El chavismo gana las elecciones, aún sin Chávez

Con más del 97 por ciento de los votos escrutados, el chavismo obtuvo un 49,24 por ciento de los votos de las elecciones municipales que se realizaron el domingo, contra un 42,72 por ciento de la oposición, mientras que otras fuerzas alcanzaron el 8 por ciento. El oficialismo ganó así en 15 de las 24 capitales y en el 76 por ciento de las alcaldías. No obstante, volvió a perder en las tres principales ciudades: La Alcaldía Mayor de Caracas, Maracaibo y Valencia.

Triunfó el chavismo aunque perdió ciudades importantes

Rafael Rico Ríos – Telesur TV (Venezuela)

En las elecciones municipales celebradas en Venezuela el 8 de diciembre de 2013, con el 97,52 % escrutado y una participación del 58,92, el Chavismo obtiene un resultado total de 49,24% de votos frente a un 42,72% de la oposición. Otras candidaturas independientes obtuvieron un 8,03% de los votos.

El Chavismo gana en 15 de las 24 capitales y en el 76% de las alcaldías del país. Pero vuelve a perder en las tres principales ciudades: La Alcaldía Mayor de Caracas, Maracaibo y Valencia.

Teniendo en cuenta que se trata de elecciones municipales, una alta participación demuestra que en Venezuela la democracia está más viva que nunca y que continúa el enfrentamiento entre dos modelos políticos.

Para estas elecciones municipales, nadie se atrevía a hacer pronósticos de los resultados, eran una gran incógnita sin Chávez, el ajustado triunfo de Maduro el pasado 14 de abril y los problemas económicos que han azotado el país en los últimos meses.

Estas elecciones municipales se han tratado de presentar como un plebiscito a la gestión de Maduro y sus resultados pretendían vislumbrar la era post-Chávez, medir la temperatura de la masa crítica del proceso y ver el comportamiento del núcleo duro de ambos bloques.

La alta participación, podría reforzar la idea de que efectivamente ha sido un plebiscito. Sin embargo, no hay que olvidar que se tratan de elecciones municipales, donde hay factores locales que influyen en el voto. Además, los graves problemas económicos podrían deberse a fenómenos coyunturales o a una crisis del sistema que requiera cambios estructurales. Por tanto, es difícil cualquier análisis y conclusión que trate de generalizar los resultados de estas elecciones para interpretar la marcha del proceso.

Sin espacio para la crítica e institucionalización del proceso

El bipartidismo, en las democracias de sistemas neoliberales, permite que los grandes partidos se alternen en el poder aunque defiendan el mismo sistema económico. En caso de desgaste del partido gobernante, el partido opositor recoge los votos de la población decepcionada y se mantiene el mismo sistema económico.

En Venezuela no hay alternativa: o eliges el camino del llamado socialismo del siglo XXI o vuelves al capitalismo neoliberal. El Chavismo no tiene oportunidad de ofrecer una alternativa ante el desgaste del poder o el descontento por los fallos de gestión.

Esta no-opción hace que se ahogue cualquier espacio para la crítica. Los medios de comunicación comerciales, por intereses económicos, tienen un ataque continuo y feroz contra el gobierno, y los medios de comunicación públicos, en manos del gobierno, para hacer contrapeso a la ofensiva mediática, no dan espacio a la crítica y se convierten en un especie de aparato de propaganda.

Esta trampa es difícil de superar y se traslada a todos los espacios de la sociedad: sindicalistas, que evitan ser críticos con el gobierno para no hacerle el juego a la oposición, los partidos políticos como el PSUV, que no se diferencia entre partido y gobierno, funcionarios públicos e, incluso, los movimientos sociales, cooptados por el apoyo del gobierno a través de instancias como los consejos comunales y los recursos que reciben para el desarrollo del poder popular.

La institucionalización de la revolución se ha tragado al partido dentro del gobierno, los sindicatos, los medios de comunicación e incluso a los movimientos sociales que no consiguen hacer contrapeso crítico a los grandes errores del gobierno.

Esta falta de válvulas de escape para la autocrítica influye inevitablemente en el votante descontento, que, al no tener alternativa dentro del socialismo bolivariano, se le empuja a las abstención o, incluso a la oposición.

La oposición, muy hábilmente, ha dirigido en los últimos años su discurso, no a sus incondicionales de la derecha, sino a este sector descontento. Una estrategia comunicacional que ha calado profundamente con el “Chávez es un gran líder pero los que le rodean son unos mediocres” que ha conseguido que un importante sector del electorado piense que “esos inútiles son los que nos gobiernan ahora”.

Es un gran reto superar este dilema con mecanismos democráticos, dando espacio a la crítica dentro del proceso, reforzando el papel de los sindicatos, tratando que el PSUV sea crítico con el gobierno, reforzando el protagonismo de las bases y que el poder popular tenga voz crítica en los medios públicos.

A un año de la despedida de Chávez

Estas elecciones han coincidido con el aniversario de la última alocución pública de Hugo Chávez. Aquella plácida noche decembrina, nos sorprendió con su desgarradora despedida. Fueron los 35 minutos más angustiosos de los últimos años en Venezuela y contuvimos la respiración hasta sus frases finales:

“Hoy tenemos patria, que nadie se equivoque; hoy tenemos pueblo, que nadie se equivoque; hoy tenemos la patria más viva que nunca, ardiendo en llama sagrada, en fuego sagrado. Sólo me resta decirles, con las buenas noches a las 10:10 minutos de esta noche del sábado, ¡Hasta la victoria siempre! ¡Independencia y patria socialista!

¡Viviremos y venceremos! ¡Viva Venezuela!”

Un año después, nadie pudiera imaginar que, a diferencia de otros pueblos sumisamente castigados por el capitalismo, el pueblo venezolano, huérfano de su líder histórico, haya asimilado con tanta madurez y claridad lo que significa una lucha de clases y el enfrentamiento de dos modelos económicos. Ha sabido leer la complejidad de distinguir entre una defensa de los intereses de clase y un gobierno con una gestión ineficiente.

No es un cheque en blanco para Maduro, este pueblo lo ha demostrado. Es un pueblo que continuamente cuestiona el orden establecido y es irreverente, que tiene claro que el gran legado de Chávez es la conciencia de clase y la unidad de la izquierda, algo que parece imposible en otras latitudes.

Después de 15 años de gobierno, a pesar de los millones de dólares en propaganda contra el proceso, de la guerra económica, de las maniobras de desestabilización, de los graves errores de gestión, ineficiencia, falta de planificación, improvisación, corrupción, inseguridad y sin Chávez, cuando muchos apostaban por una debacle electoral y esperaban el principio del fin del Chavismo, el socialismo ha vuelto a derrotar al capitalismo en Venezuela.

No ha sido una victoria del gobierno, ha sido una victoria ideológica. Los medios de comunicación comerciales y las grandes corporaciones económicas internacionales, no terminan de comprender que es muy difícil engañar a este pueblo rebelde y luchador que ha despertado su conciencia.

 

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