El ataque judicial-politico contra Lula

Brasil
Especial

La condena en algún momento iba a llegar porque la derecha no iba a permitir que Lula Da Silva volviera a ser presidente, por eso el ataque judicial del juez Sergio Moro se da apenas 15 meses antes de las elecciones nacionales. Con o sin Temer, el ataque contra la protección laboral y la sentencia contra Lula son parte del mismo golpe: impedir que el PT renazca. Es un fallo sin pruebas, un escarnio y una flagrante injusticia que avergüenza a Brasil y hiere profundamente la democracia. La cuestión no es la corrupción, sino la necesidad de echar abajo un proyecto de largo aliento que soñaba con modificar la relación geopolítica de fuerzas.

Martín Granovsky- Página/12 (Argentina) 

El juez Sergio Moro no solo condenó a Lula. Dejó al político más popular de la historia brasileña cerca de la inhabilitación política cuando faltan solo 15 meses para las elecciones presidenciales. Ahora todas las miradas se posan en los camaristas. Si mantienen la condena, Lula no podrá ser candidato en octubre de 2018 y Brasil podría seguir en manos de un gobierno que represente la constelación de poder formada por los bancos transnacionales, los grandes grupos nacionales de la industria y las finanzas, los oligopolios mediáticos, una parte decisiva del Poder Judicial y las aristocracias políticas estaduales con representación parlamentaria.

Con su sentencia contra Luiz Inácio Lula da Silva, Moro contestó el dilema que se planteaban los dirigentes del Partido de los Trabajadores en los últimos meses. Unos decían: “Si Lula sigue creciendo en popularidad será cada vez más difícil que un juez lo condene, más aun cuando no hay pruebas suficientes contra él”. Otros reponían: “Incluso sin otras pruebas que simples palabras Moro lo condenará justamente porque Lula viene creciendo en las encuestas. Si el juez no falla contra él, ¿qué sentido habrá tenido el golpe contra Dilma Rousseff dado por el establishment brasileño?”. El segundo planteo demostró ser el más aproximado a la realidad.

Tras un año de oscuridad frente a los sectores populares la figura de Lula recuperó buena parte de su imagen positiva. La última encuesta fue difundida el 26 de junio por Datafolha, que pertenece a un grupo empresario antipetista con cabeza en el diario Folha de Sao Paulo. Si las elecciones fuesen ahora Lula ganaría la primera vuelta con el 30 por ciento frente al 16 por ciento del ultraderechista Jair Bolsonaro y el 15 por ciento de Marina Silva, la carta de Jaime Durán Barba para Brasil. Si Lula no fuera candidato, Marina vencería a Bolsonaro.

Según el mismo sondeo, Lula le ganaría en segunda vuelta a Geraldo Alckmin, del conservador Partido de la Socialdemocracia Brasileña, a Joao Doria del mismo partido (el millonario que hoy está al frente de la intendencia de San Pablo), y a Bolsonaro. En cambio empataría con Marina Silva en un 40 por ciento.

El sistema de ballottage en Brasil es el clásico. Hay segunda vuelta salvo que en el primer turno el candidato obtenga el 50 por ciento de los sufragios más un voto. Lula dos veces y Dilma otras dos ganaron en las dos vueltas en 2002, 2006, 2010 y 2014.

Obviamente esta medición no tomó en cuenta la condena de Lula a manos de Moro. Si Lula no ve menguadas las intenciones de voto, la expectativa del PT sobre los camaristas de Porto Alegre tiene en cuenta tres escenarios y se esperanzan con un antecedente. El peor escenario es que confirmen la sentencia de Moro antes de octubre de 2018 e invaliden de ese modo los derechos políticos de Lula. El segundo escenario es que no se pronuncien y dejen a Lula bajo sospecha pero con derechos políticos. El mejor escenario es que den vuelta el fallo de primera instancia. La esperanza del PT tiene un antecedente con nombre y apellido: Joao Vaccari. Se trata del tesorero del partido que fue absuelto por este mismo tribunal federal con sede en Porto Alegre que debe resolver la suerte cívica de Lula. El defensor Luis Flavio Borges en la causa abierta contra Vaccari  –fue acusado por supuesta participación en el esquema de coimas de Petrobrás– felicitó a los camaristas porque “la acusación y la sentencia se habían basado solo en la palabra de un delator”. Moro había condenado a Vaccari a 15 años de prisión.

La condena de Moro contra Lula se produce justo al día siguiente de que el Senado dio la media sanción que faltaba a una ley de reforma laboral que liquida el poder de negociación de los sindicatos, destruye los convenios colectivos, inventa una figura de empleo intermitente y, a contramano del mundo, sube la cantidad de horas de trabajo. El presidente de facto Michel Temer impulsó la ley regresiva a pesar de que tiene solo el 7 por ciento de popularidad y está acusado por coimas. Nadie apostaría ni una caipirinha por su continuidad en el cargo. Si cayera, de todos modos, sería reemplazado por un político designado por los dos tercios del Congreso hasta completar el período, que se cumple el 31 de diciembre de 2018.

Con o sin Temer, el ataque contra la protección laboral y la sentencia contra Lula son parte del mismo golpe: impedir que el PT renazca, ya que hoy solo cuenta con el ex presidente como candidato viable, y consolidar en el tiempo lo que el ex asesor de Lula y Dilma llama “la Contrarreforma”. O sea la vuelta de Brasil a los tiempos de la esclavocracia.

Dilma Rousseff- Resumen Latinoamericano 

La condena de Luiz Ignácio Lula da Silva, sin pruebas, a nueve años y seis meses de prisión, es un escarnio. Una flagrante injusticia y un absurdo jurídico que avergüenza a Brasil. Lula es inocente y esa condena hiere profundamente la democracia.

Sin pruebas, cumplen un camino pautado por sectores de las grandes empresas. Hace años, Lula, el presidente de la República más popular en la historia del país y uno de los más importantes estadistas del mundo en el siglo 21, viene sufriendo una persecución sin cuartel.

Hoy, con indignación asistimos a la aprobación por el Senado del fin del Contrato de Trabajo. Una monumental pérdida para los trabajadores brasileños

Ahora, asistimos a esa ignominia que está siendo ejercida contra el expresidente Lula con el objetivo de coartar sus derechos políticos.

El país no puede aceptar más este paso en dirección de un estado de excepción. Las garras de los golpistas intentan rasgar la historia de un héroe del pueblo brasileño. No lo conseguirán.

Lula es inocente. El pueblo brasileño sabrá democráticamente demostrarlo en 2018.

Resistiremos.

Moisés Pérez Mok- Prensa Latina (Cuba) 

Para los abogados de la defensa de Luiz Inácio Lula da Silva, el hoy condenado ex presidente brasileño se convirtió desde mucho tiempo atrás en víctima de lo que estudios internacionales definen como ”lawfare”.

Trátase del uso de las leyes y los procedimientos jurídicos como arma de guerra para destruir al adversario político: en este caso, el líder popular más influyente en toda la historia de Brasil y quien, pese a los continuos y renovados ataques, encabeza todas las encuestas de intención de voto para las elecciones presidenciales de 2018.

Hace mucho Lula fue definido como el enemigo número uno a ser borrado del escenario político nacional, dijo la defensa del fundador del Partido de los Trabajadores (PT) en una de las muchas notas difundidas a propósito de los abusos cometidos contra éste por la operación anticorrupción Lava Jato.

Lo que se evidencia -subrayaron- es un proceso sensacionalista y escandaloso, que aniquila la garantía de presunción de inocencia y constituye una nítida violación al contradictorio y la amplia defensa, mostrando además un evidente abuso de poder por parte del juez federal Sergio Moro y de los fiscales de Lava Jato.

Moro -su más tenaz persecutor-
sentenció hoy a nueve años y seis meses de prisión al ex dignatario por la presunta comisión de los delitos de corrupción pasiva y lavado de dinero.

Según la acusación del Ministerio Público Federal (MPF), el ex mandatario recibió 3,7 millones de reales (más de un millón de dólares) en ‘propinas’ mediante la reforma de un apartamento cuya propiedad le es atribuida sin que existan pruebas que lo confirmen, y con el pago del almacenamiento de sus bienes.

Coincidentemente, y quizás para desviar un poco la atención, la condena fue proferida el mismo día en que la Comisión de Justicia y Ciudadanía de la Cámara de Diputados comenzó a analizar la admisibilidad de una denuncia por corrupción pasiva hecha por la Procuraduría General de la República (PGR) contra el presidente Michel Temer.

Mas, lo cierto es que como previó meses atrás el sociólogo y cientista político brasileño Emir Sader, aun sin prueba ninguna de enriquecimiento personal o de valerse de su cargo de Presidente para obtener ventajas indebidas, Lula tenía que ser acusado, procesado, considerado culpable y condenado.

Raúl Zibechi- La Jornada (México) 

Bajo los dos gobiernos de Lula (2003-2010), Brasil sentó las bases de la integración regional mediante la creación de la Unasur y la Celac, sin la presencia de Estados Unidos, y fue un miembro destacado de los BRICS. Realizó enormes obras de infraestructura, algunas en la misma dirección que los gobiernos militares, como la represa de Belo Monte, y potenció como ningún otro gobierno democrático la renovación de las fuerzas armadas.

Las tres biografías tienen un punto en común: desde ámbitos bien distintos, pugnaron por un proyecto propio de gran potencia para Brasil, lo que inevitablemente molestó a Estados Unidos. Subestimaron al imperio, probablemente por confiar en la democracia.

Los grandes empresarios suelen ser corruptos, de lo contrario no llegarían a acumular tanta riqueza. Los militares son el peor aparato del Estado y sobre eso cabe poca discusión, salvo para quienes sueñan con milicos democráticos o socialistas.

No creo que ningún presidente en ninguna parte del mundo sea inocente, por algo llegan a ese lugar. Se puede ser corrupto robando o sólo haciendo promesas que, saben, nunca cumplirán.

En el caso de Brasil, la cuestión no es la corrupción, sino la necesidad de echar abajo un proyecto de largo aliento que soñaba con modificar la relación geopolítica de fuerzas sin arriesgarse a combatir.

Leer el artículo de Página/12 aquí 

Leer el artículo de Dilma Rousseff aquí 

Leer el artículo completo de Prensa Latina aquí 

Leer el artículo completo de La Jornada aquí