El día después del referéndum

Bolivia
Pablo Ortíz

Los resultados desfavorables para la reelección de Evo Morales, fomentados desde una repolarización construida desde los medios y las redes sociales, exigen un golpe de timón por parte del MAS. El binomio ejecutivo seguirá en funciones pero ya mucho ha cambiado y deberá mantener el orden sobre lo que aún tiene dominio para conservar lo que resta de su hegemonía.

Pablo Ortíz- El Deber (Bolivia)

Solo había una certeza: el 22 de febrero, un día después del referendo, Evo Morales seguiría siendo el presidente, Álvaro García Linera el vicepresidente, el MAS seguiría controlando dos tercios de la Asamblea Legislativa Plurinacional y nada habría cambiado realmente. 

Ya no es así. El binomio ejecutivo seguirá en funciones, el partido en función de Gobierno no perderá ni un diputado, pero ya mucho ha cambiado. “Lo veo, lo huelo, lo siento, lo estoy palpando”, dice Helena Argirakis, politóloga que defiende la continuidad de Morales en Palacio Quemado, pero que entiende que el daño ya está hecho. “Es igual de jodido que gane el Sí o que gane el No”, añade. 

Escenario con cara conocida 

Bolivia es el país del déjà vu político. Hace menos de seis años ya vivió una situación parecida a la de los días precedentes: polarización, civiles matando a civiles en las calles y un referéndum en ciernes, pero la situación actual es también muy distinta a la de 2008. 

No hay un proyecto contrahegemónico que le dispute el poder al Movimiento Al Socialismo. Es, como lo dice el politólogo Fernando Mayorga, Evo contra sí mismo. El problema es que en el imaginario popular ya no es el mismo Morales. El presidente va a las urnas para saber si su imagen de inmaculado ante la corrupción ha sobrevivido al efecto Gabriela Zapata.

” Ilijic explica a qué se enfrentará Morales: ‘Deberá mantener el orden sobre lo que aún tiene dominio, mientras se desmantela su hegemonía. Podría intentar construir blindajes jurídicos para salir con tranquilidad”. Ese es el escenario del No. Hay uno peor: que la diferencia sea tan grande que Morales pierda legitimidad ‘ “

Pero ese no es lo único que nos separa de 2008. Franz Flores, politólogo, recuerda que en este momento no hay ‘clivajes’ y hace seis años sí los había. Había, en sus palabras, la política del colla contra el camba. La votación partía en dos al país, con un occidente pintado de azul y un oriente absolutamente verde, de Pando a Tarija. El camba no votaba por Evo Morales y el blanco o mestizo rechazaba al indígena, que reclamaba que este país había sido construido por una élite blancoide. 

El occidente apoyaba un proyecto más centralista, reconocedor de derechos negado, y el oriente era autonomista, más liberal. “No hemos visto reverdecer esos clivajes -dice Flores- pero sí hemos visto un Gobierno a la defensiva, que planteó su campaña con una estrategia de mostrar obras y estabilidad, pero ha tenido que defenderse de las acusaciones de corrupción”. 

Yerko Ilijic, filósofo, sociólogo y abogado, no alineado al MAS, cree que el “humor social” ya ha variado, que ya no beneficia al modelo hegemónico construido por el MAS y que eso le restará gobernabilidad a Evo Morales.

¿Qué pasó?

Era el momento de máxima acumulación. El MAS se mostraba sin rivales, frente a una oposición pálida y el único enemigo era la baja del precio del petróleo. “El MAS había logrado consolidar su presencia hegemónica”, dice María Teresa Zegada, socióloga. Sin embargo, ahora se evidencia el desgaste acumulado. Su base social fue afectada por el conflicto del Tipnis y el desplazamiento del perfil ideológico de los gobernantes en su segundo mandato.

Hay otras diferencias. Argirakis apunta que, en 2008, el levantamiento era genuino y este es provocado. “Para mí todo esto obedece a un libreto de golpe suave, que utiliza nuevas tecnologías de derrocamiento. Es el mismo libreto de la primavera árabe, de la Guerra de Balcanes, el mismo libreto de Venezuela, Argentina, Honduras y Paraguay. Su arma es la tecnología”, explica. 

Mayorga no habla de golpe blando, cree que sería una etapa más profunda, pero sí cree que la agenda política fue marcada por las redes sociales, se viralizó y sacó a relucir algo que se creía acabado: expresiones de racismo. El politólogo también critica la encuesta flash publicada el anterior domingo en un par de medios impresos de La Paz y Cochabamba. Duda de su validez estadística, pero está seguro de su efecto en la campaña: fijar que el No va ganando.

” Hay otras diferencias. Argirakis apunta que, en 2008, el levantamiento era genuino y este es provocado. “Para mí todo esto obedece a un libreto de golpe suave, que utiliza nuevas tecnologías de derrocamiento. Es el mismo libreto de la primavera árabe, de la Guerra de Balcanes, el mismo libreto de Venezuela, Argentina, Honduras y Paraguay “

Luego observa que, desde el lunes, los ataques se dirigieron a la credibilidad de la corte. Incluso la Iglesia Católica salió a pedir ‘transparencia’ y, finalmente, la nueva tragedia de El Alto. “Esta combinación de hechos puede llevar a pensar que hay una especie de engranaje de elementos de un manual para crear una situación en la opinión pública. Todo lleva a cuestionar la verosimilitud de cualquier palabra oficialista”, añade.

Argirakis añade que desde las redes sociales se generó un afán desestabilizador para crear un vacío de poder. Ve una repolarización forzada, construida, que también esquiva los conductos regulares. Observa que son periodistas los portadores de las denuncias, que la oposición ha abandonado sus canales normales, sus representantes ante la Asamblea Legislativa.

El problema es que la oposición -el ‘otro’, como lo llama Zegada- no existe. “Es una serie de sectores fragmentados y con distintas visiones que confluyen en el rechazo a la reforma constitucional, pero ello no implica un actor articulado ni con un proyecto histórico concreto”, explica.

¿Y ahora?

“Lo veo, lo huelo, lo siento, lo estoy palpando. Es igual de jodido que gane el Sí o que gane el No”, ya había dicho Argirakis, que ve necesario, inevitable, saludable, un golpe de timón. Ilijic explica a qué se enfrentará Morales. “Deberá mantener el orden sobre lo que aún tiene dominio, mientras se desmantela su hegemonía. Podría intentar construir blindajes jurídicos para salir con tranquilidad”. Ese es el escenario del No. Hay uno peor: que la diferencia sea tan grande que Morales pierda legitimidad y eso le genere problemas de gobernabilidad. 

Flores tiene visiones menos apocalípticas. Es cierto, cree que sea cual fuere el resultado Morales se ha desgastado demasiado en la campaña, que ha perdido capital político y simbólico, que deberá administrar estas crisis más la económica que se avecina.

Argirakis ve al Movimiento Al Socialismo en un momento muy complejo -Ilijic cree que necesitará casi una refundación-, a un Gobierno al que le urge tomarse un tiempo, de hacer una evaluación, repasar los 10 años de gestión, analizar la campaña, qué se ha dicho, qué ha salido. Es tras esa evaluación -que no será de un día para otro- que nacerán los cambios. Sin embargo, cree que la Caja de Pandora -ese contenedor de horrores- está abierta y hay que analizar el rol de operadores, de ministros: de todos

Pablo Ortíz- El Deber (Bolivia)

Las ciudades se decantaron por el No y el área rural sigue siendo fiel a Evo Morales. Esa es la primera conclusión a la que llega el conteo rápido de Equipos Mori para EL DEBER. Con más de 218.000 votos como muestra y un margen de error menor al 1%, los datos ofrecidos por la encuesta
dora alcanzan a afirmar que el No se impuso en seis de los nueve departamentos del país, dibujando un mapa político parecido al del peor momento de Evo Morales, cuando Pando, Beni, Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca eran gobernados por prefectos de oposición, en lo que se denominó ‘la media luna ampliada’. 

También indica un profundo retroceso en el ámbito urbano. El Sí perdió en todas las capitales. En la única ciudad importante donde ganó fue en El Alto. Hay derrotas tan significativas como las de Potosí, donde solo alcanzó un 14% de los votos. En 2005, Potosí fue la región donde Morales alcanzó su mayor porcentaje de votación. 

” También indica un profundo retroceso en el ámbito urbano. El Sí perdió en todas las capitales. En la única ciudad importante donde ganó fue en El Alto. Hay derrotas tan significativas como las de Potosí, donde solo alcanzó un 14% de los votos. En 2005, Potosí fue la región donde Morales alcanzó su mayor porcentaje de votación “

En estas ciudades se concentra el 54,6% del padrón electoral. En las 10 ciudades la proporción quedó un 42% para el Sí y un 58% para el No. Esta cifra se achicó con la votación de las ciudades intermedias (26,4% del padrón) en las que el Sí ganó obtuvo 53%, frenta a un 47% del No; y casi fue empatada por el campo (19% del padrón), donde Evo Morales sigue siendo hegemónico, con un 65% de respaldo frente al 35% de rechazo. 

Es también un fuerte retroceso para la votación presidencial respecto a 2014. Más allá de los 13% menos que obtuvo ayer, también se suma que perdió en el campo y en la ciudad en tres departamentos: Santa Cruz, Tarija y Beni, departamentos en los que había logrado ganar en su segunda reelección como presidente del Estado.

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