira. Los números del recuento también fuerzan a nuestro Gobierno a tomar al toro por las astas, parar esta infamia, salir de la pasividad de besitos, despedidas y regresos al poder en el 2019. Estamos ante la trágica división del país en dos. Una buena parte del electorado creyó en las argucias y falsedades de una banda de mercenarios mediáticos que ya buscan refugio en Miami. Pero la otra parte esta aqui, aguantando y peleando y descubriendo la dimensión del atropello. La gobernabilidad ansiada no puede confundirse con entrega y la confianza del pueblo en sus dirigentes se prueba también cuando llega el viento en contra. Bajar los brazos, mirar para otro lado, planificar el raje aun cuando hemos ganado, suena a rendición antes de la batalla. No ocurrirá. Esperemos. Actuemos.

Las dimensiones de la truchada

A ver si podemos comprender la dimensión del problema. Una cosa es el escrutinio (en el cual se comparan planillas) y otro es el recuento (en el cual se abren las urnas y se recuentan los votos). No es lo mismo. Si en una mesa se trucharon los resultados en la planilla, quizá su contenido sea aún más falso. En los USA en el 2000 en Miami hubo escrutinio (que en principio dio como ganador Bush) pero al verse los votos apareció que era Al Gore quien había ganado la elección por 588.000 votos. Esto significa que luego de manipular una victoria supuesta de +9% en la noche del 22 el macrismo instaló la falsedad de una diferencia incontenible. Que está en duda y que quizá sea absolutamente falsa. En Córdoba el FpV tenía muy pocos fiscales y de la Sota manejaba casi todas las mesas decisivas. Allí tenemos un 71% para el Macrismo. Recuérdese que Perón ganó las nacionales de 1973 con el 73%. La diferencia es demasiado sospechosa. Es sospechoso también el silencio de Tullio, una vaga enunciación sin pruebas hablando de que nada modificará el resultado, cuando Cambiemos está rechazando una diferencia (LA DIFERENCIA) de 240.000 votos en favor de Scioli. El Gobierno se dejó prepear en los medios y fue sólo Carlos Zannini quien debió salir a la palestra el martes. Ignoramos si se trata de un pacto de gobernabilidad o de un triunfo por prepeada. En un caso como en el otro las cosas deben quedar en claro. O bien Macri ganó por una chirola de votos y es un Presidente a quien combatir por sus políticas. O bien Macri no ganó, es ilegítimo y su puesto se transforma en un Ejecutivo de facto. Clarito.

Entre la Carpa del Amor y el Profesor Hippie

Hitler era vegetariano y adoraba a los dobermann. Pol Pot regaba sus alelíes con esmero. Petronio recuerda que Cuando incendió Roma, hasta Nerón dejó caer una lagrimita. En menos de 72 horas, sólidos bastiones de la Patria irredenta parecen haberse convertido en un pelotero de Mc Donald’s, llenos de bolazos, globitos, besitos enamorados. Cómodo olvido quizá justificado ante anuncios de horror económico, de terror en las calles. Y quizá de afano escandaloso en las urnas que se han volatilizado de los medios, pero también del cerebelo de algunos ilusos. La operación de
prensa del domingo parece haber triunfado sembrando semillas de derrotismo cuando aún humean los cánones. ¿Dónde está esa Guardia de corazones que poblaba el Patio de las Palmeras? ¿Dónde están los furibundos defensores del proyecto que el Pueblo banca y apoya, que se han esfumado como espuma al sol? Vastas organizaciones que otrora daban miedo al enemigo estarán llorando ahora en algún rincón que nadie les planche las corbatas. El Pueblo está aquí y quiere saber. Y sobre todo saber si deberá aguantar solo y heroico. O bien con algunos de aquellos pibes que quizá hayan confundido un Gobierno Popular con la Carpa del Amor. «Esperemos, no nos apresuremos, tengamos paciencia». Como en mis tiempos mozos esto parece la despedida del Profesor Hippie llena de «buenas ondas» y poca fuerza para develar que nos están defecando en el fondo de la garganta mientras sonreímos de amor ante los que se despiden. Por el momento.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia