El Cóndor Andino vuelve a volar

Argentina

La recuperación del Cóndor Andino por parte de un grupo de conservación que busca salvar la especie es abordada en el filme El cielo otra vez, dirigido por el documentalista Gustavo Alonso. Se propuso narrar la historia, que transcurre en la Sierra de Pailemán, en la provincia de Río Negro, como un cuento. Su relato, con pulso de ficción, se basa en la pasión y los deseos de los personajes. 

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Télam (Argentina)

“Escribo mucho guión de documental como si fuera una ficción porque la premisa es contar un cuento aunque la información la tengan los protagonistas”, reflexiona Alonso durante una entrevista con Télam.

“El cielo otra vez” recoge el ciclo de trabajo del Proyecto de Conservación del Cóndor Andino, siguiendo el proceso impulsado por el biólogo Luis Jacome, desde la Fundación Bioandina y el zoológico porteño y la licenciada Vanesa Astore.

El cóndor andino, el ave voladora más grande del mundo, está volviendo a surcar los cielos de las costas Patagónicas, gracias a un esfuerzo de conservación que integra los últimos adelantos biotecnológicos con la cosmovisión de los pueblos originarios, guardianes del milenario contacto con estas aves sagradas.

La loable y exitosa iniciativa debía ser el núcleo del relato cinematográfico, pero Alonso evoca con ironía que “cuando los productores me propusieron trabajar en este documental, entendí que había un malentendido”.

Para, de todas maneras, ser parte del proyecto, el cineasta decidió trabajar “basándome en la pasión y en los deseos de los personajes, porque hasta ahí había un proyecto desarrollado en otro sentido y por eso conté con mucho material de archivo”, relata.

“Escribo mucho guión de documental como si fuera una ficción porque la premisa es contar un cuento aunque la información la tengan los protagonistas. En definitiva propuse escribir la película basándome en la historia narrada en `Moby Dick`”

El realizador y productor evalúa que “de algún modo `Moby Dick` está presente por esta idea de comprender de dónde llega cada uno y de cómo se armó una tripulación motivada por intereses personales diferentes que confluyen alrededor del cóndor andino en las Sierras de Pailemán”.

Para acercarse al punto culminante de cada proceso de recuperación de esa majestuosa ave, que sucede en cinco jornadas donde las crías cuidadas en cautiverio son soltadas para que remonten vuelo por primera vez, “hubo que armar un equipo formado especialmente para este trabajo”, comenta.

“Y fue todo un desafío -sostiene- desde armar la carpa hasta ahorrar energía. Poder vivir esos días en esa condición que para mí es extrema, fue modificando mi mirada y valoré mucho más la caracterización de las personas embarcadas en esta cruzada”.

Alonso comenta que “nunca abandoné mi escepticismo ni quise ponerme enseguida la camiseta del proyecto ni me interesó hacer una empatía directa de los personajes con el espectador”.

“Pero -puntualiza- quise ir volcando las experiencias del grupo a lo largo del relato y terminé valorando mucho más el trabajo y la elección de vida de cada integrante, como, por ejemplo, esa familia de guardaparques que vivían en Iguazú y se van para el sur”.

Formado en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, es autor de “La vereda de la sombra” (2006, sobre la obra de Fabián Polosecki) y “Rompenieblas, una historia de psicoanálisis y dictadura” (2008), también publicó crónicas y libros infantiles y dirigió la versión teatral de “El Eternauta”.

En su extensa actividad audiovisual también trabajó como guionista y productor ejecutivo y ahora prepara dos trabajos en yunta con Carlos Castro: “Bizarros” (sobre investigaciones de Hernán Brienza acerca de personajes históricos clase B, con Pompeyo Audivert) y “Regreso a Coronel Vallejos”.

¿Qué podés contar del tipo de trabajo desplegado?

Estuvimos sometidos a la agenda temporal del proyecto y tuvimos que entender cuáles eran los tiempos lógicos de ese proceso. Por lo que recién cuando pude tener todo mi material, empecé a usar el material previo.

¿Y eso cambió el perfil de “El cielo otra vez”?

Sí, porque iba a ser un documental más de observación, tal como es la tendencia mundial. Pero me pareció que si no tenía a los personajes contando a cámara, no iba a a ser lo mismo.

¿Qué balance hacés del resultado final?

Me parece importante que la película no haya sido absorbida por el mundo antropológico y, en cambio, luzca todo el contacto con el mundo cinematográfico.

 

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