El empleo en las calles de Paraguay

Los vendedores ambulantes conforman el mercado laboral más importante de Paraguay. La mayoría de ellos son cuentapropistas, lo que implica que si no laboran no hay dinero. Son miles de personas, desde la niñez a la ancianidad, que no cuentan con los derechos que asisten a los trabajadores: ni seguro médico, ni antigüedad, ni vacaciones, ni licencia por maternidad o enfermedad. Pasan de un producto a otro a lo largo de su vida, a la pesca de lo que surja para llevar el pan a sus casas.

 

Julio Benegas – E”a (Paraguay)

No se trabaja, no hay plata. Sin plata no hay comida, bebida, servicios básicos. En este mundo no hay seguro médico, permiso por maternidad, ocho horas (aunque sea solo en la ley), derechos de antiguedad, jubilación. Bienvenidos al mundo sin vacaciones.

“Mba’éiko rejapo Paraguay-pe. Terehóna Encarnación-pe, upépe ko oho la gente iplátava”, le dice, riéndose, Ramón a Sinfó.

Sinfó le responde: “Nde piko reimo’a ndarekói mba’e la plata”. Saca un fajo de G. 100.000. Todos saben que es dinero del “patrón” por la venta de Telebingo y Senete.

-Bueno tío, le responde Ramón, sobándole la espalda. Ko’ápe rejapichy vaerâ, heta i-plata hína.

La ronda del mediodía está a punto de formarse en torno del puesto de tereré de Ramón Villalba. Eliseo, Víctor, Jonatan, Cambela, Gustavo, vendedores de cedés, lencerías masculinas, anteojos y relojes harán la siesta en la Plaza de la Libertad, luego del almuerzo. Algunos jugarán a la dama y otros mirarán, desde la gradería, con ojos de experto cada movida.

Ramón les prepara el terere de la tarde sin yuyo. “Ani oimo’â la gente ndajakarúi hague mba’e”, agrega Sinfo, que de joven lustrabotas y ordenanza de calle, alguna vez chofer de Humberto Domínguez Dibb, hace un buen tiempo se dedica a vender juegos de azar.

25 años hace que Ramón, de 50 años, trabaja en ese mismo lugar. En torno de él sus cinco hijos, grandes ya, “aunque solo una sea de él”, comenta Sinfó, que siempre tiene la “precisa”. “Moôpio oikuaáta kóa mba’eve. Oñe’embareíko ko Sinfó”, retruca Ramón, siempre sonriente. En la cadena de servicios, Sinfó es también “che patrón”.

Trabajadores que se conocen pelos y mañas

Al igual que la mayoría de los vendedores ambulantes (y el país), Ramón no conoce el mar y la palabra vacación le roba una sonrisa medio burlona. Es hablar de un mundo extraño, ajeno, un mundo de sus “patrones”.

-Moôpio ahata. Ndajuirô amba’apo hendyvéta chendive-, responde, consultado si alguna vez tomó vacaciones en su trabajo. Luego se rasca lo que le queda del pelo, piensa, recuerda algo vago y amplía: “Yma amba’aporô guare surtidorpe che vacacion va’ekue. Pero ymáma upéa. Che mitarôguare”.

-Y vos, Víctor?

Víctor Cáceres, 33 años, moreno, amable, maneja el castellano y el guaraní. “Yo me hice varias veces para mis vacaciones”.

-Cómo

-Ahorraba algo del dinero y me iba a Buenos Aires, con mi gente. Tengo muchos amigos y familiares por “asha”. No gastaba casi nada.

“Miles de trabajadores, niños, adolescentes, jóvenes, adultos,

aprontan todos los días sus vidas para enfilar el ejército enorme

que ofrece algo en la calle, en los mercados, en los colectivos,

en las tiendas, en los supermercados  

A sus 33 años, Víctor no conoció un trabajo que no sea de venta. A los siete años vendía “Hortela” -este caramelo de menta que en los 80 y 90 invadió el mercado de los pobres-, en los colectivos. Luego chicle y después, adolescente, aguja, hilo, tijera, cinta de embalaje, alcohol rectificado…”Sabé loo. De todo un poco”

Ahora se dedica a la venta de cedés. Su clientela está concentrada entre los funcionarios públicos. Así que enero y febrero hay “que pasarlos” porque la mitad de los funcionarios está de vacaciones. “Estamos a la pesca de cualquier cosa. Si nos quedamos en casa, no pasa nada. Hay que estar a la pesca. Siempre hay algo para llevar a la casa”, comenta.

A Víctor alguna vez le ofrecieron un trabajo fijo. “Pero sa’ieterei oje ofrece chéve. Chéko, Julio, aguereko cuatro mitâma hína”, comenta con mucha convicción.

-Cuánto te ofrecieron

Salario mínimo

Ah…

El país en venta

La venta se ha convertido en el mercado laboral más importante del país. Miles de trabajadores, niños, adolescentes, jóvenes, adultos, aprontan todos los días sus vidas para enfilar el ejército enorme que ofrece algo en la calle, en los mercados, en los colectivos, en las tiendas, en los supermercados. En los barrios, inundan las lomiterías, despensas, bazares, bodegas, quinielas. De esa gente, enorme cantidad es “cuenta propista”. No trabaja, no hay plata. Sin plata no hay comida, bebida, servicios básicos. En este mundo no hay seguro médico, permiso por maternidad, ocho horas (aunque sea solo en la ley), derechos de antiguedad. “Destierro del campo y precarización laboral en el mundo urbano. Eso es lo que ofrece el modelo agroexportador. Acumulación de riqueza y poca distribución de la renta”, dispara el economista Luis Rojas.

-Hay que hacerse de vacaciones-, reflexiona Víctor.

-¿Hace cuánto no te tomás vacaciones?

-A ver…Esperameke, um… hace muchos años. ¡Hay que hacerse de vacaciones! Sonríe.

 

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