El geonegocio de la guerra

Colombia

Las últimas conversaciones entre el gobierno y las Farc auguran el fin del conflicto armado. Aunque hay un sector de la derecha nacional que se opone fervientemente a la paz porque históricamente se ha beneficiado de la guerra, de la represión y de la violencia. Sus representantes abogan por mantener el miedo y el odio. La guerra paralela instalada ante la sociedad por los medios hegemónicos.

Guerrilla-Farc

Santiago Restrepo- Miradas al Sur (Argentina)

La única opción admisible para Colombia es un acuerdo que selle este conflicto armado de manera definitiva y, en ese marco, éste es el proceso de paz más productivo y exitoso con las FARC-EP, en La Habana, donde lo más difícil es lograr el equilibrio necesario entre justicia y paz. Justamente, Santos dijo que si hay acuerdo sobre Justicia con las FARC, la posibilidad de llegar a un cese del fuego bilateral definitivo estaría muy cerca y como derivación, el fin del conflicto.

Lo cierto es que en estas conversaciones se han dado situaciones inéditas: una agenda en la que tres puntos han sido parcialmente acordados y una serie de mecanismos que permiten la expresión de sectores que nunca habían tenido esa posibilidad. Es la primera vez que las víctimas de un conflicto armado llegan a una mesa de diálogo para dar testimonios que han impactado de manera muy significativa a los miembros del gobierno y de las FARC-EP.

Esta es, también, la primera vez que los militares tienen un diálogo directo con guerrilleros, que se crea una comisión especializada para los asuntos de género y que se asiste a la construcción de un relato histórico del conflicto en el que no prima una única historia oficializada.

” Lo cierto es que en estas conversaciones se han dado situaciones inéditas: una agenda en la que tres puntos han sido parcialmente acordados y una serie de mecanismos que permiten la expresión de sectores que nunca habían tenido esa posibilidad “

El analista y docente universitario Alberto Cienfuegos, señala que “el sistema capitalista tiene un logro y es haber desactivado la pobreza y miseria, transformando estos flagelos como conformidad social”. Explica, asimismo, que para el presidente Juan Manuel Santos la paz no es más que “una necesidad geoeconómica”, y un acuerdo con las FARC-EP lo concibe como “un buen negocio”, como antes para los grandes empresarios –el poder fáctico– la guerra les era, también, muy redituable

Hay un sector de la derecha que ha vivido históricamente del conflicto armado, sectores empresarios para quienes la represión y la violencia era una forma de obtener más ganancias, y que ha hecho de su vida política cultivo de la ideología de la guerra. Cuando Álvaro Uribe era presidente y Santos su ministro de Defensa, hubo una constante obsesión en torno a la guerra, en torno al mantenimiento de un país con miedo y odio como ingredientes esenciales. La realidad es que, más allá de discursos y la llamada Justicia, 34 defensores de los derechos humanos fueron asesinados en el primer semestre de este año.

El ex presidente Álvaro Uribe, quien señaló que “es un proceso por la impunidad del terrorismo”, “no ha entendido que dejó de ser el mandatario de los colombianos; quiere seguir, de una manera egoísta y mezquina, determinando los destinos de Colombia y, ahora, quiere trasladar a la opinión internacional una serie de temores”, señaló el senador Iván Cepeda, para quien el ex mandatario distorsiona la realidad y utiliza métodos inmorales para frenar el proceso de paz colombiano.

” No se puede pensar en la paz de Colombia sin que desaparezca el paramilitarismo y la posibilidad de que en el futuro a alguien se le ocurra formar un nuevo grupo. tampoco puede ser posible que agentes del Estado puedan amparar esta clase de grupos. Debe ser un capítulo al que se le ponga punto y final “

No se puede pensar en la paz de Colombia sin que desaparezca el paramilitarismo y la posibilidad de que en el futuro a alguien se le ocurra formar un nuevo grupo. Tampoco puede ser posible que agentes del Estado puedan amparar esta clase de grupos. Debe ser un capítulo al que se le ponga punto y final. Y tanto las FARC y el gobierno son conscientes de ello. Se deben blindar garantías para que no se vuelvan a repetir los crímenes cometidos y, en este punto, es imprescindible la desaparición del paramilitarismo. Durante décadas de conflicto, determinados sectores del Estado han creado una instancia que les ha permitido ordenar los peores crímenes.

En los inéditos diálogos mantenidos con militares en retiro se ha planteado que no se deben perder energías en crear nuevas legislaciones que amplíen el fuero militar y que más bien hay que entrar a discutir los asuntos de la justicia transicional, utilizada como reparación por las violaciones masivas de derechos humanos. Todos los posibles responsables deben ser juzgados bajo un mismo marco normativo: fuerzas militares, guerrilleros, militares y policías. Y ahora se ha formulado una iniciativa más ambiciosa, que también sean incluidos los empresarios y los políticos. No sólo los combatientes, sino también quienes tienen otras responsabilidades a otros niveles dentro de este conflicto armado.

Mientras, los periodistas y los defensores de derechos humanos se encuentran permanentemente en una situación de riesgo, porque las circunstancias y el contexto están generando nuevas amenazas o acentuando las ya existentes. Hay conciencia de que en la medida en que se aproxima un acuerdo de paz, hay fuerzas que quieren impedirlo a toda costa. A medida en que se avanza en los procesos de restitución de tierras, y que en el trabajo de desenmascarar a quienes han sido los usurpadores de esas tierras, también aumentan los peligros para los líderes sociales y campesinos.

Uno de los puntos más delicados del proceso de paz es la introducción de miembros de las FARC en la vida política, tema que aún no se ha tratado. El mensaje transmitido por las víctimas en la mesa de negociaciones es que hay disposición a buscar la reconciliación. Todo esto tiene que ser objeto de unas medidas y de unas decisiones que se deben tomar en materia de reparación y justicia. Lo que está claro es que no van a ser las víctimas quienes se opongan al proceso de paz en Colombia.

¿Cese de hostilidades?

El senador Iván Cepeda considera que el anuncio del presidente Santos en torno de la suspensión de bombardeos contra campamentos de las FARC-EP se da en un momento crucial del proceso, en el que la insurgencia había anunciado un nuevo cese al fuego unilateral, y señaló que el país espera que continúen surgiendo nuevas decisiones que contribuyan al desescalamiento del conflicto armado y se llegue al cese bilateral y definitivo de las hostilidades.

Rodrigo Londoño, alias Timochenko, máximo jefe de las FARC-EP, aseguró en un comunicado que el Ejército está asediando a las Farc en algunas partes del país con despliegue de tropas y sobrevuelos de inteligencia y sugvirió el peligro que para los diálogos de paz representaría una nueva ruptura del cese unilateral decretado por la guerrilla. Denunció, asimismo, que hubo bombardeos cuando el gobierno hablaba de desescalamiento. “Ninguna unidad de las FARC está obligada a dejarse matar, y por tanto tiene todo el derecho a recurrir a la legítima defensa en caso de ataque”, aseveró.

” Hay una guerra paralela, simbólica, que se da ante el público, para las cámaras y grabadoras, donde el gobierno, con el apoyo de los medios hegemónicos, tiene mayor capacidad de fuego. En esta guerra no parece estar previsto obrar en consecuencia con lo que se expresa “

Hay una guerra paralela, simbólica, que se da ante el público, para las cámaras y grabadoras, donde el gobierno, con el
apoyo de los medios hegemónicos, tiene mayor capacidad de fuego. En esta guerra no parece estar previsto obrar en consecuencia con lo que se expresa. El secretariado de las FARC se pregunta por qué el gobierno insiste en echarlo todo a pique, con incursiones aéreas, fluviales y terrestres de tropas del ejército y de brigadas paramilitares, clandestinas, con fumigaciones en áreas escoltadas por aviones y helicópteros de guerra, ubicación de microchips para permitir posteriores bombardeos nocturnos con morteros de 120 milímetros….

El agravamiento de la situación humanitaria, especialmente en zonas rurales remotas, muestra a más de cuatro millones de personas desplazadas dentro del país –la segunda más grande del mundo después de Sudán– mientras que otros han buscado protección -salvar su vida y rehacerla- en los países vecinos, en especial Venezuela.

Colombia es el país con el mayor número de acuerdos internacionales aprobados en materia de derechos humanos, una táctica utilizada consistentemente por los sucesivos gobiernos, para desorientar y diluir su responsabilidad como régimen político en las graves violaciones a los derechos humanos e intentar mostrar una imagen limpia del régimen en el ámbito internacional.

El relato, a cargo de los hombres más ricos del país

El analista de medios e investigador social Omar Rincón señaló que en Colombia “hay una sola voz y ahí es muy problemático, sobre todo, por el cruce de propiedad de los medios. Es el hecho de que banqueros, constructores, petroleros, son los dueños de los medios como ha sido costumbre. Colombia es un país de derecha en todo, en la academia, en el movimiento social. Los defensores de derechos humanos, los medios alternativos, populares, son pocos, entones la pregunta es por qué tenemos un país como tan de derecha y tan concentrado y que nos parezca normal que esto suceda”.

Durante la presidencia de Uribe, la prensa siguió las directivas del gobierno y ocultó, invisibilizó el conflicto y fue cómplice –por su silencio– de grandes matanzas como los llamados falsos positivos.

“El periodismo está muy mal, existe muy poco disenso (…) A uno le molesta que RCN, Caracol o NTN24 digan ésta es la realidad y ésta es la noticia. Tendrían que arrancar diciendo: aquí estamos defendiendo este proyecto, en RCN las noticias son uribistas; en NTN24 estamos para combatir el chavismo; que lo digan. Cuando se les reclama argumentan que la que presentan es la verdad… Sería buenísimo que dijeran ésta es la mitad de la verdad. Eso sería honesto, pero lo que pasa es que nos hacen creer que la suya es la verdad.”

Trabajadores y movimientos

El Centro de Estudios Latinoamericanos señala que el 55% de los colombianos gana un salario mínimo o menos, siendo éste uno de los peores, comparado con países semejantes de la región, sus tasas de informalidad superan el promedio de la región. El crecimiento del salario mínimo en Colombia entre 2008 y 2012 fue de 36%, cinco puntos menor que la media regional, mientras en Uruguay, Bolivia y Argentina las tasas de crecimiento fueron de 61%, 68% y 43%, respectivamente.

El salario minino colombiano es uno de los peores de la región. Colombia se ubica en el puesto 8 con un salario mínimo de 257 dólares, sólo por encima de México con 146. Argentina, Ecuador y Uruguay tienen salarios mínimos de 551, 413 y 410 dólares, respectivamente.

Mientras, las principales plataformas políticas y sociales agrupadas en la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular han manifestado su preocupación por los últimos ataques contra sus organizaciones. A las irregulares detenciones de 12 miembros de los movimientos Congreso de los Pueblos y Marcha Patriótica, se suma la saga de desprestigio contra las organizaciones indígenas emprendida por el canal de televisión Caracol. Ante esto, han expresado acciones de fortalecimiento y movilización en la segunda mitad de agosto. “Que expresarnos distinto no nos cueste la vida y la libertad”, es la consigna de las movilizaciones.

 

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