El gobierno repudia la protesta en las FFAA

Bolivia

Dos posturas se contraponen ante la protesta que llevan a cabo sargentos y suboficiales desde hace una semana. Para el gobierno son sedicios que ponen en juego la democracia, más allá de reconocer que deben hacerse transformaciones en las Fuerzas Armadas. Este no es el camino, afirma. Otras voces sostienen que debe encontrarse el modo de satisfacer las demandas.

Siete24

Redacción – Cambio (Bolivia)

Es un ‘gran mentiroso’ el que dice que el cambio no llegó a las Fuerzas Armadas. Nadie con una ‘pistola’ le obliga a ir a la Escuela de Sargentos o al Colegio Militar, es libre.

El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, llamó ayer a los suboficiales y sargentos a que reflexionen,  cesen sus medidas y “se sujeten a sus normas, a sus leyes, a su reglamento, a su disciplina”, y no sigan “amenazando la democracia”.

Quintana, en el programa ‘El pueblo es noticia’, habló ampliamente sobre el tema. Recordando su paso por el Ejército, donde “he sido educado por un suboficial Gisbert, mi maestro siendo subteniente; como él hay muchos con sabiduría, humildad, que dan la vida por su institución”.

“La sociedad tiene que saber que la democracia está amenazada por este grupo de sediciosos. Por eso, las organizaciones sociales, sin dubitar ni un segundo, se han pronunciado que no van a permitir que se desencadene una aventura golpista”

La autoridad afirmó que en el momento “lo más sensato, inteligente, razonable es que los suboficiales y sargentos que pretenden incorporarse cesen sus medidas, que reflexionen lo que está ocurriendo con sus dirigentes que han perdido el control que tienen intereses políticos y que creían que podían hacer lo que se les antojaba”. 

“Decirles que están amenazando la democracia, este proceso de transformación y cambios, poniendo en riesgo la seguridad del Estado, y por supuesto nuestra invocatoria es que se sujeten a sus normas (…). Podemos cambiar muchas cosas, hay que cambiarlas, el Gobierno siempre ha estado dispuesto, estamos cambiando, no podemos cambiar de una buena vez”, argumentó.

Para el ministro lo que sucede servirá para reflexionar dónde cambiar a más velocidad. “Reconocer que hay cierta inercia en relación a la necesidad de transformar cosas en las FFAA, pero esto de abandonar las fronteras, las armas es demasiado grave”, advirtió.

“La sociedad tiene que saber que la democracia está amenazada por este grupo de sediciosos. Por eso, las organizaciones sociales, sin dubitar ni un segundo, se han pronunciado que no van a permitir que se desencadene una aventura golpista”, puntualizó.

Incremento mayúsculo

Quintana consideró que unos cuantos no pueden poner en riesgo lo acumulado por las FFAA, “están en la línea del delito, que reflexionen y le den tregua porque están abusando de su buena fe, porque creen que en año electoral van a tener un espacio político en las elecciones”.

“En 2009 el aumento salarial para un general fue de 4%, mientras que los sueldos de los militares de baja graduación subió en 26%, al aplicarse la escala salarial inversamente proporcional. En 2012 el incremento salarial para un general fue de 1% y para un sargento inicial 8%”

Exhibiendo documentación, Quintana explicó que entre el año 2000 y 2005, las FFAA no recibieron más incremento que el 3%, mientras que entre el 2006 y el 2014 se otorgó un incremento ‘mayúsculo’. 

Dijo que en 2009 el aumento salarial para un general fue de 4%, mientras que los sueldos de los militares de baja graduación subió en 26%, al aplicarse la escala salarial inversamente proporcional. En 2012 el incremento salarial para un general fue de 1% y para un sargento inicial 8%. Se cumplen con la dotación de uniformes y víveres.

Editorial – La Razón (Bolivia)

El conflicto iniciado a principios de mes por un grupo de suboficiales de las Fuerzas Armadas (FFAA), cuando presentaron un proyecto de ley para “descolonizar” la institución castrense, parece haber llegado a su cumbre esta semana, cuando se produjeron una huelga y movilizaciones callejeras que causaron el retiro forzoso de 715 efectivos. La solución no se ve fácil.

En efecto, los suboficiales y sargentos instalaron desde el lunes una huelga en su sede social de La Paz y protagonizaron marchas de protesta a lo largo de la semana. Era inevitable que sean castigados, pues la Constitución Política del Estado, en su artículo 245, dispone que las FFAA no deliberan. Asimismo, fueron llamativas las oficiosas declaraciones de portavoces de partidos de oposición, al extremo que desde el Gobierno se habló de sedición y hasta intento de golpe.

Sin embargo, el conflicto no es tan simple, pues la demanda se ha anclado en uno de los procesos más caros al Gobierno, la descolonización, incluyendo la erradicación de la discriminación y el racismo. Como en una profecía autocumplida, los suboficiales pergeñaron un proyecto de ley, cuyo texto ha sido poco publicitado, más allá del ya señalado objetivo descolonizador, y lo sometieron a consideración de las autoridades jerárquicas sin merecer respuesta.

“Al margen de las acciones puntuales para resolver el conflicto, lo cierto es que la demanda de los uniformados aparece como coherente con el proceso que vive el país, en el que con el nombre de descolonización están cambiando las estructuras de poder. El Gobierno debe, pues, encontrar el modo de satisfacer las expectativas de los suboficiales y sargentos de las FFAA, tarea en la que el alto mando militar debe involucrarse”

En un contexto sindical, el siguiente paso era plantear el conflicto y, luego, iniciar huelgas y movilizaciones. Sin embargo, en instituciones jerárquicas y de mando centralizado, como las FFAA, las expresiones de democracia no tienen cabida. Menos aún si el proyecto de ley, como anunciaron sus promotores, incluye la posibilidad de reemplazar la categoría “suboficial” por “oficial técnico”, una transformación poco agradable al rígido pensamiento conservador de la oficialidad.

Siempre ha sido evidente que en las FFAA hay una brecha entre oficiales y suboficiales, y ambos sectores se acusan mutuamente de gozar de ciertos privilegios negados al otro, como la posibilidad de ascenso hasta el generalato, para los primeros, y el no estar sometidos a la rotación de destinos, para los segundos.

Asimismo, para nadie es secreto que una parte importante de la oficialidad ha sido educada en valores racistas, como lo demuestra el hecho de que fue un logro que, años atrás, se habilitara un cupo extraordinario para jóvenes cadetes indígenas, que fueron tratados como excepcionales en el contexto de la formación militar.

Así, al margen de las acciones puntuales para resolver el conflicto, lo cierto es que la demanda de los uniformados aparece como coherente con el proceso que vive el país, en el que con el nombre de descolonización están cambiando las estructuras de poder. El Gobierno debe, pues, encontrar el modo de satisfacer las expectativas de los suboficiales y sargentos de las FFAA, tarea en la que el alto mando militar debe involucrarse.

 

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