Memoria que sana heridas

El Salvador
Oswaldo Feusier

La orden de detención contra 17 perpetradores de crímenes contra la humanidad marca un hito en el país. Los sucesos del pasado no se deben quedar ahí si es que se quiere mirar hacia adelante. Las excusas endebles son de quienes quieren convertir al futuro en el sepulturero del pasado. Este no puede ser un país donde la masacre de un cantón sólo conozca el olvido.

Oswaldo Feusier- Contrapunto (El Salvador)

Vivimos un tiempo singular, atestiguamos un momento largamente esperado en un proceso con décadas de lucha: Ordenar la detención contra 17 perpetradores de crímenes contra la humanidad durante el conflicto armado. Por supuesto, como sucede siempre en estos raros momentos en que la justicia parece ganar, enfrentamos nuevamente una tormenta conocida y es la lluvia de argumentos que buscan empañar el proceso; cansinamente nos venden la misma idea: Los crímenes del pasado se deben quedar ahí, en el pasado, miremos al futuro. 

En esencia, se trata de argumentos que parecen fuertes, pero no porque sean convincentes. Son argumentos que parecen fuertes porque los creemos fuertes,  ayudados quizás por la apatía, la comodidad o la simple pereza de confrontar a quien los dice, sobre todo cuando este último tiene un cargo de autoridad. Vistos con detenimiento, en el fondo no son otra cosa que excusas incapaces de resistir la primera ráfaga de viento.

Uno de ellos, el famoso “Se abrirán heridas del pasado”, es una auténtica tontería. El pasado no es una persona y por tanto no sufre heridas, quienes sufren heridas son las personas reales, heridas físicas y emocionales, si yo hubiese tenido un hijo desaparecido, yo hubiese sufrido una herida emocional que a lo mejor no sana fácilmente, incluso hasta la fecha, y sin embargo, por alguna extraña razón,  los pregoneros de siempre se empeñan en decretar la cesación de todo sufrimiento.

¿Quiénes son ellos para hablar por todas las víctimas y decretar sus heridas clausuradas? ¿Qué autoridad moral tienen para ordenar que toda víctima olvide? ¿Con qué derecho lo hacen cuando la ley nacional e internacional consiente que una víctima conozca la verdad de su familiar perdido?

Pero hay más argumentos, el famoso “hay que mirar hacia el futuro”. La frase me recuerda a otra expresada por W. Benjamin: “los muertos interrogan a la comunidad de los vivos”, el futuro, en la visión de este filósofo, no es estático ni mucho menos el gran brutalizador del pasado; el futuro es un profundo acto de comunión con el sufriente de ayer al que le hacemos una tenue promesa: “No más”, “no se repetirá”.

¿Cuál será nuestra promesa con las voces del pasado? ¿Un país donde la masacre de un cantón solo conoce el olvido? Convertir el futuro en el sepulturero del pasado, es tanto como aceptar que mi lugar se encuentra en la piedra  de sacrificio de las futuras generaciones y nadie merece tan poco.

” ¿Cuál será nuestra promesa con las voces del pasado? ¿Un país donde la masacre de un cantón solo conoce el olvido? Convertir el futuro en el sepulturero del pasado, es tanto como aceptar que mi lugar se encuentra en la piedra  de sacrificio de las futuras generaciones y nadie merece tan poco “

También oímos argumentos curiosos como decir que buscar la verdad “atenta contra el orden, la concordia y la paz”, digo que es una idea curiosa porque se sirve de una premisa curiosa: Que vivimos en orden, paz y concordia. Una afirmación atrevida y una premisa que aun presumiendo es correcta (más que presumirse debe fantasearse), nos obliga a imaginar la idea de “orden” y “paz” que habita  la cabeza de quienes utilizan el  razonamiento, y es que “orden” hay de muchos tipos, y la “paz” también la encontramos en los cementerios. Yo pienso que cualquier orden y paz cimentados sobre la impunidad, el silencio forzado y el sufrimiento de las víctimas del pasado, es un “orden” que no le envidia nada a la estatua del sueño bíblico: Pesada, maciza, gigante, con cabeza de oro fino, pero que finalmente  cae a pedazos por tener los pies de barro.

Hay “ordenes” por los que no vale la pena luchar, así como hay formas de “Paz” que no son más que el producto de un silencio incómodo y forzado. Si una democracia se asienta en la represión impune y el olvido de las más elementales nociones del Derecho Internacional de los derechos humanos, entonces no vivimos en una democracia.

Aun con todo, hay un razonamiento más infame que los anteriores: “¿Y las víctimas del otro bando?” Ruin porque defiende la impunidad utilizando el dolor ajeno, se trata de una víctima olvidada por quien no pedimos justicia, pero de repente recordamos con el propósito de enterrar en el olvido a otros dolientes, al sufrimiento causado le sumamos causar más dolor con su nombre. La “víctima del otro bando” sigue siendo una víctima, una voz de ayer que nos reclama por un presente construido a base de su sufrimiento y el rescate de esta voz humillada no se realizará cuando todos callen, sino más bien como dijo W. Benjamín: cuando dejemos que estas voces llenen el silencio y nos interroguen, mientras más voces se recuperen será mejor, venga de donde provenga esta voz, pues cada victoria por pírrica que sea, quiebra la pesada condena de un futuro que gusta de brutalizar el pasado, el futuro que condena.

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