El Chayo Moreno nunca estuvo muerto

Era uno de los hombres más buscados de México por estar entre los principales líderes del cártel de Los Caballeros Templarios. En 2010, durante el mandato de Felipe Calderón, se anunció su asesinato en el marco de una guerra declarada contra el crimen. Pero cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto informó nuevamente el asesinato de este narcotraficante se abrieron cuestionamientos al ex presidente y a la política de lucha contra la delincuencia.

Shaila Rosagel, Linaloe R. Flores, David Martínez y Marco Antonio Martínez – Sin Embargo (México)

Expertos en seguridad, activistas y políticos coinciden que la neutralización de dos de los capos más importantes de México evidencia el fracaso en la estrategia de seguridad del ex Presidente Felipe Calderón Hinojosa pero además, plantean, éste debe responder por las más de 70 mil muertes generadas durante la guerra contra el narcotráfico.

En menos de 15 días, el gobierno federal ha dado dos fuertes golpes en el mapa del narcotráfico en México. Primero con la detención del líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, “El Chapo”, y después con el abatimiento de uno de los principales dirigentes de la organización criminal de Los Caballeros Templarios, Nazario Moreno González, “El Chayo”, a quien la administración calderonista dio por muerto en diciembre de 2010.

Los expertos también exigen que esto no sólo sea un golpe mediático y se castigue a todos los responsables que hicieron posibles las redes de complicidad del crimen organizado en el país.

«Calderón nos metió en un desastre del cual no podemos salir y esta estrategia que está siguiendo Peña Nieto es la misma que Calderón, más efectiva, pero no es la salida»

“Si el Presidente Enrique Peña Nieto quiere dar un golpe certero a la delincuencia organizada del país, debe llamar a cuentas al ex Presidente Felipe Calderón Hinojosa; al ex Secretario de Seguridad Pública, Genero García Luna, así como al ex Gobernador de Michoacán, Leonel Godoy Rangel, y al actual mandatario estatal, Fausto Vallejo Figueroa, pues de lo contrario los actos se quedarán sólo en golpes mediáticos, afirma Javier Sicilia, poeta y líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD).

“Calderón nos metió en un desastre del cual no podemos salir y esta estrategia que está siguiendo Peña Nieto es la misma que Calderón, más efectiva, pero no es la salida, porque mientras no hagan castigos ejemplares, mientras no esté dispuesta la clase política a sacrificarse y empezar a llamar a cuentas a un montón de delincuentes que han permitido este tipo de cosas –Calderón es uno de ellos–, muchos de su administración como García Luna, o el padrino de Peña, Montiel [Arturo Montiel Rojas] y el tipo que tienen ahorita, Vallejo [Fausto Vallejo Figueroa], no sucederá nada”, expone Sicilia.

Editorial – La Jornada (México)

El nuevo anuncio oficial de la muerte de Nazario Moreno González, El Chayo, presunto dirigente máximo de la organización delictiva Los caballeros templarios –ocurrida el domingo pasado, según las autoridades, en un enfrentamiento con elementos de la Marina en el municipio de Tumbiscatío, Michoacán–, obliga a repasar la cadena de mentiras, opacidades e irregularidades en las acciones del gobierno federal durante el sexenio anterior y el presente en la lucha contra la delincuencia organizada.

«Es claro que en el origen de los errores, las mentiras, los muertos sin cadáver y los cuerpos con nombre falso hay omisiones y responsabilidades administrativas o penales que deben ser investigadas, expuestas y sancionadas»

Resulta tan inexplicable como exasperante, por principio de cuentas, que la administración que encabezó Felipe Calderón haya engañado a la sociedad –por medio del entonces vocero de Seguridad Nacional Alejandro Poiré, quien el 10 de diciembre de 2010 aseguró que, en el marco de un “operativo mixto” de los cuerpos oficiales de seguridad, “el día de ayer cayó abatido El Chayo, príncipal líder de La familia michoacana”. El domingo pasado Poiré divulgó un confuso comunicado en el que parece afirmar que, como secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, no tuvo acceso a información reservada, por lo que los elementos al alcance de la Secretaría Técnica en diciembre de 2010 no fueron lo su?cientemente precisos. Lo cierto es que, o bien la enorme inversión de recursos públicos realizada por la administración calderonista en materia de seguridad e inteligencia no sirvió para determinar si El Chayo estaba vivo o muerto, y el gobierno incurrió en un autoengaño, o bien, ante la incapacidad de las autoridades para golpear en forma significativa a los grupos criminales, se trató de darles, cuando menos, un golpe mediático.

El desaseo y el descontrol resultan, pues, manifiestos, y alimentan el generalizado –y justificado– escepticismo social que recibe cada nuevo anuncio oficial de triunfos reales o imaginarios sobre la delincuencia organizada, como ocurrió el mes pasado tras la captura de Joaquín El Chapo Guzmán Loera. Es claro que en el origen de los errores, las mentiras, los muertos sin cadáver y los cuerpos con nombre falso hay omisiones y responsabilidades administrativas o penales que deben ser investigadas, expuestas y sancionadas. De otra manera, las autoridades no lograrán construir la credibilidad que requieren para enfrentar con éxito la violencia y la criminalidad.

 

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