El artista que hace visibles a los migrantes latinos

Ramiro Gómez es una artista que usa como lienzo avisos publicitarios de objetos valuados en miles de dólares para pintar latinos y devolverles visibilidad. Cnoce íntimamente a sus personajes, porque él mismo es uno de ellos. Su labor como niñero, con la que se gana la vida, le permite conocer de cerca la realidad de los trabajadores latinos indocumentados o con papeles. Hijo de mexicanos trabajadores, padre camionero y madre limpia escuelas, ha logrado un espacio y sus pinturas son exhibidas en ‘Escenas Domésticas’, su primera muestra personal.

El artista que hace visibles a los migrantes latinos

Silvina Sterin Pensel – El Diario (EE.UU.)

Cuando va en su carro pone la vista en situaciones que, para la mayoría, pasan desapercibidas. Ramiro Gómez no se fija en la opulencia de las mansiones de Beverly Hills ni en la perfección de sus jardines de ensueño, ni en sus cristalinas piscinas. Su ojo está en quienes mantienen aquellos caserones, trapo en mano, limpiando eternos ventanales o podando, durante horas, un césped ya inmaculado, para dejarlo aún más inmaculado. “Cuando me detengo en un semáforo les saco una foto. No me interesa su cara, si no su persona, lo que ese individuo representa”, explica este joven artista de 27 años quien, valiéndose de revistas de lujo, un pincel y pinturas de acrílico, se las ingenia para dar visibilidad al trabajo y esfuerzo de los latinos.

Usando como lienzo avisos publicitarios de objetos valuados en miles de dólares Ramiro pinta a los hispanos y los devuelve al lugar de donde fueron eliminados a drede. Así, en su obra, un mullido y costosísimo sofá que en la revista aparece solo, se vuelve el lugar donde “Carmen”, una empleada doméstica, se recuesta a tomar un breve descanso antes de seguir lustrando pisos y en aquél living majestuoso, cargado de espejos de marcos dorados y caras alfombras, aparece “Celia” con su chaqueta al brazo, esperando su cheque al final de un día agotador. En otra, “Porfirio” es pintado operando un leaf blower mientras hace volar pilas de hojas de la gramilla.

Ramiro no sólo observa y fotografía a sus personajes desde lejos, si no que los conoce íntimamente porque es uno de ellos: Como niñero o “male nanny”, -él describe así la tarea que lleva a cabo-, su acceso a la realidad de trabajadores hispanos –tanto indocumentados como con papeles- es inmejorable. “Cuidando niños de familias de alto poder adquisitivo me enfrento todos los días con situaciones injustas”, sostiene. “Una de las que más rabia me provoca”, agrega, “es cuando a la casa llegan visitas y nadie saluda a la señora que está limpiando. Nadie la presenta, nadie la registra. Es tratada como si no estuviera y esa indiferencia resulta en que esa latina se sienta un cortinado, un objeto”.

Con su obra, en la que usa una alta dosis de ironía, Ramiro los vuelve visibles aunque para muchos sea incómodo. Su doble rol de niñero y artista es un secreto a voces y cada vez son más quienes se le acercan a contarle alguna cosa. “En el playground charlo con otras nannies y me confían si tienen pagos atrasados o si lo que cobran por hora es poco o me piden que exponga algún episodio que vivieron”. Ramiro sabe que su arte lo coloca en una posición privilegiada para ello. “Tocar todos estos temas es muy delicado porque el único sustento de toda esta gente es su trabajo y pueden perderlo en un segundo. Yo hablo de cuestiones polémicas sin mencionarlos directamente, sin dar nombres y sin ponerlos en riesgo”.

Además de sus pinturas que están siendo exhibidas en “Escenas Domésticas” su primera muestra individual, este muchachito hijo de mexicanos trabajadores –su papá es camionero y su mamá limpia escuelas- logra que su mensaje llegue a todos y con cartón crea “latinos” gigantes que luego deja estratégicamente ubicados en puertas de casas de West Hollywood o en una esquina esperando el bus. “No duran mucho porque alguna gente los saca”, señala, “pero definitivamente es otra forma de generar debate sobre cómo se nos trata”, dice incluyéndose en esa fuerza laboral a menudo menospreciada.

Ramiro tiene la mira puesta en Nueva York y no duda que en un futuro vendrá aquí a explorar el mundo de las nannies y el personal doméstico. “Quisiera comparar ambas costas. Aquí, por el clima más benigno, todo sucede afuera. Pasas y ves al jardinero o a la mujer limpiando; allá me tocará internarme en esos edificios grandotes de la 5ta o de Park Avenue y pintar para sacar eso a la luz”.

 

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