El calabozo infernal de Vallejo

Perú

El Tribunal Constitucional de Perú rechazó, una semana después de la audiencia, el pedido de trasladar a tres presos, condenados por acciones como dirigentes de organizaciones armadas, a un penal ordinario. Ahora se encuentran en calabozos, aislados, en una base naval. Esos que a principios del siglo pasado el escritor César Vallejo calificó como «el infierno». El defensor del pueblo tampoco consideró que puedan mezclarse con otros detenidos. 

Eduardo González Viaña * – Adital (Brasil)

[El día 2 del abril se llevó a cabo la sesión del Tribunal Constitucional para resolver un recurso presentado por el Instituto Nacional penitenciario (INPE) que se niega acatar u obedecer lo resuelto por los jueces de la Corte Superior de Lima que ordena el traslado de Víctor Polay, Peter Cárdenas, Miguel Rincón a una cárcel para civiles y que salgan de inmediato de la cárcel militar. Victor Polay se encuentra detenido desde hace 20 años en la cárcel militar de la Base Naval del Callao, en Lima.]

Luego de ser conducido a la cárcel de Trujillo, César Vallejo fue llevado a un calabozo que llamaban el «infierno». Este innecesario trato le era inferido para humillarlo y ponerlo cerca de un preso que intentaría matarlo.

Muy decaído, pero sin perder la dignidad, salió de allí el poeta tres días después. El alcalde le pedía que presentara sus generales de ley.

-Usted me debió ser presentado apenas llegó a la cárcel. ¿Dónde dice que lo han tenido?

-En el infierno.

-¿En el infierno? Ya averiguaré quién recibió dinero para ponerlo allí. Pero, señor Vallejo, usted está equivocado. Eso que usted llama el «infierno» es, en realidad, un calabozo, o algo mejor que eso. Lo llamamos sala de meditación.

Ocurrió en 1920, y ha seguido ocurriendo en el Perú. El calabozo es una forma de aislamiento penitenciario que se aplica por algunas horas o días a los reos que han estado observando mala conducta. Si ese régimen se prolonga, entra dentro del concepto de «tortura» tal y como lo entiende la Convención de las Naciones Unidas.

«De forma increíble, el defensor del pueblo ha dicho que es sumamente peligroso poner a esos presos en un penal común. No. El defensor del pueblo no los teme. Lo que ocurre es que quiere sumarse a quienes reclaman venganza. Quiere evitar que lo confundan porque, al fin y al cabo, una sociedad que tortura obliga a tener personas que aceptan, que se acobardan o que fingen no saber lo que está ocurriendo»

En nuestro país, no solamente existe el calabozo sino que hay seres humanos encerrados en él durante más de 20 años. A todo esto se añade que se encuentran en la base militar de una isla que no fue diseñada como centro penitenciario, y que sus familiares sufren duras restricciones para poder visitarlos. La madre de Víctor Polay murió hace unos meses luego de haber sido el rostro que él podía ver unas cuantas veces en el año.

Todo esto es inhumano y degradante. Así lo han entendido los jueces Óscar Sumar Calmet y Julio Biaggi Gómez, quienes ordenaron el traslado a un penal del INPE para Víctor Polay Campos, Miguel Rincón Rincón y Peter Cárdenas Schulte y Óscar Ramírez Durand.

Satanizados por toda la prensa e incluso amenazados, los jueces han ratificado su sentencia y han defendido la capacidad que tiene todo tribunal -y no los periódicos ni los otros poderes del estado- de interpretar la ley con justicia.

De forma increíble, el defensor del pueblo ha dicho que es sumamente peligroso poner a esos presos en un penal común. Por supuesto que eso no es cierto. Personas que llegan a la tercera edad luego de haber sufrido tan feroz aislamiento están muy lejanas de parecerse a un Rambo.

Como lo han señalado los especialistas, en condiciones de aislamiento prolongado se produce primero la desocialización o la pérdida de capacidad para relacionarse con la gente. Los prisioneros pueden perder incluso las capacidades de verbalizar oralmente o de distinguir los colores. La falta de contacto humano puede suponer la pérdida de la capacidad táctil o el sentir cualquier proximidad como una amenaza. En definitiva, los efectos del aislamiento suponen una paulatina destrucción de la persona humana y son una agresión permanente contra aquella y un escarnio contra la misma condición humana.

No. El defensor del pueblo no los teme. Lo que ocurre es que quiere sumarse a quienes reclaman venganza. Quiere evitar que lo confundan porque, al fin y al cabo, una sociedad que tortura obliga a tener personas que aceptan, que se acobardan o que fingen no saber lo que está ocurriendo. Lo curioso es que no es ésta la misma regla con que se mide al Sr. Fujimori, autor de crímenes contra la humanidad. ¿Es él otra clase de terrorista con quien veladamente debemos estar de acuerdo?

Sé que es impopular e incluso peligroso pensar en el Perú de esta manera, y sobre todo expresarlo. Debería sentir miedo. Más miedo me da, como cristiano, el ser preguntado mañana por el más alto de los jueces si en los días de mi vida fui compasivo, y por lo tanto bueno, y si me sobrepuse las amenazas y aprendí a ser valiente, hombre libre y de buenas costumbres.

 

* Es un escritor, catedrático en Western Oregon University y periodista peruano, autor de novelas, cuentos y artículos periodísticos. Es también un activista que vive en los Estados Unidos donde defiende el derecho de los inmigrantes hispanos.

 

Leer artículo aquí