El día después del golpe

Brasil
Especial

Los medios de América Latina y el mundo criticaron duramente la destitución de Dilma Rousseff. El escenario de grandes disputas de masas y fuerzas políticas que se avecina a nivel local e internacional luego del impeachment. Los brasileros sufrirán las consecuencias en un futuro de crisis económica, social y política sin igual. Los culpables serán condenados por la historia.

Foto: Beto Barata/PR

Editorial- El País (España) 

La destitución de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, aprobada ayer por el Senado del país por 61 votos a favor y 20 en contra constituye un golpe bajo al funcionamiento institucional de un país que durante décadas y con esfuerzo se había convertido en ejemplo de democracia consolidada para toda la región.

Los partidos políticos responsables del apartamiento han utilizado torticeramente un procedimiento de destitución previsto en la Constitución para casos extremadamente graves y lo han ajustado a juegos políticos cortoplacistas sin importarles el daño causado a la legitimidad democrática. En una república presidencialista la destitución del Jefe del Estado es un hecho de extrema importancia, una excepción al sistema que permite al Parlamento revocar la voluntad popular y destituir a quien ha sido elevado directamente en las urnas a la máxima institución de Estado. Por tanto, no puede ser utilizado más que en casos excepcionales y de forma muy tasada so pena de crear una grave crisis política e institucional.

Pero este no es el caso de Dilma Rousseff. Al ser imposible encontrar ninguna prueba de implicación en el escándalo Lava Jato, una red de corrupción generalizada en la que están implicados destacados miembros de partidos que ayer votaron contra ella, los legisladores han recurrido a un motivo, la desviación en el presupuesto, que aunque previsto en la Constitución carece de suficiente entidad política para justificar la destitución de Rousseff y el trauma y división al que se aboca al país.

Que Rouseff haya sido depuesta pero no inhabilitada para ocupar cargos públicos, demuestra que el Congreso brasileño ha aplicado las normas sobre destitución con objetivos bien distintos a los que la norma perseguía. Estamos ante un fraude de ley que arroja una grave sombra sobre el futuro inmediato de Brasil, más necesitado de unidad ante la crisis económica y política que de divisiones irreconciliables.

Editorial- El Telégrafo (Ecuador) 

Los grupos poderosos de Brasil dejaron sentado, desde hace más de una década, que no apoyarán un modelo que no sea el suyo (el neoliberal). Y entre esos grupos están los mediáticos, bien articulados con sus pares regionales. Nunca aceptaron un modo de ejercer el poder, de servir a las mayorías, de sacar de la pobreza a 30 millones de brasileños, etc.

Ahora hicieron uso ilegítimo e ilegal de un recurso poco ético para conseguir su objetivo político: sacar del poder a la presidenta Dilma Rousseff. Ella ha sufrido un golpe de Estado por hacer lo mismo que hicieron otros presidentes. Pero, claro, con otros jamás tuvieron la misma actitud porque ellos sirvieron a sus intereses. Y esto que ocurre en Brasil es un pésimo precedente para América Latina.

» Ahora hicieron uso ilegítimo e ilegal de un recurso poco ético para conseguir su objetivo político: sacar del poder a la presidenta Dilma Rousseff. Ella ha sufrido un golpe de Estado por hacer lo mismo que hicieron otros presidentes. Pero, claro, con otros jamás tuvieron la misma actitud porque ellos sirvieron a sus intereses «

Incluso nos afecta a todos porque impone un modo de desestabilizar la democracia bajo arbitrios de orden golpista. No cabe duda de que, con este acontecimiento, otros grupos de nuestra región se inspirarán para actuar con más arrogancia. Ojo con lo que pase en adelante en Venezuela, en Bolivia y en Ecuador, tres países pilares del cambio histórico de América Latina.

Emir Sader- Público (España)

El sueño de la derecha brasileña, desde 2002, se ha realizado. No bajo las formas anteriores que ha intentado. No cuando intentó tumbar a Lula en 2005, con un impeachment, que no prosperó. No con los intentos electorales, en 2006, 2010, 2014, cuando fue derrotada. Ahora encontraron el atajo, para interrumpir los gobiernos del PT, aún más cuando seguirían perdiendo elecciones, con Lula como próximo candidato.

Fue mediante un golpe blanco, para el cual los golpes de Honduras y Paraguay han servido como laboratorios. Derrotada en 4 elecciones sucesivas, y con el riesgo enorme de seguir siéndolo, la derecha buscó el atajo de un impeachment sin ninguna fundamento, contando con la traición del vicepresidente, elegido dos veces con un programa, pero dispuesto a aplicar el programa derrotado 4 veces en las urnas.

Valiéndose de la mayoría parlamentaria elegida, en gran medida, con los recursos financieros recaudados por Eduardo Cunha, el unánimemente reconocido como el más corrupto entre todos los corruptos de la política brasileña, la derecha tumbó a una presidenta reelegida por 54 millones de brasileños, sin que se configurara ninguna razón para el impeachment.

Es la nueva forma que el golpe de la derecha asume en América Latina.

» El sueño de la derecha brasileña, desde 2002, se ha realizado. No bajo las formas anteriores que ha intentado. No cuando intentó tumbar a Lula en 2005, con un impeachment, que no prosperó. No con los intentos electorales, en 2006, 2010, 2014, cuando fue derrotada. Ahora encontraron el atajo, para interrumpir los gobiernos del PT «

Es cierto que la democracia no tiene una larga tradición en Brasil. En las últimas nueve décadas, hubo solamente tres presidentes civiles, elegidos por el voto popular, que han concluido sus mandatos. A lo largo de casi tres décadas no hubo presidentes escogidos en elecciones democráticas. Cuatro presidentes civiles elegidos por voto popular no concluyeron sus mandatos.

No queda claro si la democracia o la dictadura son paréntesis en Brasil. Desde 1930, lo que es considerado el Brasil contemporáneo, con la revolución de Vargas, hubo prácticamente la mitad del tiempo con presidentes elegidos por el voto popular y la otra mitad, no. Mas recientemente,  Brasil tuvo 21 años de dictadura militar, mas 5 años de gobierno de José Sarney no elegido por el voto directo, sino por un Colegio Electoral nombrado por la dictadura – esto es, 26 años seguidos sin presidente elegido democráticamente -, seguidos por 26 años de elecciones presidenciales.

Pero en este siglo, Brasil estaba viviendo una democracia con contenido social, aprobada por la mayoría de la población en cuatro elecciones sucesivas. Justamente cuando la democracia empezó a ganar consistencia social, la derecha demostró que no la puede soportar.

Fue lo que pasó con el golpe blanco o institucional o parlamentario, pero golpe al fin y al cabo. En primer lugar porque no se ha configurado ninguna razón para terminar con el mandato de Dilma. En segundo, porque el vicepresidente, todavía como interino, empezó a poner en práctica no el programa con el cual había sido y elegido como vicepresidente, sino el programa derrotad 4 veces, 2 de ellas teniéndole a él como candidato a vicepresidente.

» Aun recuperando el Estado y la iniciativa que ello le propicia, la derecha brasileña tiene muy poca fuerza para consolidar a su gobierno. Se enfrenta no solo a la crisis económica y social, sino también a un movimiento popular revigorizado y al liderazgo de Lula. Brasil se vuelve un escenario de grandes disputas de masas y políticas «

Es un verdadero asalto al poder por el bando de políticos corruptos más descalificados que Brasil ya ha conocido. Políticos derrotados sucesivamente, se vuel
ven ministros, presidente de la Cámara de Diputados, lo cual no sería posible por el voto popular, solo por un golpe.

¿Qué es lo que espera a Brasil ahora?

En primer lugar, una inmensa crisis social. La economía, que ya venía en recesión hace por lo menos tres años, sufrirá los efectos durísimos del peor ajuste fiscal que el país ha conocido. El fantasma de la estanflación se vuelve realidad. Un gobierno sin legitimidad popular, aplicando un duro ajuste en una economía en recesión, va a producir la más grande crisis económica, social y política que el país ha conocido. El golpe no es el final de la crisis, sino su profundización.

Es una derrota, la conclusión del período político abierto con la primera victoria de Lula, en 2002. Pero, aun recuperando el Estado y la iniciativa que ello le propicia, la derecha brasileña tiene muy poca fuerza para consolidar a su gobierno.

Se enfrenta no solo a la crisis económica y social, sino también a un movimiento popular revigorizado y al liderazgo de Lula. Brasil se vuelve un escenario de grandes disputas de masas y políticas. El gobierno golpista intentará llegar al 2018 con el país deshecho, buscando impedir que Lula sea candidato y con mucha represión en contra de las movilizaciones populares. El movimiento popular tiene que reformular su estrategia y su plataforma, desarrollar formas de movilización amplias y combativas, para que el gobierno golpista sea un paréntesis mas en la historia del país.

– Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Redacción- Semana (Colombia) 

Para la izquierda brasileña, la salida de Rousseff del poder no es otra cosa que la estrategia de la derecha para recuperar el gobierno y, desde ahí, atacar los avances de los últimos trece años en Brasil.

Pero lo cierto es que las malas noticias se han estado acumulando para la izquierda latinoamericana, aunque todos los expertos coinciden en que no se puede poner en la misma bolsa los proyectos del petismo brasileño con los del chavismo o el Kirchnerismo.

Mauricio Macri, de centroderecha, ganó los comicios en Argentina en noviembre pasado poniendo fin a una era kirchnerista (2003-2015).

Otros reveses siguieron. En Venezuela, la oposición logró la mayoría parlamentaria de tres quintos en los comicios legislativos de diciembre. El país petrolero está al borde del colapso económico, con Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, peleando contra un referéndum revocatorio que busca sacarlo del poder. 

» Otros reveses siguieron. En Venezuela, la oposición logró la mayoría parlamentaria de tres quintos en los comicios legislativos de diciembre. El país petrolero está al borde del colapso económico, con Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, peleando contra un referéndum revocatorio que busca sacarlo del poder «

En Bolivia, el líder cocalero indígena Evo Morales perdió una consulta en febrero sobre la posibilidad de postularse a un cuarto período de gobierno, mientras en Ecuador, el economista de izquierda Rafael Correa coqueteó con la idea de un tercer mandato, pero desistió ante la caída en las encuestas.

Muchos de estos gobiernos pusieron el acento en la redistribución, pero se quedaron cortos en fomentar la creación de riqueza y la inversión.

Y una serie de escándalos de corrupción alimentaron el malestar entre la población.

Incluso la moderada chilena Michelle Bachelet ha visto su imagen derrumbarse en los sondeos luego que su hijo fuera atrapado en un escándalo. 

¿Demasiado rosa?

La salida del PT de Lula y Rousseff del poder cambia definitvamente los vientos en la región.

Rousseff fue acusada de autorizar gastos a espaldas del Congreso y postergar pagos a la banca pública para mejorar las cuentas y seguir financiando programas sociales el año de su reelección y a inicios de 2015.

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